Nuevos retos El feminismo, como todo movimiento político emancipatorio, necesita un sujeto al que emancipar. Las mujeres nos liberamos a través de la lucha colectiva del feminismo.

Patricia Castro 06/03/2019

Aún seguimos emocionadas por las manifestaciones multitudinarias del anterior 8 de marzo. Esos momentos se han quedado en el imaginario colectivo, han sido muchos los fallos, las caídas y la intensa lucha que nos llevaron hasta allí. Llenar las calles de Madrid, Barcelona y otras tantas ciudades. Tengo que reconocer que sigo viendo las fotos de Atocha a rebosar y la vista área del Paseo de Gracia llena de gente luchando por una sociedad mejor y justa y me emociono mucho. Pero no podemos conformarnos y pensar que movilizarnos un día es la victoria final, ganamos solo una batalla; la guerra sigue librándose. De hecho, se libra sobre nosotras, diariamente. Es algo que no va a dejar de suceder, aunque saquemos fotos muy bonitas cada 8 de marzo y sigamos gritando al aire que no tenemos miedo. Es maravilloso que de verdad no lo tengamos, pero ¿cómo seguimos a partir de ahí? ¿Cómo mover ficha después del pasado 8 de marzo?

Tenemos muchos frentes abiertos, desde seguir reforzando nuestra posición como feministas abolicionistas y al mismo tiempo ganar la hegemonía dentro del movimiento. Aunque puede que, si hacemos esto, haya una parte que se escinda, que se desentienda de nosotras porque no cree que el feminismo deba ir en contra de la trata y la prostitución. Es un riesgo que debemos correr si queremos cambiar la sociedad y las leyes, si queremos tomar el poder para hacer otra cosa de lo que hacen con nosotras. Por otra parte, también tenemos que buscar una postura más acorde con los nuevos debates del género y el sexo, esto es estar abiertas a la diversidad de lo que supone ser una lucha y un colectivo vivo en el siglo XXI. El tema trans más que un problema es una gran oportunidad para poder reivindicarnos como la vanguardia de pensamiento dentro del movimiento obrero, porque no basta con soñar un nuevo mundo, hay que construir la utopía. Y la tenemos que construir desde nuestro presente, con todas las herramientas que disponemos y entender que no nos movemos sobre ideales abstractos si no sobre realidades materiales que siempre se empeñan en cuestionar todo lo que dábamos como válido. Es nuestro reto como feministas estar a la altura de las circunstancias.

Otro de los puntos a tratar, en línea con los dos anteriores es fijar unos valores por los que pelear. Esto no quiere decir dejar a un lado el poder de decisión del grupo, ni los puntos por los que peleamos, sino tener unos ideales por los que luchar, aunque sepamos que nunca lleguemos a conquistarlos del todo. Necesitamos ideas que nos trasciendan, traer la universalidad -ese concepto tan poco de moda y tan mal visto hoy en día entre gran parte de la izquierda- para articular nuestras luchas. Desde que participo escribiendo columnas para Mundo Obrero insisto en ello: gran parte de los valores ilustrados siguen siendo revolucionarios hoy en día. Nuestra tarea está en actualizarlos a la sociedad contemporánea atravesada por el capitalismo tardío y un patriarcado que está siendo minado por las constantes luchas feministas que están logrando erosionar su poder. No nos podemos detener. Después de una época un tanto barroca donde el discurso postmoderno llenaba la esfera pública, poco a poco se va abriendo una brecha para establecer un nuevo paradigma, donde nos quedemos con el cuestionamiento a las estructuras, sujetos y relatos que nos trajo la crítica posmoderna, pero podamos avanzar más allá de simplemente desconfiar de cualquier poder.

Quizá lo revolucionario esté en pararnos un momento a pensar y poder estructurar nuestro futuro, saber lo que queremos, a dónde queremos llegar. En mi humilde opinión esto se resumiría en: tener las ideas claras, buscar valores concisos y llevar a cabo políticas efectivas. Nuestra tarea como feministas esta en dar una respuesta contundente a los problemas de las mujeres y demás colectivos entorno a nuestro movimiento. Necesitamos conquistar y acumular todo el poder que nos sea posible para transformar la sociedad y llevar a cabo un cambio en las estructuras que históricamente nos han reprimido. Para ello el debate es más bienvenido que nunca, siempre y cuando tengamos claro que hay que seguir avanzando en el campo de la política real. Tenemos que consolidar para avanzar, sin olvidar que para consolidar tenemos que seguir avanzando. Y ese es uno de los retos actuales a los que estamos haciendo frente.

Estamos inmersas en discutir lo que quiere decir ser mujer mientras seguimos peleando por los derechos de las mujeres. Como ya he repetido en anteriores ocasiones, una mala lectura de este asunto sería negar que la mujer es el sujeto protagonista de la lucha feminista y decir que le puede sustituir cualquier otra cosa. Esto supone caer en un grave error. El feminismo, como cualquier otro movimiento político emancipatorio, necesita un sujeto al que emancipar. Sería absurdo decir que el movimiento obrero no necesita a los trabajadores para librar su batalla contra el capitalismo y el sistema político liberal burgués imperante. Lo mismo en el caso de la liberación de la mujer. Las mujeres nos liberamos a través de la lucha colectiva que conforma el feminismo, y por más que cuestionemos y debatamos eso vamos a llegar al mismo punto. Empeñarnos en rebatir tal cosa solo nos hace perder tiempo para hablar sobre otros temas que siguen estando en el tintero y de los que no encontramos solución.

Quiero recordar que las mujeres y el movimiento feminista son la vanguardia de la izquierda no por un capricho mío, sino que me remito a los hechos. Quienes se han alzado en grandes protestas en contra del auge del fascismo en diferentes países a lo largo de todo el mundo, y quienes tienen una gran capacidad de organización con una rapidez y efectividad brutal somos nosotras. Lo mismo en el campo intelectual, hay una gran cantidad de pensadoras que cuestionan la sociedad actual y siguen planteando como se deben de articular estas nuevas luchas para hacer efectivo un cambio en la sociedad. También quiero señalar que obviamente hay contradicciones insalvables en el movimiento feminista, pero que solo pueden ser resueltas mediante la acción y la conquista de las instituciones. Rechazo la idea de que el futuro es de las mujeres, porque lo que determina – o al menos condiciona en gran manera- el futuro, es el presente. Así que lo que debemos conquistar es el presente y hacerlo nuestro para crear un futuro más libre, feminista y justo. Y si estamos sumidas en tantas contradicciones, retos y discrepancias es justamente porque estamos más vivas que nunca. Como bien decía nuestra gran Rosa Luxemburgo: “Quien no se mueve no puede sentir las cadenas”.

Publicado en el Nº 324 de la edición impresa de Mundo Obrero marzo 2019

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