CantautoraLucía Sócam: "Hemos dado a conocer a las mujeres del 27 como en las Misiones Pedagógicas" "Estas mujeres ya habían exigido el lugar que les correspondía en la sociedad, al lado de sus compañeros y no detrás"

J.M. Mariscal Cifuentes 07/03/2019

EL MONO AZUL: Llevas años haciendo de tu labor artística un arma para la memoria, ¿Qué valor concedes a la música como herramienta militante?
LUCÍA SÓCAM:
Considero que los músicos tenemos una gran arma a favor, nuestras voces y nuestras guitarras, y a veces no nos damos cuenta. En la evolución de esta sociedad del desconocimiento hay algo que no ha cambiado a lo largo de los años: el amor por la música; ya sea un género u otro, desde el rock al hip-hop, o incluso el reggaetón. He comprobado que la mayoría de la gente no se siente atraída por unas jornadas sobre memoria histórica donde los conferenciantes son grandes catedráticos de historia o jueces de gran reputación, pero, sin embargo, están dispuesto a emplear tres o cuatro minutos de su tiempo para escuchar una canción. ¡Ese es nuestro momento! Es justo ahí donde tenemos que ser capaces de transmitir en esos tres o cuatro minutos lo que queremos decir. Y la música, además de amansar a las fieras, es una maravillosa herramienta bastante útil aún.

E. M. A.: De un tiempo a esta parte, sin embargo, la música también es un producto de consumo y de distinción social, pero tú insistes en hacer un arte pegado al pueblo, a la tierra, y también prefieres la militancia de pueblo, de barrio. ¿Cómo puede la música y la poesía ayudar a reconstruir una identidad agregadora fuerte, a unir a la clase trabajadora?
L.S.:
No es que yo me empeñe en querer unir música, compromiso y pueblo, sino que a lo largo de la historia, son muchos los pueblos del mundo que han transmitido sus vivencias en verso y con música. Y a mí me parece una forma preciosa de no olvidar mis raíces y seguir construyendo el mañana. Me duele mucho la impersonalidad con la que se trata en el mercado musical los estilos a la hora de interpretar una canción pues creo que es precisamente la personalidad de cada uno lo que nos diferencia y hace más atractiva la música. No me gusta ese mundo de etiquetas homogéneo donde según el aspecto de cada uno se le asigna un estilo musical u otro. Yo prefiero ser diferente. Ser diferente es uno de los pilares de mi personalidad.

E. M. A.: Esta entrevista no podía salir en mejor momento y lugar. El Mono Azul, el homenaje a la cabecera que las gentes del 27 imprimieron para que las milicias pudieran leer poemas en medio de la batalla, y en nuestro número de marzo, dedicado al Feminismo. Has grabado un disco dedicado a las mujeres del 27. ¿Por qué?
L.S.:
Porque yo misma no conocía a la mayoría de estas mujeres. Lo que empezó siendo una motivación personal por conocer a esta gran parte de la intelectualidad del siglo XX terminó siendo un recital-musical que he llevado por toda la geografía española como si de una misión pedagógica se tratara. He comprobado que yo no era la única que estaba deseosa de aprender lo que no quisieron enseñarnos. En los conciertos la gente se entrega con ansias de escuchar. Porque ¿qué pueblo andaluz no tiene una calle dedicada a Alberti, Lorca, Picasso? Lo más difícil es encontrase una calle dedicada a María Teresa León, Zenobia Camprubí, Margarita Manso… Todos artistas. La única diferencia es el género.

E. M. A.: Esclarece mucho el presente, y no para bien, que la mayoría de esas mujeres sean absolutas desconocidas, sean invisibles. Sobre todo llama la atención que en los espacios de creación y divulgación cultural e intelectual sus obras y sus vidas sean sistemáticamente ignoradas. A qué crees que es debido?
L.S.:
Creo que no debemos preguntarnos por qué no las leemos hoy sino por qué no las hemos conocido al mismo tiempo que a sus compañeros hombres si eran contemporáneos. Nuestros grandes intelectuales fueron asesinados o tuvieron que exiliarse frente al fascismo que imponía el nacional catolicismo que relegaba a las mujeres a un segundo o tercer plano. Pero de ellos nos llegaron sus obras, las estudiamos en el colegio. También estas mujeres ya habían exigido el lugar que les correspondía en la sociedad, al lado de sus compañeros y no detrás, pues todos eran personas, y no todos estaban conformes. Quizás por eso no nos extrañamos de que, mientras lloraban el exilio de Alberti, Cernuda o Juan Rejano, con toda la intencionalidad, se olvidara a María Teresa León, Luisa Carnés o Concha Méndez. Supongo que no había espacio para todos y Dios diría que ellos habían llegado antes. Hoy en día seguimos sin tener los mismos espacios ni la misma visibilidad por muy progre que suene el autollamarse feminista.

