Mundo multipolar

La trampa de Tucídides y la tecnología de quinta generación Tres décadas de crecimiento de China han reducido al 16% la cuota de los EEUU en el mercado económico mundial mientras que la de China pasó del 2% al 18% en 2016.

Willy Meyer 15/02/2019

“Fue el ascenso de Atenas y el temor que eso inculcó en Esparta lo que hizo que la guerra fuera inevitable”
Tucídides (La guerra del Peloponeso. Sigl.V a.C.)

Historiadores, analistas, diplomáticos y expertos en relaciones internacionales citan con frecuencia lo que el profesor de Harvard, Graham Allison, califica como la “trampa de Tucídides”, referida a la tensión estructural letal que se produce cuando una potencia nueva, reta a otra dominante, generando un desequilibrio de poder, entre las dos potencias rivales, que, inexorablemente se resuelve mediante una guerra.

En este caso, la confrontación de los Estados Unidos frente al imparable ascenso de China, como futura superpotencia mundial económica y comercial, apunta directamente a esa trampa.

A la guerra económica y comercial declarada a China por parte de la Administración Norteamericana, se suma ahora la batalla por la tecnología de quinta generación (5G) de conexión inalámbrica que, por su velocidad de red y su capacidad de conexión a miles de aparatos electrónicos, la convertirán en la protagonista de la próxima revolución industrial tecnológica. Según la patronal estadounidense de las telecomunicaciones (RACTYA), pasaremos de una tecnología como la actual 4G que puede conectar hasta 2.000 dispositivos por kilómetro cuadrado a la 5G, que podrá cubrir un millón de aparatos (electrodomésticos, cámaras, sensores de todo tipo, vehículos o hasta drones) en el mismo espacio.

Es decir, quien controle esa tecnología, ganará la carrera de la competitividad industrial, uno de los objetivos geopolíticos de máxima prioridad. La República Popular China, aprobó en 2015 la estrategia “Made in China 2025” por la que, en diez años, pretende reorientar su industria manufacturera hacia sectores de alta tecnología, dejando atrás su modelo de producción intensiva. En esa estrategia, el gigante chino de las telecomunicaciones, Huawei lidera la carrera mundial por la telefonía 5G y la Administración Norteamericana, a través de su Consejo de Seguridad Nacional, reconocía estar perdiendo la batalla del liderazgo del mercado del 5G.

En ese contexto, se produjo el 1 de diciembre la detención de Meng Wanzhou, vicepresidenta e hija del fundador de Huawei, a petición de las autoridades norteamericanas, en el aeropuerto canadiense de Vancouver. La excusa de la fiscalía norteamericana para proceder a la orden de extradición de Wanzhou, la encontraba en el acceso del mercado iraní de Huawei, burlando las sanciones impuestas por los EEUU a Irán. Una excusa que esconde la verdadera intención de los EEUU, su predisposición a evitar a toda costa una tecnología 5G bajo el liderazgo de China. La urgencia de los EEUU en evitar ese liderazgo la ha trasladado a sus aliados exigiendo que no se permita a Huawei operar en esos países. Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda o Japón secundaron la petición. Andrus Ansip, vicepresidente de la Comisión Europea para el Mercado único Digital, secundaba la recomendación norteamericana manifestando “tener miedo” frente a la tecnología de la empresa Huawei, pero Francia, Alemania o España siguen autorizando la comercialización de esa empresa. En el caso de España, es seguro que la visita en noviembre del Presidente chino Xi Jinping sirvió para favorecer la cooperación entre las empresas de telecomunicación de ambos países, teniendo en cuenta que la filial española de Huawei concluyó su ejercicio 2107 con un beneficio neto de 23,9 millones de euros.

Da la impresión que la Administración Trump camina hacia “la trampa de Tucídides,” noqueada por la realidad incontestable del avance imparable de la economía china en el contexto internacional: tres décadas de crecimiento de China han reducido al 16% la cuota de los EEUU en el mercado económico mundial mientras que la de China pasó de representar el 2% de la economía mundial en 1980 al 18% en 2016.

La Administración Trump ha intentado convencer a Occidente que la tecnología china 5G pone en peligro la ciberseguridad, conociendo que Huawei está comprometida con una inversión de 1.756 millones de euros en rediseñar por completo su sistema para garantizar esa seguridad.

Los que siempre han puesto en riesgo esa seguridad, han interceptado comunicaciones analógicas y digitales, han sido los servicios de inteligencia norteamericanos, como así acreditó el Parlamento Europeo en sendas comisiones de investigación sobre la Red Echelon o el espionaje telefónico a empresas, instituciones y a jefes de estado y de gobierno europeos.

Publicado en el Nº 323 de la edición impresa de Mundo Obrero febrero 2019

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