El conflicto de clase, eclipsado eclipsados por el hecho que la crisis se cristalizase en torno al conflicto nacionalEl conflicto catalán, de la confrontación a la distensión El bloque cada vez menos compacto del independentismo debe decidir si continuar aislado en su fantasía política o tender puentes para lograr avanzar en sus posiciones.

Eduard Navarro. Secretario General del PSUC Viu 08/02/2019

Desde hace varios años vivimos inmersos en un contexto político y social caracterizado por la crisis territorial más importante desde la transición política, concretándose en Cataluña en el denominado “procés”.

Además, estos años también han estado marcados, en el plano social y económico, por la continuidad de la crisis en el conjunto de clase trabajadora y de las capas populares. Sólo algunos datos para ilustrarlo: según la EPA, el primer trimestre del 2013 marcó el máximo paro registrado en Catalunya en la actual etapa constitucional, con un 24,45%. Actualmente, se calcula que más de un 7% de la población catalana se encuentra afectada por la llamada pobreza energética, es decir, sin recursos para poder mantener los suministros básicos de agua, luz, o gas. En datos de 2018, según el IDESCAT, el 20% de la población catalana vive bajo el umbral de la pobreza, un porcentaje que llega hasta el 28,5% en los menores de 16 años.

Estos datos, que nos podrían indicar que el conflicto de clase se debería haber agravado, quedaron eclipsados por el hecho que la crisis se cristalizase en torno al conflicto nacional. Hecho que también ha tenido su efecto al otro lado del Ebro, contribuyendo de forma decisiva a la hegemonía política e ideológica en España de las fuerzas políticas reaccionarias: PP, Ciudadanos, y en último lugar, desde las elecciones andaluzas, el fascista VOX.

De las conclusiones que podemos extraer de las elecciones andaluzas, vemos cómo en la medida en que esta situación se mantenga, y la polarización en el eje nacional se agrave, la lucha de clases continuará decantándose a favor de los intereses de la clase dominante. Su concreción política, sea neoliberal, o como hemos visto, de carácter fascista, irá en contra de los intereses de la clase trabajadora y de la mayoría social del conjunto de España.

Volviendo al ámbito catalán, observamos cómo el gobierno de la Generalitat basa su política en las gesticulaciones simbólicas y el folclore nacionalista, acciones que en ningún caso ayudarán a salir del conflicto, sino que también nos alejan de una posible solución. La polarización en el eje nacional continuará contribuyendo al aumento de la reacción política, cultural e ideológica en toda España. Y a la vez que se agrava la fractura social en Cataluña, también se imposibilita una solución para los presos independentistas. Esta polarización amenaza con dinamitar las relaciones con aliados potenciales de la izquierda que pueden hacer posible una salida democrática y dialogada al actual bloqueo político e institucional.

En este sentido, la moción de censura que echó al gobierno del PP supuso la apertura a posibles salidas al conflicto catalán. Aunque siempre dependiendo de los equilibrios internos del PSOE entre centralistas y federalistas, hoy se vislumbra una posible fase de distensión en la que habría que circunscribir la necesaria aprobación de los Presupuestos Generales del Estado. Aún y con su relativa timidez, estos presupuestos podrán suponer una mejora de las condiciones de vida de la clase trabajadora y de las capas populares y, a la vez, desde un punto de vista político, en la medida en que pone la cuestión social en el centro del escenario político, pueden contribuir a frenar la hoja de ruta de la derecha reaccionaria en España, así como abrir la posibilidad de una solución dialogada en Cataluña. El bloque cada vez menos compacto del independentismo debe decidir si continuar aislado en su fantasía política o tender puentes para lograr avanzar en sus posiciones, y estos Presupuestos les brindan una oportunidad.

No obstante, no debemos caer en la trampa ilusoria sobre un cambio social únicamente desde las instituciones. Debemos articular un proyecto de país que vaya mucho más allá de un acuerdo coyuntural de presupuestos. Los y las comunistas, que nos reclamamos de la tradición republicana en su sentido democrático más profundo, debemos defender sin vacilaciones la apertura de un proceso constituyente hacia la República Federal y solidaria, donde el derecho a la autodeterminación sea uno de los componentes de la solución al conflicto territorial. Este sentir popular que todavía puede parecer incipiente y que es tan heterogéneo, tiene que ir adquiriendo conciencia y consistencia, debe conseguir plantear un proyecto político de país que supere el independentismo de base cultural-nacional, hoy hegemonizado por el PDeCAT y ERC. En ese proyecto, el catalanismo popular debe ser una pieza fundamental para el aumento de la hegemonía de clase en la sociedad catalana, precisamente en la medida en que los y las comunistas seamos capaces de construir con la clase trabajadora y las capas populares este proyecto de país.

Será en este proceso hacia una solución republicana y federal donde se unan las diferentes luchas populares y podamos finalmente resolver la encrucijada catalana.

Publicado en el Nº 323 de la edición impresa de Mundo Obrero febrero 2019

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