Coordinador Federal del Área de Educación de IUEnrique Díez: "El neoliberalismo está ganando la guerra económica porque ha ganado la ideológica" “La educación crítica considera la enseñanza no una práctica técnica, sino una práctica moral y política”

Gema Delgado 15/02/2019

Neoliberalismo educativo. Educando al nuevo sujeto neoliberalEnrique Javier Díez Gutiérrezoctaedro

Enrique Díez, profesor de la facultad de Educación en la Universidad de León, ensayista y prolífico colaborador en los medios de comunicación, entre ellos Mundo Obrero, acaba de publicar su último libro con el título Neoliberalismo educativo: educando al nuevo sujeto neoliberal, en la editorial Octaedro. En él cuenta cómo el neoliberalismo hoy ya no necesita imponerse por la fuerza porque se está instalando en las conciencias. Para conseguirlo, el capital se ha empleado a fondo: ya no se conforma con privatizar y mercantilizar la educación convirtiéndola en un negocio, sino que la utiliza para construir un imaginario colectivo asentado en la ideología neoliberal, fuera del cual parece que ya nada puede ser pensado. Una ideología que uberiza la sociedad y se infiltra en cada rincón, educándonos para elegir “libremente” la explotación, aprendiendo a crecer como “esclavos-libres” en el sistema. Lo hace, como lo hizo con las reformas laborales, a escala internacional y con los mismos actores económicos al mando: el Banco Mundial, la OCDE, la banca y las grandes multinacionales. Individualizando las demandas y las esperanzas y quebrando la lucha y la solidaridad colectiva.

Pero frente a ese modelo de educación al servicio del capitalismo, Enrique Díez contrapone la educación para una ciudadanía crítica y comprometida con la mejora de la sociedad en la que vive; un modelo de educación poscapitalista, poscolonial y pospatriarcal... siempre desde la reivindicación de la educación pública, de calidad, gratuita e inclusiva. De momento, lamenta que la actual reforma educativa que el gobierno está a punto de presentar en el Congreso no sea la derogación de la LOMCE comprometida por el PSOE ni la que la comunidad educativa esperaba. Es otra oportunidad perdida. Una oportunidad para plasmar en ley el acuerdo de la comunidad educativa, que se ha impulsado desde Izquierda Unida también, en el “Documento de bases para una nueva Ley de Educación” (https://goo.gl/F5Dn9y) y que recoge los puntos esenciales que siempre se han defendido en el programa de Izquierda Unida y que fueron publicados en el libro de la editorial Akal, que coordinó con Alberto Garzón en el 2016, titulado “La educación que necesitamos”.

MUNDO OBRERO: En febrero, el gobierno del PSOE presentará en el Congreso el proyecto de ley con el que pretende derogar la LOMCE. ¿Cómo valoras la propuesta del gobierno?
ENRIQUE DÍEZ:
Con este proyecto de ley no se deroga la LOMCE, tal como el PSOE se comprometió y firmó por escrito con todos los partidos de la oposición, solo modifica aspectos parciales. De hecho, es una vuelta a la LOE, una ley que permitió concertar y privatizar aún más fuera de los tramos obligatorios, que incluso legalizó mecanismos mayores de segregación y que fue incluso utilizada por el Partido Popular en Madrid para implantar el modelo educativo de Esperanza Aguirre. Además, no supone la reversión de los recortes educativos que es una exigencia de toda la comunidad educativa y un aspecto clave para poder aplicar un modelo educativo diferente.

M.O.: Unidos Podemos lamenta que no se aproveche la oportunidad para defender a la Escuela pública como la red educativa principal frente a la concertada. ¿Cómo se va a responder desde nuestro grupo parlamentario?
E.D.:
Hemos presentado una proposición no de ley por una red pública única, que integre progresivamente los centros concertados, que así lo quieran voluntariamente, hasta que se suprima por completo la financiación pública a todo centro privado (ver: https://goo.gl/tvr3Ur). La situación de España en este sentido es una anomalía en toda la UE y es urgente revertirla, pues los conciertos son el mecanismo fundamental de segregación por clase social que se mantiene en el actual sistema educativo.

