La Retranca

La próxima (por cercana) crisis financiera El rescate de los estafadores financieros supuso decenas de miles de millones de euros en ayudas, de los cuales el Estado solo ha recuperado algo más de un 6% y la deuda pública oficial un 96,9% del PIB.

Dolores de Redondo 22/03/2019

En 2008, justo cuando Lehman Brothers se hundía, las páginas sepia de El País publicaban un amplio artículo sobre las posibles consecuencias de la crisis en caso de cumplirse las previsiones más pesimistas. El artículo barajaba los escenarios más desfavorables y, entre ellos, la factible posibilidad de tener que rescatar a la banca, lo cual traería como consecuencia, un hipotético, preocupante e ineludible crecimiento de una deuda pública que por aquel entonces era del 35,6% del Producto Interior Bruto (PIB). Las previsiones más aciagas se tornaron optimistas, porque en la realidad se quedaron cortas. El rescate de los estafadores financieros supuso decenas de miles de millones de euros en ayudas, de los cuales el Estado solo ha recuperado algo más de un 6%; y la deuda pública oficial es tan mastodóntica que en 2018 fue equivalente al 96,9% del PIB.

Con respecto al dinero inyectado por el Estado los rescates, hay que destacar los 22.242 millones de euros que recibió Bankia, los 13.005 millones que chupó el BBVA o los 6.475 millones y 5.494 millones que se inyectaron a Caixabank y Banco Sabadell, respectivamente. “No es una crisis, es una estafa”, se gritó en las calles con más razón que un revolucionario. Pero, como mascullaba el hortera ídolo de los pijos residente en Miami, “La vida sigue igual”.

La nueva crisis financiera está a la vuelta de la esquina. Los seis bancos del IBEX 35 cerraron el año 2018 con unas pérdidas de un 26,4% con respecto a 2017, es decir, se dejaron 48.000 millones de euros en Bolsa. El Banco Sabadell encabezó las pérdidas, con un 36,5% menos que el año anterior. Bankia, del cual el Estado controla un 61,4% del capital a través del FROB, se dejó el 33,82%; el BBVA se descapitalizó un 31,99%; el Banco Santander palmó un 24,31% y, por último, Caixabank presentó unos valores un 15,32% inferiores a 2017. Las explicaciones de los “analistas” para interpretar los pronunciados descensos bursátiles son tan absurdas como variopintas, y se corresponden con la típica imbecilidad característica de los pretendidos eruditos de la especulación bursátil, tan capaces de predecir la evolución de los mercados como los adictos a las apuestas deportivas predicen los resultados de la liga de fútbol. Según estos lumbreras, los resultados negativos de los usureros mayores del IBEX 35 se deben, dependiendo de la entidad, a causas tan diversas como el temor a la salida del Reino Unido de la Unión Europea (el famoso Brexit), la exposición a la inestabilidad en Turquía, a la intervención del FMI en Argentina, a la confluencia de Júpiter con Saturno o a la desaparición de las aceitunas como tapa en el bar de la esquina.

Lo cierto es que en los dos primeros días del mes de febrero de 2019 las acciones en Bolsa de los principales bancos se desplomaron, tras haber presentado los balances económicos de 2018. Las cuentas deben ser terroríficas, porque produjeron una desbandada mayor que la que se produciría en un festival heavy si saliesen a cantar los Hombres G. En solo dos sesiones las seis entidades se dejaron 5.187,5 millones de euros en capitalización, encabezados por el Banco Sabadell (-10,25%) y Caixabank (-8,13%).

Pero el caso más destacado es el del Banco Santander, que parece el Titanic: supuestamente insumergible, diseñado para ser lo último en lujo y comodidad, el mayor banco de la zona euro; es una entidad Too big to fail, es decir, demasiado grande para caer, pero su situación es sumamente delicada. En septiembre de 2018, en el marco de la comisión parlamentaria de investigación sobre la crisis financiera, su consejero delegado reconoció en el Congreso que lleva desde 2012 en números rojos, es decir, del mismo color que su imagen corporativa. De tal manera que incluso el fondo de inversión BlackRock, su mayor accionista, ahueca el ala. Haciendo de broker pitonisa recomiendo retirar los ahorros. Porque al final el dinero que nos robaron solo ha servido como adelanto de los futuros rescates financieros. Al tiempo.

— Y digo yo... ¿aquí no haría falta una Revolución?

— Y luego, ¿por qué me lo preguntas?

Publicado en el Nº 324 de la edición impresa de Mundo Obrero marzo 2019

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