Clave de sol

La ideología del diablo Se han ido eliminando las decisiones de los políticos electos para que fueran tomadas por “presuntos expertos” mágicamente objetivos y no partidistas.

Sol Sánchez Maroto 15/02/2019

Al final de la película Sospechosos habituales, en el que probablemente es uno de los mejores finales de la historia del cine, el protagonista tras haber enredado al policía que trata de descubrir la verdad en una historia inventada brillante y precisamente para ocultarla, y con ello encubrir que él es la persona a la que buscan y que han tenido delante sin ser visto a lo largo de todo el metraje, ese personaje encarnado por Kevin Spacey cita a Baudelaire mientras sale impunemente de la comisaría; "El mayor truco del diablo fue convencer al mundo de que no existía. Y así, él se ha ido".

Hace mucho tiempo que venimos asistiendo a una aceptación de que los expertos deben ocuparse de áreas cada vez más grandes de lo que antes caía en el terreno de la política. Se han ido eliminando las decisiones sobre economía de los políticos electos para que fueran tomadas por “presuntos expertos” que por tal condición parece ser que ya eran mágicamente objetivos y no partidistas y después de aquello seguir extendiendo el modelo a la sanidad, la educación, y así con cada una de las instituciones y servicios públicos que determinan qué tipo de vida llevarán las mayorías sociales.

La razón experta, sea eso lo que fuere, ha ido posicionándose así por encima de la defensa de los intereses que unos y otros tienen y a su evidente incompatibilidad, como si éstos no existieran, e implícitamente la idea de lucha de clases ha ido convirtiéndose en algo cada vez más borroso hasta llegar a ser un eco imperceptible, algo antiguo, del pasado remoto y que está superado. Y así, los desahucios, los trabajos precarios, los sueldos de miseria… son problemas de competitividad, de falta de formación, de mala gestión y un largo etcétera de explicaciones huecas que ocultan la realidad que campa a sus anchas ante nuestros ojos. Y si hablas de capitalismo, explotación o lucha de clases, te tachan de desfasado o aún peor: ideológico.

La ideología es un marco de pensamiento a través del cual interpretamos el mundo. Nadie carece de ideología. Las neurociencias han venido a demostrarlo puesto que si cada día nuestro cerebro tuviese que analizar todo lo que nos rodea de forma racional, estímulo por estímulo y dato por dato, simplemente colapsaría. Fue nada menos que Napoleón el primero que utilizó en tono despectivo el concepto de ideología; “les idéologues”. Con este término se dedicó a ridiculizar a los políticos y filósofos morales de la época que se oponían a su proyecto de transformación de la República en el Imperio francés.

Y ahora son pequeños napoleones con ínfulas de tiranos -y bastante menos talento que el original- los que tratan de convencer a las mayorías sociales de que lo correcto es despolitizar la política y lo demás es pura ideología. De ahí que la protección a las minorías, a los más débiles, o las leyes contra la violencia de género intenten ser desacreditadas apelando a lo “ideológico”.

El error, el gran error es precisamente en esta situación tratar de esconder la ideología propia. Es lo único que nos puede servir como foco para iluminar al diablo y así sacar al mundo entero del engaño.

Publicado en el Nº 323 de la edición impresa de Mundo Obrero febrero 2019

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