M.O.: Una de las críticas es que no hay un compromiso de financiación de esta ley, como pasó con la ley de violencia de género. ¿Hay tiempo para conseguir una memoria financiera que acompañe la ley y garantice la aplicación de ese proyecto de ley?
E.D.:
Podría haber tiempo, pero lo que no parece haber es voluntad política por parte del gobierno. Realmente una educación pública, laica, gratuita e inclusiva necesita disponer de recursos y profesorado suficiente para ello, si no es mera ficción, como ha pasado con anteriores leyes. Un país que cree en la educación como una apuesta de futuro no puede invertir menos del 7% del PIB en su educación pública. Y la inversión actual se mantiene por debajo del 4%, con el agravante de que buena parte se destina a financiar centros privados. El que quiera educación privada que se la pague. No podemos seguir financiando públicamente intereses privados.

M.O.: Tampoco se defiende el laicismo. Los profesores franceses, portugueses... no entienden que en los currículos escolares se sigan dando clases de religión y que ésta evalúe hasta en el bachillerato. ¿Por qué crees que en este país ni esta ley ni ningún gobierno se atreve a acabar con el peso de la religión católica en la educación?
E.D.:
Porque, como diría Cervantes, “con la iglesia hemos topado, amigo Sancho”. Todavía sufrimos la herencia del nacional catolicismo en nuestro sistema educativo y el PSOE de Felipe González, con mayoría absoluta, nunca quiso derogar los acuerdos franquistas con el Vaticano, que es la razón que siempre “alegan” para mantener la religión en las escuelas y en todas las Facultades de formación del profesorado. El actual PSOE anuncia que los derogará cuando está en la oposición, pero cuando gobierna no lo cumple. El problema añadido de la religión en la escuela es que impide garantizar la libertad de conciencia de los niños y niñas en las escuelas, y además imposibilita la convivencia entre quienes no tienen las mismas convicciones. El espacio adecuado para cultivar la fe en una sociedad en la que hay libertad religiosa son los lugares de culto: parroquias, mezquitas, sinagogas u otros, pero la jerarquía católica no está dispuesta a renunciar a sus privilegios. Esta es una tarea urgente y crucial si queremos avanzar en una educación democrática y libre de tutelas religiosas en una sociedad del siglo XXI.

M.O.: Después de una década de la imposición un modelo de Bilingüismo en las escuelas, ¿qué conclusiones se sacan de los resultados que está dejando en el alumnado?
E.D.:
Que ni se aprende inglés ni se aprende science. Así lo han demostrado reiteradamente las investigaciones. Además, con este modelo, el vocabulario y la comprensión de los conceptos específicos de las disciplinas, que se han sacrificado en aras del idioma, se están viendo empobrecidos. También está afectando al profesorado, en su formación y en sus condiciones laborales. Pero, lo más grave, es que se está configurando como un elemento de segregación social en las aulas en función de los factores socioeconómicos. En los centros bilingües se agrupa al alumnado según demuestren o no el dominio del idioma. En el grupo no bilingüe se concentran precisamente los que más dificultades tienen y arrastran, y menos recursos económicos y culturales tienen sus familias para apoyarles. Esto se contradice abiertamente con el diseño general de lo que debe ser una educación basada en la equidad y la inclusividad en la educación obligatoria. Sobre esto hicimos, desde Izquierda Unida, un informe que fue pionero (http://goo.gl/MDz3JZ) e incorporó este debate en la agenda social.

M.O.: En tu último libro, Neoliberalismo educativo hablas no sólo de cómo se ha privatizado y mercantilizado el negocio de la educación, sino algo mucho más sibilino, de cómo se está introduciendo en los contenidos educativos, en los valores, en la pedagogía, en la configuración mental y en la personalidad de l@s niñ@s y jóvenes. Lo que llamas “el gobierno-por-la-mente”. Cuéntanoslo.
E.D.:
El neoliberalismo está cambiando el mundo más rápida y radicalmente que ningún imperio pasado. Ha inundado todos los rincones del planeta imponiendo sus valores como condición natural del ser humano: competitividad, éxito, beneficios, consumismo, individualismo. En lugar de una sociedad mejor para todos, aprendemos a perseguir el mejorar nuestra propia situación como individuos en la sociedad tal y como es. No se trata de mejorarla sino de aprovechar “las oportunidades”. Están ganando la guerra económica porque han ganado la guerra ideológica. Han colonizado nuestros deseos y esperanzas. Parafraseando a Gramsci, cuando la clase dominada asume la ideología de la clase dominante, no se necesitan ejércitos de ocupación, porque ya han conquistado nuestras almas.

Pasado el tiempo de la conquista por la fuerza, llega la hora del control de los espíritus. El control es más profundo y duradero en la medida en que el dominado es inconsciente de serlo. El dominio no se funda solo en el poder militar y económico, también en la capacidad de persuasión.

