Ni dios ni amo

Venezuela De nada valen las elecciones ganadas, la reducción de las desigualdades sociales, el control estatal de las riquezas del país, el apoyo popular a la revolución bolivariana. Solo Maduro bailando salsa...ocupa nuestras pantallas de televisor.

Benito Rabal 12/03/2019

Cuando se firmaron los acuerdos de Torrijos–Carter, mediante los cuales Estados Unidos debía conceder la plena soberanía sobre el Canal a Panamá y abandonar militarmente el país, una legión de profesionales de la industria cinematográfica se desplazaron desde Hollywood para cuidar la imagen del presidente norteamericano, demasiado blanca para la luz tropical, y afear la del General Torrijos, lo cual era complicado ya que gozaba de un innegable atractivo. No se cumplieron los propósitos de acercar el aspecto del General al de la bruja malvada de Blancanieves y poco después Torrijos murió en un más que sospechoso accidente de helicóptero.

Le sucedió Noriega. Su ancha mandíbula y el rostro picado de viruela, facilitaron la labor de los creadores de opinión pública. Gracias a las fotografías tomadas desde un ángulo bajo, era conocido como “Cara de Piña”. Su imagen causaba rechazo nada más verla. Más aún que la provocada por la campaña feroz acusándole de narcotráfico.

En el tratado existía una cláusula que decía que en caso de inestabilidad política, Estados Unidos mantendría la propiedad del Canal. Y esa inestabilidad, antes que llegara a existir o mejor dicho, antes que se creara, ya fue aireada a bombo y platillo por prensa y televisión.

Luego pasó lo que pasó. Se invadió Panamá, hubo miles de muertos, Noriega acabó en la cárcel y el Canal en manos de los de siempre. No quisieron dejar nada al albur y para ello lo primero era convencer a la población mundial de que hay un malo con cara de malo y que hace cosas de malo. ¿Nos suena de algo? ¿Demasiado parecido, tal vez, a lo que ocurre con Venezuela?

De nada valen las elecciones ganadas, la reducción de las desigualdades sociales, el control estatal de las riquezas del país, el apoyo popular a la revolución bolivariana. Solo Maduro bailando salsa, su cuerpo descomunal de conductor de autobús; su vozarrón soltando verdades como puños; solo eso ocupa nuestras pantallas de televisor. Del bloqueo económico y financiero, de la militarización de la guarimba, auténticas hordas extraídas del lumpenproletariado, del sabotaje, de los atentados, de las mentiras creadas en los grandes despachos del Capital, de eso no se habla.

Solo se escucha al petróleo, al oro y al coltán hablando por boca de rubias cabecitas, escasas, muy escasas, en un país caribeño y a los mamporreros del Ibex 35 asintiendo.

Publicado en el Nº 324 de la edición impresa de Mundo Obrero marzo 2019

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