Con políticas feministas, la República que queremos estará al alcance de todasLa República del siglo XXI o es feminista o no será En la construcción de la República a la que aspiramos, será imprescindible la coeducación en todos los ámbitos de la vida como herramienta de transformación hacia una sociedad más justa e igualitaria.

Cristina Simó Alcaraz. Secretaria del Área Feminista 12/04/2019

Con la proclamación de la II República, en abril de 1931, la Constitución del 9 de diciembre de 1931 estableció la igualdad jurídica. La II República puso en valor la igualdad entre mujeres y hombres y por ello la justicia debía erradicar su sesgo patriarcal y clasista.

Sin embargo este valor republicano sigue siendo una aspiración después de 44 años de la muerte del dictador y 41 años de la Constitución del régimen del 78 que puso fin al régimen franquista. Sigue siendo un objetivo a conseguir.

Algunos hechos recientes han puesto de manifiesto el sesgo patriarcal del poder judicial en el régimen actual, como fue el juicio mediático por una violación múltiple en las fiestas de Sanfermines (Navarra) en la que se cuestionaba la credibilidad de la mujer víctima o la reciente sentencia del caso de Juana Rivas que la condena a cinco años de prisión por haber alejado a sus hijos de un padre maltratador.

Otras conquistas republicanas, la patria potestad de sus descendientes y el derecho a la interrupción libre del embarazo se vuelven a poner en cuestión con la propuesta de algunos partidos de legalizar los vientres de alquiler, que supondría negar a las mujeres gestantes su derecho a decidir sobre sus bebes, su cuerpo y su maternidad. Además de servirse de la desigualdad estructural de las mujeres para convertir esta práctica en nicho de negocio que expone a las mujeres al tráfico reproductivo.

La República del Siglo XXI se debe construir sobre las cenizas de los pilares que mantienen aún el régimen del 78 conservador, clasista y patriarcal. Por ello los poderes como el judicial deberán basarse en una justicia que incorpore de manera paritaria la visión de las mujeres, superando la androcéntrica y machista actual.

La II República aprobó la ley del divorcio, una de las más progresistas de Europa. Sin embargo hoy a pesar de que recuperamos el derecho al divorcio, vemos cómo se nos va coartando. La desigualdad y la precariedad laboral que sufren la mayoría de las mujeres junto a la imposición de la custodia compartida, nos sitúa dependientes y vulnerables ante los maltratos.

La República puso en valor los derechos humanos de las mujeres, por ello las republicanas consiguieron que la prostitución, una de las formas de esclavitud que sufrimos las mujeres, fuera abolida por decreto el 25 de junio de 1935. Hasta el momento el cuerpo de las mujeres había sido considerado por la burguesía como una mercancía en venta. Por ello, en la nueva República donde las mujeres y los hombres se relacionen libremente y en igualdad no tendrá cabida la prostitución. Es la permisividad y la tolerancia de la prostitución la que permiten que los hombres de todas las clases sociales tengan al alcance las mujeres de los países pobres, aquellas que son traficadas, aquellas que huyen de las guerras y de las violencias sociales y económicas.

En el 1936, se aprobó la despenalización y legalización del aborto, derecho que sigue cuestionándose por la derecha heredera del nacional catolicismo. En la nueva república, el aborto deberá ser un derecho constitucionalizado.

También en la II República, se incluyeron las trabajadoras domésticas en la “ley de contrato de trabajo” y adquirieron los derechos que integraba la ley. Mientras que en 2019, en España, el 90% de las empleadas de hogar son mujeres, la mayoría inmigrantes sin prestaciones por desempleo ni indemnización por despido.

La nueva República se regirá por una Constitución que pondrá en valor la vida, por lo que todo lo que emane de ella deberá garantizar el reconocimiento de todo el trabajo que la sostiene. Porque es evidente que sin el trabajo de cuidados el mundo se desplomaría.

Uno de los pilares republicanos que se planteó para terminar con siglos de discriminación por razón de sexo o clase social fue la educación pública, mixta, obligatoria, gratuita, activa, laica y solidaria. Pero el Franquismo acabó con ella implantando una escuela autoritaria, sexista y nacional católica, que exaltaba los valores patriarcales y roles del varón amo y señor de la mujer nacida para servirle. Sin embargo estos roles y prejuicios a pesar de los años y el cambio de régimen siguen ocultos limitando y determinando la vida de muchas mujeres. Por ello en la construcción de la República a la que aspiramos, será imprescindible la coeducación en todos los ámbitos de la vida como herramienta de transformación hacia una sociedad más justa e igualitaria.

La República será federal. El modelo de estado óptimo para la construcción de una nueva sociedad más justa e igualitaria. El desajuste actual del poder entre administraciones ha dejado a las administraciones más cercanas limitadas de gasto público. Es necesario un modelo que ponga en valor la vida y asigne más recursos y competencias a las administraciones más cercanas a las personas, a las unidades federadas desde el principio de solidaridad.

Un modelo de Estado con un poder público fuerte, que establezca servicios públicos de calidad y universales, que garanticen el derecho a la educación, la salud, el trabajo, la vivienda, el ocio, y la redistribución de la riqueza y las oportunidades, corresponsable con el trabajo reproductivo invisibilizado, que continúa recayendo sobre las espaldas de las mujeres. La transformación hacia un Estado que promueva el bienestar social, la justicia social y la igualdad.

Llegar a la República no es fácil, pero tampoco imposible. Si seguimos manteniendo la agenda feminista en las movilizaciones y si conseguimos llegar a los gobiernos locales con políticas feministas, la República que queremos estará al alcance de todas.

Publicado en el Nº 325 de la edición impresa de Mundo Obrero abril 2019

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