El control y la vigilancia ya no se tienen que imponer. “Por nuestra propia voluntad, ponemos toda la información sobre nosotros en Internet”. El sistema neoliberal nos educa para “elegir libremente”, incluso desear, pertenecer a su engranaje. La nueva explotación es amada. En la distopía 1984 nadie se sintió libre. Pero hoy todos nos sentimos libres, ese es el problema.

La clase trabajadora nunca se hubiera "convertido" voluntariamente o espontáneamente al modelo neoliberal mediante la sola propaganda del modelo. Ha sido preciso instalar mecanismos de educación del “espíritu” que están creando un nuevo sujeto: el sujeto neoliberal. Mecanismos de “libre consentimiento” que exigen la participación activa de los propios involucrados en la “explotación de sí mismo”.

El paso inicial consistió en convertir el interés propio en la única forma de vivir y las relaciones de competencia y mercado en la forma natural de organizarse socialmente. La finalidad es realizarse uno mismo. La actual figura heroica de la nueva “clase trabajadora” es el emprendedor, porque aguanta sin dormir y a base de cafeína como si fuera dueño de la empresa, pero cobrando como un becario. El coaching y el pensamiento positivo le ayudan a adaptarse. Las crisis se convierten en oportunidades de demostrar autosuperación, como en los reality shows. El fracaso es responsabilidad personal, una patología. Por eso en vez de llenarse los sindicatos, son las consultas de los psiquiatras las que están a rebosar con depresiones, ansiedad y desvalorización ante el paro y la precariedad. Esta ideología de la automotivación, junto con el consumo de psicofármacos (cuyo consumo se ha triplicado), hace hoy la función de lo que ayer era el capataz que vigilaba el destajo en la fábrica. Son “los juegos del hambre” revestidos con lenguaje de coaching. Con una advertencia: en este nuevo mundo no hay lugar para los perdedores. La protesta y el conflicto social no tienen sentido dado que las exigencias autoimpuestas no tienen responsable ajeno.

Esta ideología del éxito, de la persona “que no le debe nada a nadie”, genera la desconfianza, incluso el odio, hacia los pobres “que son perezosos”, los viejos “que son improductivos y una carga” o los inmigrantes “que quitan el trabajo”. Pero tiene efecto boomerang, dado q cada cual siente la amenaza de volverse algún día también inútil. El problema es que es más fácil evadirse de una prisión física que salir de esta racionalidad elegida “libremente”.

M.O.: Después de describir un panorama bastante desolador en tu libro, concluyes con una puerta a la esperanza, “otra educación es posible”. Resúmenos los pilares en los que se sustenta esa educación.
E.D.:
El papel clave de la educación es ofrecer a las nuevas generaciones una forma de ver, comprender, estar y actuar que no esté colonizada por el pensamiento único del capitalismo. No se trata sólo de los asuntos del currículo y las prácticas cotidianas del aula de clase. Se trata del tipo de educación que queremos, la política educativa que se debe desarrollar, los contenidos esenciales que queremos transmitir a las futuras generaciones. Se trata de analizar al servicio de quién se diseñan, a quién favorece y qué tipo de sociedad ayudan a construir. Porque, en definitiva, cualquier práctica educativa cotidiana tiene que ver esencialmente con las cosmovisiones y las estructuras económicas y políticas actuales. Antes que ver la enseñanza como una práctica técnica, la educación crítica considera la educación una práctica moral y política bajo la premisa de que el aprendizaje no se centra únicamente en el procesamiento del conocimiento recibido, sino en la transformación de éste como parte de una lucha más amplia por los derechos sociales y la justicia. No podemos permitir que los contenidos de aprendizaje de nuestro alumnado estén ajenos al modelo económico y político imperante. Como si de ellos y ellas no dependiera. Esto sería una forma de imbuirles en la creencia de que no es posible otro mundo, que no es posible una verdadera democracia social, responsable y participativa.

Por eso el desafío fundamental para la educación del siglo XXI, dentro de la actual época de neoliberalismo, es facilitar a los estudiantes las condiciones y dotarles de las habilidades y el conocimiento imprescindible para reconocer las formas antidemocráticas de poder, inquirir sobre las razones profundas de las injusticias y pelear contra las sistemáticas desigualdades económicas, de clase, de etnia y de género, conectar el trabajo escolar con los asuntos de la vida real social y política de nuestra sociedad. La educación es política, porque la educación es inseparable de la vida, del modelo social y político que queremos construir y defender.

Publicado en el Nº 323 de la edición impresa de Mundo Obrero febrero 2019

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