Clave de sol

El sombrerero loco Cuando se han puesto en circulación mercancías tóxicas, venenosas y mortales, siempre han sido los productores los que se han llevado la peor parte. Y así seguimos.

Sol Sánchez Maroto 11/03/2019

A lo largo del siglo XIX se comercializaron numerosos productos que inicialmente causaron furor y al final horrorizaron por sus consecuencias. Los tintes verdes a base de arsénico se utilizaron abundantemente para teñir ropas, muebles y el que probablemente fue el papel pintado más de moda en toda la época victoriana. Se preguntarán ¿es que acaso no se conocía que el arsénico es un veneno, no se había descubierto todavía su extrema toxicidad? La respuesta es que sí, claro que se conocía, pero nuestros conocimientos de química, de biología y de muchas otras cosas eran bastante más precarios que ahora; de modo que al no ser mercancías que fueran a ser ingeridas se pensaba que no había peligro. Y así, la humedad e incluso una brisa podían despegar y poner en suspensión el arsénico procedente del papel pintado o del forro de un caro mueble y convertirse en una nube tóxica que acabase con toda una familia de forma silenciosa en una sola noche.

Existen innumerables ejemplos, pero hay uno especialmente singular para mí, que construye el rasgo principal de uno de los personajes literarios a los que dio vida Lewis Carroll en Alicia en el país de las maravillas; el enloquecedor y mortal envenenamiento por mercurio del sombrerero loco.

Durante los siglos XVII y XIX el mercurio era usado en la sombrerería para unir las pieles que se utilizaban, los compradores de los sombreros quedaban protegidos por los forros del contacto con el mercurio, pero quienes los montaban sufrían lo que hoy claramente llamaríamos una enfermedad profesional: temblores, paranoia, problemas cardiorrespiratorios y muerte prematura entre otros síntomas. Porque de todas las mercancías tóxicas, venenosas y mortales y que se han puesto en circulación a lo largo de la historia, quienes se han llevado siempre la peor parte han sido sus productores. Y así seguimos.

Pensarán en lo afortunados que somos de vivir en un momento histórico en que la ciencia ha avanzado tanto. Que menos mal que estas cosas no pasan ya ¿verdad? Pero ¿se imaginan que ese papel verde de la pared, o ese sombrero lo produjera una gran empresa? Una multinacional, vaya, de esas que distribuyen sus productos por 80 países y tienen 140 unidades de negocio repartidas por el mundo, de esas que tienen unos beneficios de 57 millones de € netos y una facturación cercana a los mil. Peor, y si además esa multinacional generase empleo para nada menos que cuatro mil personas, casi la mitad de ellas en el sur de España donde ni se acuerdan de lo que es tener un porcentaje inferior al 20% de la población desempleada e incluso en muchos lugares del 30%. ¿Qué se impondría, la vida o los beneficios? ¿El sombrerero loco o la multinacional?

Silestone (probablemente les sonará si han cambiado alguna vez una cocina y han preguntado en alguna tienda cuál es la mejor de las encimeras) es una marca registrada por el grupo Cosentino, un referente no solo en cocinas sino en diferentes superficies de cuarzo y materiales de decoración y arquitectura. Todos los datos de arriba hacen referencia a sus números reales. Sus fábricas y su sede están en Almería y se surten tanto desde esa provincia como desde Cádiz.

Pero ¿qué es ese producto? Un 90% de sílice libre cristalina, cristobalita. Un 10% de resina de poliéster que contiene un 35% de etileno (el etileno puede provocar irritaciones en nariz, garganta y tracto respiratorio, efectos en el sistema nervioso central, jaquecas, debilidad, caminar irregular y pérdida de conciencia). Además se usan pigmentantes que pueden ser de metales pesados todos altamente perjudiciales para la salud: cadmio, arsénico, plomo, cobre, níquel, antimonio, zinc, bario, o cobalto. ¿Les va sonando?

La silicosis es –además- aunque no haya minas y sea un verdadero calvario que la reconozcan como tal, la principal enfermedad laboral en Andalucía. Y los depósitos y sedimentos del lijado de toneladas de planchas de Silestone se extienden por el medio ambiente, principalmente de la cuenca del Almanzora, trascendiendo la salud laboral y larvándose un futuro problema de salud pública. ¿Quién es el loco aquí?

Publicado en el Nº 324 de la edición impresa de Mundo Obrero marzo 2019

En esta sección

La Cultura al Servicio de la OTAN... y la rapiña neo-liberalRepentismosPor un gobierno de coaliciónValorar cada uno de los votos obtenidos por la izquierdaArmarios con clase

Del autor/a

El homo economicus, las mentiras, las verdades y los resultados electoralesEl sombrerero locoLa ideología del diabloPasado, presente y bucleOdio