Portavoz del colectivo Madres contra la RepresiónElena Ortega: “La justicia es una herramienta para mantener los pilares del Estado y del régimen” “El objetivo de la represión es desmovilizar a los jóvenes para que se conformen con vivir en la miseria y la esclavitud que nos imponen sin protestar”

Gema Delgado 20/05/2019

La implicación de Elena Ortega en el colectivo Madres Contra la Represión se remonta al 14 de noviembre de 2012. “Era un día feliz de huelga general para mí y toda mi familia. Participamos todos: padres, hijos, hermanos, sobrinos, vecinas… Era una jornada de lucha y de éxito para reivindicar nuestros derechos en contra de los recortes en sanidad y educación, en contra de la reforma laboral, todo lo que veníamos trabajando con manifestaciones y movilizaciones desde el año 2010 consiguiendo unificar fuerzas. Yo ya llevaba tiempo preparándola en la Asamblea por la Huelga General de Vallecas. Estábamos muy implicados, cada uno desde nuestros grupos de organización y combate: Alfon desde el suyo, mi madre desde su grupo y yo desde el mío”. Pero ese día feliz se convirtió en la peor pesadilla de Elena. A las 8 de la mañana una llamada de la policía le comunica la detención de su hijo Alfonso Fernández Ortega, Alfon. Le acusan de llevar explosivos en una mochila. El siempre negó los hechos y calificó el proceso como un juicio político por su militancia antifascista. Su abogado denunció ausencia de pruebas. El resultado: 56 días en prisión preventiva, el primer año de condena en Régimen FIES y una condena de cuatro años de cárcel.

Retrocedemos a aquel día. Elena recuerda el entusiasmo con el que se habían preparado para aquella jornada histórica en el madrileño barrio de Vallecas y cómo de repente les cambió la vida.

MUNDO OBRERO: Aquella jornada de huelga general del 14-N, que contó con una participación del 76,7% según CC.OO., se saldó con cientos de encausados y 155 detenidos, uno de ellos tu hijo. Y algunas personas no fueron detenidas o citadas a declarar hasta días, meses o incluso años después.
ELENA ORTEGA:
La noche previa estuvimos en la sede de Sierra Carbonera (sede del PCE), desde donde saldría el piquete, que en Vallecas es de 600 ó 700 personas, casi una manifestación con gente de todas las edades, y ya vimos especialmente hostil a la policía. Se estaban preparando para no consentir que nunca más fuera tan fácil hacer una jornada de huelga general. Ya por la noche la policía nos advirtió que no fuéramos cerca de los jóvenes por si pasaba algo no tener que intervenir contra nosotros. Y nosotros, claro, hicimos todo lo contrario, pegarnos como una lapa a ellos.

Para un joven de Vallecas, una jornada de huelga general supone que la policía le identifique hasta 18 veces en el camino que tiene hasta que se junta con el piquete informativo. En Vallecas fue un auténtico estado policial, tanto de policía secreta como uniformada.

Madrugamos para ir al piquete de la mañana. Mi hijo se fue a sacar al perro y a buscar a su tío para ir juntos pero ya no volvió.

No te das cuenta de lo que te puede pasar hasta que te pasa. Y eso que vengo de una familia comunista y luchadora. Yo pensaba que vivía en un estado de derecho y en un estado democrático. Y creía que existía la presunción de inocencia.

Enseguida empezaron a decir barbaridades sobre Alfonso en los medios de comunicación. De madrugada llegan a mi casa cinco policías encapuchados a hacer un registro con él esposado. Se lo llevaron a preventiva, alegando además mentiras. Primero dijeron que por alarma social, pero mientras se recurre, a él le tienen encarcelado. Ya le perseguían por ser miembro de los Bucaneros del Rayo vallecano.

En aquellos momentos no tenía ni idea de que hoy día podían suceder estas cosas. Luego he ido viendo que la izquierda alternativa está criminalizada, arrinconada y muy represaliada y que en otros sitios han vivido lo mismo, especialmente en Euskal Herria, con acusaciones falsas.

