Director del corto documental 'Gaza'Julio Pérez del Campo: “Si quisiéramos ganar dinero, habríamos hecho un documental titulado ‘Israel’” “Sufrimos las presiones, las amenazas y la censura del lobby sionista”

J.M. Mariscal Cifuentes 11/03/2019

Este profesor de Biología quería ser cineasta, y a los 30 años comenzó a formarse y acaba de recibir un Goya, junto a Carles Bover, como productor y director del mejor corto documental. Militante en la izquierda política y en la solidaridad internacionalista, especialmente vinculado al movimiento de solidaridad con Palestina, nos entrevistamos con él en Talavera, su ciudad, donde ha sido recibido con orgullo por sus paisanos tras haber recogido al “cabezón”, sordo testigo de nuestra conversación. “Gas the arabs” (algo así como hacer con los árabes lo mismo que hicieron los nazis con rojos, homosexuales y judíos) fue el largometraje del que surgió “Gaza”. Si no lo han visto, véanlo. Si ya lo han podido ver, hagan que otros y otras lo vean, porque aquel pueblo colonizado merece, quizá hoy más que nunca, nuestra atención y nuestro apoyo internacionalista. Arte al servicio de la lucha por los derechos humanos. Nada más, y nada menos.

EL MONO AZUL: ¿Por qué Gaza? ¿Cómo surge este proyecto?
JULIO PÉREZ DEL CAMPO:
Fue en 2014, tras el penúltimo episodio del genocidio contra el pueblo palestino y gazatí, y el absoluto silencio de los medios de comunicación sobre los derechos humanos en la franja de Gaza. No sólo queríamos hablar de la agresión, sino mostrar crudamente cómo sufre la población civil en su día a día. La idea inicial era grabar un documental sobre Manu Pineda y los escudos humanos, pero tuvimos un problema. Justo cuando iniciamos el proyecto se produjo el golpe de estado de Al-Sisi en Egipto y se cerró el paso de Rafah, la única vía de contacto de Gaza con el exterior. No podíamos entrar desde Egipto y hacerlo desde Cisjordania era muy peligroso, hay que recordar que Manu ha estado en el punto de mira de Israel. Todo el guion, todo lo que habíamos trabajado durante meses se nos cae. Recuerdo que coincidimos con una brigada de militantes del PCE, grandes referentes siempre de la lucha en defensa del pueblo palestino, también esperando la apertura del paso de Rafah. Atravesamos la península del Sinaí, con la atención puesta en la célula de Al-Qaeda que entonces estaba operando allí, para llegar a Cisjordania. Desde allí, aprovechando mi condición de profesor de biología, solicitamos un permiso para viajar a Gaza con la excusa de realizar un estudio sobre su agricultura.

“Lo pasé mucho peor en la post-producción, repasando el material, que en el momento de la grabación”



E.M.A.: El documental rezuma una sensibilidad creativa y muestra una cruda realidad de modo incluso poético, ¿Cómo se hace para grabar ese material en medio de la devastación?
J.P.C.:
Es un acto de militancia. Cuando grabamos lo hacemos con un objetivo, sacar de ahí toda la información, todos los recursos posibles. En esos momentos, es duro decirlo, pero hay que tirar de una coraza, es como si en ese momento estuvieras viendo sólo una película, sacas los mejores planos que puedes, piensas en cómo hacer la obra que transmita adecuadamente lo que estamos viendo. Lo pasé mucho peor en la postproducción, volviendo a ver y a revivir lo que pasamos allí.

E.M.A.: Militancia también es aguantar tres horas de interrogatorio antes de salir de Israel.
J.P.C.:
Fue tremendo, Carles en una habitación y yo en otra, en el aeropuerto de Tel Aviv, con un interrogador y un psicólogo que se dedica a analizar tu lenguaje corporal. Estuvieron revisando todo el material, lleno de fotos y vídeos de cultivos, ¡y yo hablando de plantas oleaginosas! Estaba bien escondido el material, pero sudamos tinta para sacarlo, nos jugábamos quedarnos a vivir en una cárcel israelí.

E.M.A.: Hablar sobre lo que ocurre en la franja de Gaza no es muy “comercial” que digamos. ¿Cómo se vive la creación artística en un contexto como el actual?
J.P.C.:
La creación depende del mercado, existe una mercantilización de la creación artística, los que tratamos de crear algo que se salga de la corriente de moda nos encontramos con muchas dificultades. La uniformización de un pensamiento único basado en el mercado que hace la cultura cada vez más naif, que trata temas superficiales, despolitizándolos, y eso tampoco se impide desde el sistema educativo, con una política cultural que difunda los valores críticos que permitirían valorar las creaciones artísticas bajo otro prima, distinto del mercado. No se trata de un rollo intelectual, sino de otro tipo de cultura, en el amplio sentido de la palabra.

