Quesquesé la cultura

Chirigotas (to be joking)

José María Alfaya 11/04/2019

Qué suerte tenemos en este país de espectáculo que no cesa! El Carnaval va a prolongarse en una pre-campaña electoral que promete jugosas contribuciones al esperpento sobre temas que bien pudiera incorporar el Centro Dramático Nacional a su repertorio y que amenaza con rebosar la capacidad de asimilación del Ruedo Ibérico. Claro que otros prefieren actos en el Teatro de la Comedia ...aunque con poca gracia, la verdad.

Para empezar, tenemos el 8 de marzo, que este año compite contra los resultados de la anterior convocatoria y contra una campaña de vaciado de contenido que la Derecha lanza como botes de humo contra las manifestantes y contra los simpatizantes.

Luego tenemos la confluencia de una Semana de Pasión con la campaña electoral propiamente dicha, o sea, las vacaciones (que con pretexto religioso-cultural ancestral fomenta lo turístico) se nos juntan con un marketing on line que puede producir y difundir curiosos maridajes entre procesiones y mítines. Al fin y al cabo no acabamos de separar la Iglesia y el Estado, de manera que los conflictos entre cofradías de nazarenos de todos los colores matizados pueden solaparse con los rifirrafes entre los líderes de la Derecha por ver quién ocupa el cargo de Hermano Mayor.

En teoría tiene que producirse un feedback entre marcas y usuarios, y aquí viene lo bueno: Todo puede ser medido. Los resultados se obtienen en tiempo real y a través de interacciones de los que entran al trapo. La información siempre es medible y está disponible en cualquier momento. Ya no hace falta que una campaña haya terminado para cambiar o mejorar lo que se está realizando: ¡se puede hacer durante el proceso! Esto significa que hay que tener mucho cuidado con el móvil (que nos espía y chivatea). Hay que planificar cuidadosamente qué recorridos procesionales vamos a efectuar o a qué mítines vamos a asistir porque de ello depende el grado de intoxicación que recibiremos a vuelta de correo por nuestras pantallas.

La cuestión principal es si cada cual cree ser el pregonero absoluto o una simple comparsa en este Carnaval y luego, la capacidad para sumarse a un coro mejor que a un cuarteto. Está claro que nuestros manipuladores del marketing van a echar todos los bytes en el asador, en las fake news o en los Master Chefs de encuestas premonitorias.

"Vivan las risas, que vacunan los dolores con su aroma", ha dicho el pregonero Sabina en Cádiz, para ensalzar un carnaval que "denuncia las mentiras del poder" y "nunca tira la toalla". Yo me sumo a esa petición para lo que venga en abril y mayo, fantástica chirigota que habrá que vivir en la mismita calle, como las que en «Cai» llaman (¡qué significativo nombre!) «las ilegales».

Publicado en el Nº 325 de la edición impresa de Mundo Obrero abril 2019

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