“Todos los jóvenes están acusados de lo mismo: atentado a la autoridad, desordenes públicos y lesiones. Luego tienes que ir al juicio a demostrar que no lo ha sido así”


M.O.: Denunciáis que vuestras hijas e hijos están siendo sometidos a juicios políticos y que hay una falta de imparcialidad en la justicia.
E.O.:
Todas las madres lo decimos: el Código Penal es brutal y no hay justicia. Hemos estado en muchos juicios en los que la palabra de la policía ya es prueba contra los acusados. No te dejan presentar tus pruebas ni tus testigos. No los aceptan en el sumario previo. Estamos ante una justicia parcial y vengativa, que es una herramienta para mantener los pilares del Estado y el régimen. Todos los jóvenes están acusados de lo mismo: atentado a la autoridad, desordenes públicos y lesiones. Y resulta que no ha habido ni ese atentado, ni esas lesiones ni ese desorden público. Y tienes que ir al juicio a intentar demostrar que no lo ha habido. Pero ellos te están pidiendo tres años y medio de cárcel.

Además de la ayuda de los periodistas necesitamos a las abogadas y abogados. Con el poco margen que tienen, a veces consiguen que los jóvenes no entren en prisión. Por ejemplo, negociando con la Fiscalía antes de entrar en la sala. Pero eso muchas veces supone que la persona encausada tiene que aceptar los hechos a cambio de que sólo les pidan dos años. Y esa aceptación de los hechos queda en la sentencia. El Estado tienen clarísimo lo que tiene que hacer para perpetuar su orden económico, social y su régimen. Lo estamos viendo con los jóvenes de Alsasua, con Bódalo, en Cataluña, en Euskal Herría, con los tuiteros, con los cantantes, en el 15-M, en las Marchas de la Dignidad, en el caso de las 13 rosas de Alcalá de Henares, con mi hijo, con Valtonic, con Boro de la Haine, con sindicalistas... la lista es interminable. Es como decir: no te voy a permitir ni siquiera que me cuestiones. Y si sacas unas urnas te acusan de rebelión.

“La policía tiene sus listas negras. De hecho, cuando se hace una redada se intenta que sea a gente encausada”


Yo se lo digo a los chavales: el objetivo es que no te cojan. En el momento en el que te pongan las esposas ya tenemos para 4, 10, 12 años, porque luego hasta que eso prescribe y llega el juicio... te fastidian unos buenos años de tu vida. Los de Altsasua, por ejemplo, todos estaban trabajando o preparando oposiciones.

M.O.: Las chicas y chicos que están encausados o presos por atentado a la autoridad, desórdenes públicos... comparten un perfil común: jóvenes de clase obrera concienciados políticamente que residen en barrios humildes y que luchan en los conflictos sociales, políticos y laborales.
E.O.:
Ese es el perfil. El de jóvenes sin futuro. Son jóvenes que cuando trabajan lo hacen en condiciones muy precarias: hoy trabajas pero mañana no, este mes te pago pero el próximo no. Mucha gente que ha tenido que dejar los estudios universitarios porque ya no se lo pueden costear. Los padres se quedan sin trabajo y no pueden pagar las tasas.
Cuando he ido recorriendo el país he visto que estos jóvenes congenian mucho mejor con la generación de mi padre, que tiene 82 años y fueron luchadores en los años ochenta por todos los derechos laborales. Y la gente de 80 años entiende mejor lo que está pasando. Es como si continuaran las prácticas franquistas, como si no hubiera habido depuración, el Tribunal del Orden Público se convirtió de un día para otro en la Audiencia Nacional. Los jueces no es que estén aplicando el Código Penal, que ya es brutal, es que tienen esa ideología. En el juicio de Alfonso, y lo hemos visto también en otros juicios, lo único que le preocupaba al juez era su ideología e intentaba demostrarla como si eso fuera un delito. Y el abogado tenía que estar interrumpiendo para decirles que estaban en un juicio penal sobre unos delitos que dicen que ha cometido y no por lo que él piensa o por con quién se junta porque vivimos en un país en que hay libertad de ideología.

