Los derechos solo tienen tal condición cuando pueden ser ejercidosLa brecha salarial: otra forma de dominación incompatible con la democracia La feminización de la pobreza es incompatible con la igualdad de género Y con la erradicación de las violencias machistas

Anabel Segado. Secretaria de Movimiento Obrero del PCE 06/03/2019

A pesar de encontrarnos en un espacio normativo, temporal y geográfico, que se declara libre de opresiones, respetuoso y garantista de los derechos humanos, (Siglo XXI, Europa, Estado Social y democrático de derecho), la realidad muestra las consecuencias de una desigualdad estructural entre hombres y mujeres, que responde a causas múltiples y complejas, y que se reflejan también en las relaciones laborales y las condiciones concretas en las que las mujeres accedemos, permanecemos y salimos del mercado de trabajo.

Seis grandes aspectos pueden resumir esa complejidad de causas:

1.- La segregación horizontal del mercado de trabajo (a qué profesiones somos dirigidas o condenadas las mujeres, que evidencia la infravaloración de nuestras capacidades o de nuestros talentos); 2.- La segregación vertical en las organizaciones laborales (en qué puestos de responsabilidad y clasificación profesional se nos facilita o dificulta acceder); 3.- La dificultad para la conciliación y escaso uso de la corresponsabilidad de los hombres; 4.- La falta de transparencia de las retribuciones; 5.- Los estereotipos de género; y 6.- las circunstancias individuales.

Resulta ya incontestable, gracias a la organización del movimiento feminista y del movimiento obrero y sindical, que los hombres ganan más que las mujeres por el hecho de serlo; más aún, que las mujeres tienen un mayor riesgo de pobreza y exclusión social por el hecho de serlo, que se acrecienta y profundiza a lo largo de su vida, por esa multitud de causas y, fundamentalmente, por la inexistencia de valor que el sistema otorga a las tareas reproductivas y responder a un modelo de producción económico y social que no pone en el centro la vida y no asume la corresponsabilidad colectiva.

Resulta incontestable que la pobreza es incompatible con un Estado social y democrático de derecho. Y que la feminización de la pobreza es además incompatible con la igualdad de género y con la erradicación de las violencias machistas. Y que la complejidad evidenciada de las causas, exige medidas transversales y reales, superando los escenarios jurídicos de declaraciones de intenciones, o incluso relato de medidas que no vayan acompañadas de presupuesto; mecanismos incluso coercitivos de cumplimiento; y de formación y concienciación en igualdad y en feminismo, de todos los operadores jurídicos, agentes sociales, organizaciones e instituciones. Y por supuesto, una protección social acorde con las situaciones de vulnerabilidad y de riesgo para las mujeres, en paralelo a la implementación de las medidas correctoras.

La precariedad en las condiciones laborales individuales, o explotación, también significa precariedad en derechos colectivos, y que son imprescindibles para el reconocimiento y ejercicio de los derechos individuales. Más democracia también en los centros de trabajo, más capacidad real y efectiva de intervención colectiva de las y los trabajadores y su reconocimiento legal acorde a las nuevas formas de producción y en aquellos sectores feminizados y condenados a una desregulación, caldo de cultivo de las arbitrariedades, que se multiplican ante una cultura empresarial poco o nada vinculada a los valores de libertad, justicia e igualdad.

Los derechos solo tienen tal condición cuando pueden ser ejercidos. Y solo pueden ser realmente ejercidos cuando los percibimos en nuestra vida diaria, cuando hacen nuestra vida más plena y la de quienes nos rodean. Los privilegios son “otra cosa”, porque están sustentados en la falta de derechos de otras, en la injusticia.

Esta es una historia de conquista colectiva de derechos y de renuncia, voluntaria u obligada, de privilegios; solo así acabaremos con las formas de dominación, también la del hombre sobre la mujer.

¡Viva la lucha feminista! ¡Viva la lucha de la clase obrera! ¿Juntas, somos más fuertes!

Publicado en el Nº 324 de la edición impresa de Mundo Obrero marzo 2019

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