E. M. A.: Dime en una frase qué te sugieren los siguientes nombres:
María Zambrano: Ella dijo una vez que hay cosas que no pueden decirse, y esas cosas que no pueden decirse deben ser escritas. Muchas veces me acuerdo de esa frase y me inspiro en ella.

María Teresa León:
Capitana. Luchadora. Compañera. Valiente. Cuando conoció la Libertad no la soltó y se subió a ella como si del lomo de su caballo blanco se tratase. Nunca fue la cola del cometa sino el aire que lo impulsaba y nos sigue impulsando.

Rosa Chacel: “Teje en tu laurel dorado, mientras oyes zumbar los corazones, y bebe el néctar fiel de tu memoria”. Rosa dedicó estos versos a su amiga María Zambrano en un poema que se llama “Una música oscura, temblorosa”, un poema precioso.

Zenobia Camprubí: Zenobia lo era todo. Siempre pensando en los demás. No concibo el día a día de Zenobia si no es dando a los demás: a los niños para estudiar, a las mujeres a formarse, a sus compañeros a acompañarlas. No podemos entender la vida y obra de Juan Ramón Jiménez sin conocer a la gran persona que tenía como compañera.

Margarita Gil: lo que nos privó. Siempre que pienso en Margarita Gil no dejo de rondar todos los poemas que podría haber escrito, las tardes que le quedaba para ver ponerse el sol escribiendo en su jardín de Las Rozas. Me la imagino teniendo el valor de enfrentarse a los buenos modales de señorita atreviéndose a ser feliz.

Josefina de la Torre: de Josefina me quedo con la supervivencia. Me ha enseñado a amar las islas sin conocerlas con la belleza de sus versos y la aparente sencillez. Me la imagino pendiente, siempre alerta aprendiendo, adaptándose, teniendo claro que el camino estaba en la cultura.

Concha Méndez: La fiera. Yo soy muy de Concha Méndez. No estaba dispuesta a doblegarse ante nada ni nadie. Concha no iba a echarse a un lado para que pasara su compañero; caminarían juntos. Concha tenía claro que no iba con ella ese rol clasista ultracatólico que le había tocado por haber nacido mujer. Concha era, sobre todo, ella misma.

Ernestina de Champorcín: Creo que a Ernestina no se le suele ofrecer la dedicación que merece conocer y comprender a una mujer como ella. A veces en primera línea y otras en un rincón de su propio olvido. Muy marcada por su crianza y su religiosidad, junto a la vida que escogió vivir, puede dar una imagen de una poeta frágil o incluso dependiente. Pero yo creo que defendió sus ideas hasta el final y supo adaptarse a las circunstancias.

Margarita Manso: Transgresora. Por encima de todo quería ser feliz y libre, y así lo demostró. Pocas veces se nombra a Margarita, o a los artistas en general de esta generación, un poco todos a la sombra de Maruja Mayo, y cada uno en sí mismo era vanguardia pura.

Lucía Sócam: una que va de paso.

E. M. A.: Sabiendo lo que sabes del 27, asesinados y exiliados por los abuelos de Casado y Abascal, ¿tienes miedo? ¿Como enfocamos la lucha por un proyecto republicano en España?
L.S.:
Pues a pesar de los insultos y las amenazas nunca había sentido miedo pero sé que la historia es cíclica y se nos están repitiendo demasiados factores a unos años no tan lejanos. Pero creo que la única salida es la Educación: para un proyecto republicano y feminista. Solo a través de la Educación podremos estar más formados y será más difícil que nos engañen. Mientras, la resistencia será nuestro pan de cada día.

E. M. A.: Creo que serán pocos los lectores de Mundo Obrero que no te hayan disfrutado en concierto. Y a ti se te nota que disfrutas en directo, creo que cada vez más.
L.S.:
Me encanta el directo porque la canción se hace única e irrepetible según el lugar y el ambiente; así es como nos disfrutamos. Y así seguiremos en cada espacio que nos dejen o en cada trinchera que cavemos reivindicando lo que es justo. ¡Salud!

Publicado en el Nº 324 de la edición impresa de Mundo Obrero marzo 2019

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