“En el juicio de Alfon, lo único que le importaba al juez era demostrar su ideología, como si eso fuera un delito”


M.O.: ¿Cuál es el objetivo de está represión contra los jóvenes?
E.O.:
Desmovilizarles, que la gente se retire de la movilización en la calle, que se conformen con vivir en la miseria y en la esclavitud que nos imponen sin siquiera protestar.
Cuando detienen a estos jóvenes en movilizaciones y redadas se quedan con medidas cautelares, que puede ser ir a firmar cada semana o 15 días e informar de los movimientos que hagan. Quedan a la espera de juicio y si les vuelven a detener por cualquier cosa se lo acumulan en el proceso y eso dificulta la defensa y el que puedan evitar ir a la cárcel. La policía tiene sus listas negras. De hecho, cuando se hacen redadas se intenta que sea gente encausada. Con eso ya tienen neutralizados a miles de jóvenes que ya se tienen que pensar si van a una manifestación, a un piquete de huelga…. Porque no pueden arriesgarse a volver a ser identificados y detenidos. Las detenciones y los juicios siempre son por problemas políticos. Son chivos expiatorios.

Salen en los medios de comunicación acusándoles poco menos que de criminales, minándoles el terreno laboral, personal, la convivencia con los vecinos.
Conozco muchos jóvenes que no pueden tener una cartilla en un banco ni nómina porque están pendientes de juicios y tienen multas de miles de euros que no pueden pagar. Y así hay miles de jóvenes en el Estado español. Ojalá un día pudiéramos juntarles para que lo cuenten.

“Conozco muchos jóvenes que no pueden tener una cartilla en un banco ni nómina porque están pendientes de juicios y tienen multas que no pueden pagar”


Yo he visto cómo han abierto cabezas a chavales del 15-M en el Reina Sofía, porque se creían que por sentarse y mover las manos nos les iba a pasar nada. Y luego cuando les hemos ido a sacar de la comisaría de Moratalaz decían “en mi vida me vuelvo a sentar...”

Inma y Miguel, de las Marchas de la Dignidad están en espera de juicio y con peticiones de cárcel de 7 y 8 años. Todavía no tienen fecha de juicio. Espero que prescriba, aunque no sé lo que va a pasar; hay policías que están esperando sus indemnizaciones y en eso son implacables, porque hay altas compensaciones y no renuncian a su parte de lesiones.

M.O.: Cuando habláis de represión habláis de mucho más que de la acción de las fuerzas de Seguridad del Estado ¿Qué es represión para vosotras?
E.O.:
Represión son los desahucios, no tener trabajo, los recortes en Sanidad, Educación, Servicios Sociales. Eso es violencia institucional. A mi me hace mucha gracia cuando dicen: es que no hay que ser violentos, hay que educar en la no violencia... Trabajo en un instituto de enseñanza media en Vallecas y veo las carencias tanto afectivas como materiales que tienen muchas niñas y niños. Y la angustia con la que viven sus familias, y las madres que les crían ellas solas. Eso es violencia. Esos niños están en inferioridad de condiciones respecto al resto de la sociedad. Y desde chiquititos están aprendiendo que para ellos no va a haber ninguna oportunidad. Y muchas veces la carencia afectiva viene de la mano de la carencia económica. A esa mujer que se pasa el día haciendo camas en un hotel y la pagan una miseria que no le alcanza para llenar la nevera hasta final de mes, que llega extenuada a casa... encima le están diciendo en todas partes que es una mala madre, en el colegio, en la tele, los vecinos... y los servicios sociales la amenazan hasta con quitarle los niños. Lo que tendrían que hacer es ocuparse de que esas familias tengan los medios necesarios para cubrir la necesidades básicas de los niños, en lugar de señalarles como irresponsables que no están educando bien a sus hijos. Eso también es violencia institucional.

“Hemos estado en muchos juicios en los que la palabra de la policía ya es prueba contra los acusados. Y no te dejan presentar tus pruebas ni tus testigos”


M.O.: ¿Qué papel juega la solidaridad en casos como los de vuestros hijos?
E.O.:
Es fundamental. La represión se combate con la solidaridad. En nuestro caso enseguida se activó la solidaridad y se vio la necesidad de dar una respuesta contundente: teníamos que romper el muro mediático y crear nuestro propio relato. En esto ayudó bastante Tele K. También tuvimos claro que teníamos que manifestarnos y llegar a las instituciones y a los políticos para que reivindicaran la libertad de Alfon. Se crean plataformas de solidaridad. Lo mismo que sucede en otros casos como en los jóvenes de Alsasua (ver MO nº 319 septiembre 2018). La gente responde.

