Esperando a los bárbaros

Imaginario Un programa no son una serie de medidas dispersas, es, junto a una estrategia de organización, el instrumento clave a la hora de concebir otra sociedad, otro país.

Felipe Alcaraz Masats 11/02/2019

La izquierda parece que debe detenerse a pensar. Y al principio mismo de este enunciado surge el primer problema: “detenerse”. Los dirigentes parecen sometidos a la ley del movimiento continuo, impelidos por la rabiosa actualidad de dar respuesta a todo lo que se mueve o puede moverse en los próximos minutos. Y aquí el segundo problema: “respuesta”. Es decir, se trata de responder a lo que ocurre, de situarse ante una especie de calendario fatídico que es preciso acompañar como lo hace, con respecto al juego, el comentarista de un partido de fútbol. Un partido que aceptamos que se juegue en un terreno determinado que siempre resulta que no es el nuestro, el que más nos podría beneficiar. Por tanto, se trata de un terreno y un juego, con sus reglas, que aceptamos de antemano y con respecto al cual no tenemos nada que hacer, salvo declaraciones, creando así una especie de situación “declaracional” donde no tiene cabida lo que haríamos en otro terreno con otras reglas y cuyos jugadores estarían más a este lado de la raya que dentro del perímetro de los jugadores estrella.

Un programa no son una serie de medidas dispersas. Un programa es, junto a una estrategia de organización, el instrumento clave a la hora de concebir otra sociedad, otro país. A la hora de imaginar una situación nueva. A la hora, quiero decir, de crear un imaginario de lo que sería la vida tras un triunfo de la izquierda. Se trata de crear ese imaginario como tarea clave a la hora de explicar las cosas; es decir, a la hora de explicar el programa y la estrategia de organización. Otra cosa es un proyecto comercial que, más que otra cosa, intenta seducir (conmoviendo) a las clientes eventuales; pero esto no es exactamente lo que necesita la izquierda.

Y se trata, además, de analizar las cosas teniendo en cuenta la complejidad presente, como forma de darle al programa el sentido adecuado que en cada momento histórico (no hablamos de la rabiosa actualidad) responda a la determinación esencial (sobredeterminación: mezclando economía, política e ideología). En estos casos suele ser muy útil más que el libro de estilo de la propaganda de mercado, el llamado marxismo, en su versión completa.

Ante una encrucijada del camino uno de los personajes de Alicia en el país de las maravillas le pregunta a otro: ¿Por qué camino hay que tirar? Y el uno le contesta: Depende de adónde quieras llegar.

Sí, ya sé, esta es la opinión de un viejo imposmodernizable.

Publicado en el Nº 323 de la edición impresa de Mundo Obrero febrero 2019

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