Involución en Oriente PróximoEl asalto del totalitarismo religioso y el imperialismo a los derechos de la mujer El “feminismo islámico” es la feminización del fundamentalismo...la defensa de los roles asignados por el Todopoderoso.

Nazanim Armanian. Profesora de Relaciones Internacionales. 07/03/2019

Dice Marx que el progreso no es un proceso histórico lineal. El retroceso en los derechos más básicos de la mujer a nivel mundial y en Oriente Próximo -la región más petrolífera del planeta- en particular, obedece a este pronóstico.

Pasan 40 años de revolución iraní y también de su fracaso. La monarquía dictatorial y semilaica de Mohammad Reza Pahlavi dio lugar a una teocracia totalitaria oscurantista de corte fascista. Que la primera orden ejecutiva del ayatolá Jomeini no fuese destinar la ingente renta de petróleo iraní a paliar la escandalosa pobreza que sufría más de la mitad de la población, ni a la sanidad universal o la educación obligatoria y gratuita para todos, sino a abolir la Ley de Familia, bajando la edad nupcial para las mujeres de 16 a 8 años, resucitar la poliginia, y la obligatoriedad de llevar el velo a todas las mujeres del país, era un indicador del plan que traía para gobernar Irán.

La vestimenta representa el lugar que se asigna a las personas en la estructura social. En castellano se pregunta “¿quién lleva los pantalones en tu casa?” para determinar quién ostenta el poder en una relación. Y para la extrema derecha islámica en Oriente y en Occidente su seña de identidad es el velo (que no debe confundirse con otros tipos de pañuelo), que además marca el fin de la infancia a las niñas a partir de los 7-8 años, edad en la que determinan que están listas para enviarlas al mercado del matrimonio.

Fueron a por los partidos de izquierda y de derecha, los sindicatos, las asociaciones intelectuales y las organizaciones feministas, con el argumento de que “no los necesitamos, tampoco existieron en la época de Mahoma”. Franco alegó otros motivos y Hitler y Musolini los suyos.

Hoy nadie tacha de “teoría de la conspiración” cuando se denuncia la colaboración que hubo entre la extrema derecha estadounidense y sus correligionarios europeos para que asaltaran el poder (los contactos del ex asesor de Trump, Steve Bannon con ellos son públicos), pero nadie sospechó cuando el asesor de seguridad de Jimmy Carter, Zbigniew Brzezinski, hizo lo mismo en 1978 patrocinando a estas fuerzas en Afganistán, Irán y Polonia, -tres países vecinos de la Unión Soviética- llevando al poder a la extrema derecha islámica y católica; o cuando los G4 pactaron llevar al poder al ayatolá Jomeini, profundamente anticomunista.

Justamente, allí empieza el nuevo ascenso mundial del fascismo, disfrazado del fundamentalismo religioso, para luego extender sus garras sobre Europa Oriental y Occidental, América Latina y, cómo no, sobre la propia Casa Blanca.

En Irán secuestraron la revolución, al igual que hicieron con la revolución egipcia en Plaza de Tahrir. Con la estrategia de “divide y vencerás” pudieron contar con la complicidad implícita de los hombres, abducidos por los privilegios que disfrutan gracias al milenario sistema patriarcal para establecer un sistema de Apartheid contra la mujer iraní: si no lleva el velo no tendrá derecho a comer, a trabajar, estudiar, salir de casa, ir al médico. Ni siquiera con el velo puede entrar en ciertos espacios, como los estadios deportivos, a pesar de que los paga con sus impuestos, ni podrá presentarse a la presidencia del país, puesto reservado a los hombres, ya que “su mente es incapaz de comprender cosas complicadas” alegan. Una vez controlando a las mujeres, irán a por los hombres y sus derechos.

Decenas de miles de feministas fueron detenidas y cientos condenadas a muerte. En 1985, desde España, y gracias a la intervención de Dolores Ibárruri, Pasionaria, pudimos conmutar la sentencia de ejecución para 117 feministas por la de cadena perpetua. Una de ellas era la última líder de la Organización Democrática de la Mujer Iraní (ODMI,1943), y la primera mujer iraní condenada a muerte por “propaganda comunista” en 1953, Maryam Firuz (1913-2008) http://goo.gl/qjtEFW

Sobrevivió durante siete años en una celda de aislamiento, sufriendo torturas medievales más brutales como “Ta’zir” (latigazos por todo el cuerpo) y golpes a su cabeza, que arrancaron su piel y la dejaron sorda. Pasó 13 años en arresto domiciliario.

Hasta entonces, unas 2.000 mujeres y niñas habían sido ejecutadas por activismo político, por tener un panfleto en su bolso, o ser familiar de un perseguido. Los muros de aquellas mazmorras no olvidarán los gritos desgarradores de Nafiseh Ashraf de 10 años, Maryam Asadi de 11, Afsaneh Farabi de 12, y otras 6 niñas menores de 13 años fusiladas, y decenas de mujeres embarazadas. Las religiones abrahámicas consideran adultas a las niñas de 7 o 8 años y responsables de sus actos: una edad en la que se les pone el velo, se les puede casar y también ajusticiar.