Al día siguiente de la detención de Alfon se convocó una asamblea de todos los colectivos y organizaciones del barrio porque teníamos un detenido y lo que estaban contando no era verdad. El caso desató una gran ola de solidaridad en forma de manifestaciones, conciertos, actos de todo tipo y el apoyo de números colectivos, del PCE, de IU, de Podemos, de asambleas del 15-M, de sindicatos de base, de activistas y de personalidades del mundo de la cultura, que se ha prolongado durante estos años. Igual que en otros casos.

“Represión también son los desahucios, no tener trabajo, los recortes en Sanidad, Educación, Servicios Sociales. Eso es violencia institucional”


M.O.: ¿Cómo trabajáis desde Madres contra la Represión?
E.O.:
Cuando detienen a alguien vamos a la puerta de las comisaría y de los juzgados a estar con las familias que no entienden lo que está pasando, por qué han detenido a sus hijos y por qué les tratan casi de terroristas. Vamos a abrazarles, a que lloren en tu hombro y luego si quieren hablamos. También vamos a otras localidades en las que hay familias que sufren casos parecidos y vemos cómo enfrentar esta realidad de la forma lo más digna posible tanto para el represaliado como para la familia y sus amigos.

En estas situaciones, además de ayuda emocional hace falta apoyo económico. La represión genera muchos gastos. Hacemos las cajas de resistencia para conseguir fondos, ayudar con los gastos de los juicios y que los presos puedan tener cubiertas sus necesidades. Y a su vez, los conciertos para recaudar dinero, las charlas y todas la actividades nos ayudan a relacionarnos.

Hemos aprendido sobre la marcha. Vas viendo las necesidades y dónde hay que poner la atención, que es en comunicación, en concienciación, en finanzas, en formación. Todo lo que haces en la lucha antirrepresiva es para resistir. Estás siendo atacado por la violencia y el aparato del Estado y tienes que resistir y defenderte. Pero sobre todo resistir porque el objetivo es anularte, liquidarte.

Yo, los consejos que doy a los padres que se encuentran en esta situación y están preocupados porque sus hijos están militando en organizaciones alternativas, es que no les dejen solos. Les digo: Acompañarles en la lucha. Cuando un joven, hoy en día, con la invasión ideológica de individualismo y consumismo que impera en esta sociedad capitalista, decide enfrentarse a la injusticia de este sistema y lucha por la justicia social, lo que tenemos que hacer es aprender de ellos. Acércate a él o ella, acompáñale a donde vaya y deja que te diga con quién tienes que hablar. Una vez que un hijo o hija tuya ha decidido luchar contra el orden establecido, luchar por la justicia y las libertades de su clase o de todos los seres humanos, no tienes que tener miedo. Tienes que ponerte codo con codo con tu hijo o hija y decir: estoy orgullosa de él y vosotros queréis criminalizarle, y queréis perseguirle porque lleva piercing, o cresta o tatuajes, porque ha elegido una estética para desafiaros y decir no le gusta esto y no quiero ser como vosotros.

Algo que me ha dado mucha felicidad en estos años ha sido estar al lado de la juventud con toda su generosidad y entrega, toda su inteligencia puesta al servicio del bien común. Es que es increíble que haya gente así.

M.O.: Para acabar, ¿Cómo está Alfon?
E.O.:
Alfon está en tercer grado y empezando a reconstruir la vida que dejó. Está fuerte, más sabio porque ha leído y estudiado muchísimo y más fuerte ideológicamente. Ha hecho lo que han hecho los revolucionarios toda la vida: prepararse y formarse en la cárcel.

Estos años han sido una obsesión por mantenerle para que no se hundiera, como hacemos todos los padres… tratar de que hablara y le visitaran las personas adecuadas.

A Alfon le ayudó muchísimo Marcos Ana cuando le escribía y hablaba con él en aquellos días en los que sólo podía tener una comunicación telefónica de 5 minutos. Alguno de esos días fui a casa de Marcos Ana, para que fuera él quien hablara con Alfon. Cuando mi hijo entró en prisión una amiga le regaló el libro ‘Decidme cómo es un árbol’. Cuando mi hijo lo leyó, flipó y dijo: bueno, si este hombre ha aguantado todo esto, yo también puedo aguantar lo que me echen.

Publicado en el Nº 326 de la edición impresa de Mundo Obrero mayo 2019

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