E.M.A.: Que no eres un creador pensando en ganar dinero, osea.
J.P.C.:
Si quisiéramos ganar dinero, hubiéramos hecho un documental titulado “Israel”, entonces el apoyo institucional y de empresas nos habría llovido. Hemos pedido apoyos para realizar esta película y nos hemos encontrado con muchísimas dificultades, antes, durante y después de la producción. Y no se trata del clásico lobby sionista sino de grandes empresas que se deben a intereses económicos derivados directamente de Israel.

E.M.A.: Mientras escuchaba tu medio minuto de discurso en los Goya me imaginaba al embajador de Israel en España levantando el teléfono llamando a la Moncloa.
J.P.C.:
Yo me lo imagino media hora en shock. Si no es la primera vez, desde luego hace mucho tiempo que alguien no le pone la cara colorada delante de cuatro millones de telespectadores, que estaban viendo la ceremonia en esos momentos. Era casi imposible tener ese foco y creo que lo aprovechamos. Sabíamos que era importante ese momento. El vídeo de los Goya tiene 20 millones de visualizaciones en todo el mundo.

E.M.A.: ¿Qué sentiste en ese momento, qué pensaste mientras recorrías el pasillo para recoger el Goya?
J.P.C.:
Recordé a todo el pueblo gazatí, sobre todo pensé en ellos y en ellas. Y me alegré porque este premio permite que el objetivo que teníamos se está cumpliendo, que más gente se interese por conocer qué es lo que allí está ocurriendo, la sistemática agresión consciente a todos los derechos humanos, a la vida misma en Gaza, en Palestina.

E.M.A.: ¿Se han enterado allí de este premio?
J.P.C.:
¡Cómo! Allí todo el mundo sabe que el documental ha ganado el Goya, todo el mundo es el cien por cien. ¿Te puedes imaginar?, en la Franja de Gaza todo el mundo ha visto el documental y las declaraciones de los Goya se han viralizado.

E.M.A.: Es emocionante. Mucho. En el corto, en apenas 18 minutos, aparece esa ligazón a la tierra del pueblo palestino, hay planos que retratan con belleza y elegancia el sufrimiento en medio de la vida cotidiana.
J.P.C.:
Palestina es un pueblo fuertemente enraizado a la tierra, pero donde los francotiradores asesinan a balazos a los agricultores que están cerca de la frontera, mientras están cultivando sus campos, envenenan y queman sus tierras con ácido, la tierra en la que han vivido sus ancestros, que piensan seguir defendiendo. Debajo de las bombas, el pueblo hace la compra que puede, va al cine, trabaja, se encuentra con sus amigos, cuida de su familia, llevan a los niños al colegio. La vida, en peligro cada día, sigue día a día. Por eso este documental está dedicado a Hashem, quien tanto nos ayudó, asesinado por Israel meses después del rodaje.

E.M.A.: Con Goya y todo, tenéis que seguir sufriendo trabas y presiones.
J.P.C.:
Y censura. Ha habido presiones, algunas con éxito, para que las salas no proyectaran la película. Ha habido incluso intentos de retirada de la sección oficial de algún festival, una vez seleccionada. El cardenal Osoro canceló la proyección en la iglesia de San Carlos Borromeo de Vallecas, hasta el Vaticano llega Israel, qué cosas. Y la última, la mesa de la Asamblea de Madrid, con los votos del PP, Ciudadanos y PSOE, ha impedido que el documental se proyectara en la cámara, algo inusual, ya que allí se suelen hacer actividades de este tipo relacionadas con la defensa de los Derechos Humanos. Ni ganando un Goya, que se supone que te avala artísticamente, logramos superar estas censuras. Pero todas esas prohibiciones alimentan la curiosidad, nos han dado una publicidad excelente y ha hecho que mucha gente sepa que el corto está disponible en la redes sociales.

E.M.A.: En el Mono nos gusta mucho que hables en plural de tu proyecto, se nota que respetas enormemente a todo el equipo detrás de la película.
J.P.C.:
Este ha sido un proyecto coral, en su realización y en su financiación, hay cientos de personas detrás de él. Ha sido autofinanciado en su integridad, no hemos tenido ninguna ayuda ni pública ni privada, estamos hablando de muchos miles de euros. Esto hubiera sido absolutamente imposible sin toda esa gente de manera altruista, a través de su militancia y a través de su implicación personal, poniendo sus capacidades y su creatividad al servicio de este proyecto. Hay más gente ahí de lo que parece.

Publicado en el Nº 324 de la edición impresa de Mundo Obrero marzo 2019

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