Fue en esta fecha cuando también ejecutaron a Anushirvan Lotfi, un veterano comunista de los Fedaínes, superviviente de las cárceles del Sha. Su madre, Forugh Taybakhs, la “Madre de Plaza de Mayo iraní”, consiguió reunir cientos de familiares de miles de desaparecidos, encarcelados y fusilados, reclamando justicia. Acudió al descampado llamado Javaran donde habían enterrado en fosas comunes a cientos de personas fusiladas a toda prisa. Apartando la primera capa de la tierra, al final encontró a su hijo. Taybakhs acaba de morir hace un par de semanas.

Una vez que desmantelaron el feminismo centenario de Irán, inventaron el “feminismo islámico” que no es otro que la feminización del fundamentalismo, encabezada por las esposas, hermanas e hijas alineadas de los ayatolás: las mismas que defienden la teocracia, la pena de muerte, la lapidación, el matrimonio infantil y los roles asignados por el Todopoderoso.

Aplicaron la Pedagogía del terror

Echaban ácido a la cara de las mujeres que se negaban a llevar el velo o a perder la custodia de sus hijos, que se oponían a ser expulsadas de las universidades y de sus puestos de trabajo. Colgaron a decenas de mujeres y hombres de las guras en las plazas públicas. Las lapidaron por amar fuera del matrimonio.

Dichos fascismos son antimodernos, que no antioccidental; no son antiimperialistas, solo pretenden defender su feudo sin injerencias, y no son combativos y firmes, sino enemigos de la tolerancia y del dialogo: aman la muerte, mientras penalizan la alegría y las celebraciones milenarias “paganas”.

Hoy, las mujeres de Oriente Próximo -región que alberga el 65% del petróleo y del gas del planeta-, ya no luchamos por la igualdad. En Afganistán, Yemen, Iraq, Sudan, Libia y Siria están atrapadas en las zonas de las interminables guerras de rapiña (otro rasgo del fascismo) e intentan salvar su vida y la de sus seres queridos. Y las que viven en los territorios del retorno de la Edad Media como Irán, Arabia Saudi, Iraq o Turquía, intentan recuperar los logros perdidos. En Turquía hay una mezquita por cada 1.000 personas, y un hospital por cada 60.000. ¿Saben que allí donde han intervenido EEUU y sus aliados han entregado el poder a los grupos religiosos más fanáticos? Siria, el último estado semilaico de la zona, espera su fatal destino.

Aunque la relación entre la extremaderecha -que siempre utiliza la religión- y las mujeres es compleja e igualmente variada, comparten los siguientes rasgos:

- Son misóginos. Cualquier reivindicación de las mujeres es tachada de “influencia de la ideología de género” o de “injerencias del feminismo blanco de libertinaje”.

- Niegan la autonomía de la mujer. Debe ser tutelada por un varón, como si fueran menores de edad o disminuidas psíquicas. Para dichos grupos, la mujer no es el segundo género sino subgénero, como los “subhumanos” en la ideología nazi.

- Consienten la violencia contra la mujer. Ningún país gobernado por el fascismo ha prohibido los malos tratos patriarcales, pues, además de respaldar la violencia estructural del Estado, forma parte del derecho del hombre a “corregir” a la mujer y a sus hijos, por eso son sus propiedades.

- Decenas de miles de mujeres y niñas han sido violadas, convertidas en esclavas sexuales para luego ser asesinadas en las seis guerras abiertas que azotan Oriente Próximo, donde la demanda de sexo por parte de los soldados de ocupación de EEUU y Europa ha militarizado la prostitución y la trata de mujeres y niñas.

- Han cambiado los libros de texto con el fin de fabricar esposas obedientes, buenas amas de casa y madres abnegadas. En esta región sólo trabaja el 13% de las mujeres: la tasa más baja del mundo, agravando la feminización de la pobreza.

Para el presidente turco Tayyeb Erdogan las mujeres sin hijos son “seres incompletos”, mientras los ayatolás de Irán han prohibido los anticonceptivos y la vasectomía: aun así, las leyes no reconocen a la mujer como tutora de sus hijos: son meras incubadoras de los hijos de los hombres.

La extremaderecha no reconoce la igualdad de los ciudadanos ante la ley: los hombres, los nativos, los ricos, los creyentes, tendrán unos derechos que las mujeres, los inmigrantes, los pobres y los no creyentes no tendrán. La ofensa a la religión, en España y en Pakistán es castigada, pero no siempre lo es abusar de una mujer.

En Irán el Día Internacional de la mujer trabajadora se celebró entre los años 1923 y 1979, para luego ser reemplazado por el día de Fatima, la hija de Mahoma. En Turquía, Tayyeb Erdogan impidió su celebración en 2015 “por motivos de seguridad”, proponiendo convertir ese día en el “Día de la glorificación del Parto”. Fracaso total: miles de mujeres ocuparon las calles para burlarse de otra de las artimañas del Sultán presidente.

La despolitización de las desigualdades económicas, sociales y de género bajo el nombre de la cultura, religión o tradición, y relativizar los derechos fundamentales de las personas es una de las proclamaciones del fascismo. ¡Paremos sus pies!

Publicado en el Nº 324 de la edición impresa de Mundo Obrero marzo 2019

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