Caminando hacia la huelga feministaPor un 8M combativo y de clase En esta huelga no pueden faltar las demandas históricas del feminismo: derechos laborales, reproductivos y libertad y diversidad sexual.

Agustina Guglielmetti 15/02/2019

El pasado mes de octubre, la comisión estatal 8M decidió en su cuarta asamblea celebrada en Gijón, convocar de nuevo una huelga feminista de 24 horas para el próximo 8 de marzo de este 2019. Desde entonces, el objetivo es lograr que esta huelga sea más multitudinaria, dé mayor contenido reivindicativo a los cuatro ejes (Laboral, consumo, cuidados y estudiantil) y, sobre todo, implique cambios reales en nuestro país.

Vivimos tiempos complicados por muchos factores, uno de ellos es que estamos en un año electoral que puede condicionar la movilización social. Por eso es necesario que el movimiento feminista se mantenga fuerte, tenga los objetivos claros y nutra de contenido los ejes de la huelga. Para ello, hay una nueva cita el 26 y 27 de enero para celebrar el quinto encuentro estatal en Valencia, que supondrá el pistoletazo de salida para la recta final hacia el 8M.

Pero como bien sabemos las feministas, una huelga de estas características no se construye sola, requiere de mucho trabajo militante, en cada barrio y en cada ciudad o pueblo y, sin duda, requiere de la implicación de los sindicatos de clase, de los que somos parte, para lograr que el paro sea efectivo en los centros de trabajo, focalizando la acción sindical en aquellos sectores más feminizados y más castigados por la precariedad y la desigualdad salarial que afecta a las mujeres trabajadoras.

Necesitamos una huelga de 24 horas en aquellos ámbitos laborales que mayoritariamente son cubiertos por mujeres, como son la educación, la limpieza, los cuidados, el comercio, los servicios sociales o la sanidad.

La huelga de 2018 debe ser un espejo donde mirarnos, pero no para quedarnos estancadas, sino para ver dónde se falló o qué faltó por hacer, y también para reforzar el horizonte anticapitalista y anti imperialista que fue el hilo rojo conductor del pasado 8 de marzo. En esa unión inquebrantable entre el feminismo y la lucha de clases, es en la que debemos de poner todos nuestros esfuerzos. Siempre yendo más allá para avanzar y procurando no dejar ninguna de nuestras reivindicaciones atrás, siendo respetuosas con el movimiento y sus tiempos. Nos sobran razones para estar alerta sobre un posible intento de vaciar de contenido transformador y revolucionario al movimiento feminista, por eso la lucha por las condiciones materiales de vida concretas, con objetivos reales y necesarios que mejoren la vida de las mujeres trabajadoras y de la mayoría social, deben ser una prioridad en esta y en otras huelgas venideras. Nada ha cambiado aún en lo material, por tanto debemos seguir avanzando y denunciando a este sistema machista y patriarcal.

Por otro lado, se trata de una huelga feminista con una serie de particularidades que hay que potenciar, siendo la más importante la que tiene que ver con el eje de cuidados. Los cuidados recaen mayoritariamente sobre las mujeres; el cuidado de niños, ancianos y personas enfermas o con diversidad funcional, así como otros trabajos domésticos, tienen un rostro nítidamente femenino. Pero es que además, en nuestro país, casi tres millones de mujeres realizan trabajos de cuidados no remunerados, lo que supone beneficios para un régimen capitalista en España que se aprovecha de este “trabajo gratuito” ahorrándose dicha mano de obra. Es en esto donde radica otra de las reivindicaciones centrales de esta huelga, luchar para terminar con esta situación que genera desigualdad, precariedad y frustración de expectativas y oportunidades para las mujeres. Por tanto, no solamente hagamos huelga de cuidados, sino que busquemos también, en esta huelga, acciones y reivindicaciones concretas que evidencien el trabajo invisibilizado que realizamos las mujeres.

Y por supuesto, en esta huelga no pueden faltar ni una de las demandas históricas del feminismo: los derechos laborales, la lucha por los derechos reproductivos, la libertad y diversidad sexual; la lucha frente al racismo, el acoso y el abuso de poder sobre las mujeres y contra todas las violencias machistas.

Pero esta huelga feminista también debe incorporar otras reivindicaciones que desde el movimiento feminista venimos trabajando desde hace tiempo, nos referimos, sobre todo, a lo relacionado con un sistema judicial cuyo ADN está nucleado por una fuerte carga patriarcal. Son muchas las cosas que han de cambiar a nivel judicial y, sin duda, son reivindicaciones indispensables para este 8M tras lo sucedido en este último año en casos como el de “La Manada”. Necesitamos una Justicia con perspectiva de género, que dote de formación a sus profesionales, que cumpla los protocolos, que aplique las leyes, que tenga presupuesto para poder cubrir los servicios necesarios, que no re-victimice ni culpabilice a las mujeres, que no nos ponga en peligro y que no nos deje desamparadas. Una Justicia que ejemplifique y haga mejorar a la sociedad con sus sentencias, en vez de dejar lecciones a las mujeres tan peligrosas como que: “si nos resistimos, nos matan y si no nos resistimos, no nos creen”.

Ahora bien, este año hay que tener algo muy en cuenta, en 2018 hicimos algo único en España, fuimos capaces de recoger el testigo de las compañeras latinoamericanas tras su lucha en 2017, y que, a su vez ellas, habían recogido del impulso, en parte, de las valientes compañeras polacas inspiradas por lo que en 1975 hicieron las mujeres islandesas. Se trata de un acumulado histórico de luchas feministas que supimos leer, traer a nuestro terreno, organizar y llevar a la práctica cuando nadie se esperaba que lo fuéramos a lograr. Pero ahora, nosotras hemos lanzado nuestro testigo al mundo y tenemos que estar a la altura de todas las demandas que nos llegan, poniendo toda nuestra experiencia al servicio de la organización de huelgas feministas en países como Turquía, Italia, Portugal, Chile, Francia, México, Alemania… y tantos otros lugares. Cada país tiene sus particularidades, sus luchas concretas y sus necesidades específicas, pero hay elementos que son transversales a todas. Por otro lado, el carácter internacionalista de esta huelga, es un valor que debemos cuidar por el potencial transformador que supone.

¿Y cuáles son esos elementos que nos afectan a todas? Sin duda alguna, la lucha contra el capitalismo que nos explota como mano de obra precaria y fomenta la desigualdad económica; el patriarcado que nos oprime con su violencia sexual y un machismo que impregna a todas las culturas; y la necesidad de frenar el auge del fascismo, que levanta la bandera contra el feminismo, como estamos viendo con VOX en España, para fomentar así su odio hacia las mujeres y acabar con nuestros derechos y libertades.

Es fundamental conseguir el máximo apoyo social a esta convocatoria, debemos llegar a cada mujer, asociación, colectivo y realidad existente. Buscar aquello que nos une y confrontar con este sistema criminal todas juntas.

Solamente unidas, con objetivos claros y contenido concreto, lograremos convertir la segunda huelga del 8 de marzo de 2019 en un nuevo éxito que, esta vez, trascienda a nuestras fronteras, que suponga un duro golpe al sistema capitalista patriarcal que juega a darle alas al fascismo y que siente las bases de un movimiento feminista unitario, centrado en el combate frente a la alianza entre el capitalismo y el patriarcado y alejado de quiénes pretenden disolver su potencial revolucionario.

Publicado en el Nº 323 de la edición impresa de Mundo Obrero febrero 2019

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