Trovadores Ibáñez fue capaz de “encontrar” el repertorio más oportuno y representativo para quienes querían subvertir el orden grisáceo del franquismo.

José María Alfaya 25/02/2019

Me piden dos mil palabras para hablar de Paco Ibáñez. Ya está escrito casi todo sobre su obra pero no nos cansemos de agradecerle que nos la hiciera llegar. Cuando José Agustín Goytisolo jugaba con la palabra “trovador”, relacionándola con los “halladores de palabras felices”, (supongo que porque fue un invento francés y “trouver” se traduce por “encontrar”), acertaba a definir lo que supuso aquel disco de los años 1969-70 “en el Olympia”. Realmente “trovador” es un término que puede utilizarse como adjetivo o sustantivo. Se encuentra asociado al verbo trovar, (crear e interpretar versos y diversas composiciones de tipo poético). Pero lo mejor fue que, aunque el oficio era antiguo, nos “encontramos” con un regalo novedoso e inesperado.

Lo importante de aquel disco era lo que cantaba y el momento histórico en el que cantaba. Ibáñez fue capaz de “encontrar” el repertorio más oportuno y representativo para quienes querían subvertir el orden grisáceo del franquismo (que nos aplicaban cansinamente en todos los aspectos de la vida) y escapar del aborregamiento. Ahí recurría a poetas clásicos y contemporáneos que nunca estudiamos con tanta delectación en el Bachillerato como los escuchamos cantados por su particularísima voz. Y por si no bastaba con el sarcasmo de Quevedo o Góngora, la poesía cargada de futuro (estábamos comprometidos) o galopes revolucionarios patrios o internacionalistas, allí estaba la referencia a Brassens y su orgullosa mala reputación.

Escribió José Agustín Goytisolo que “el éxito de los trovadores y juglares y su enorme influencia sobre las gentes, asustó muchas veces a los detentadores del poder: el concilio de Letrán prohibió a clérigos y monjas tener trato con los trovadores y juglares, a los que definió como gente disoluta y libertina”.

Aquí no ganaron las porras de “los grises”, pero no escapamos impunemente de las asechanzas de los agentes del Mercado. ¿Qué fue de los cantautores? Preguntad a Luis Pastor. Pero no dejemos de aplaudir a Ibáñez.

Publicado en el Nº 323 de la edición impresa de Mundo Obrero febrero 2019

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