Ni dios ni amo

Autonomías El summun es ver bajo una misma bandera a asalariados y parados, a la clase oprimida, codo con codo con la burguesía cristiana catalana.

Benito Rabal 23/05/2019

Posiblemente algún compañero o compañera se enfade conmigo por lo que sigue a continuación. Si es así, le pido disculpas y le invito a corregirme. Lo que voy a contar es una mera reflexión, sin ánimo de ofender o menoscabar la importancia de uno u otro territorio de nuestra península.

Como aquí hemos caído directamente del algarrobo al todo terreno, sin pasar por una reforma agraria o revolución burguesa – hubo una sí, la social, abortada por el capitalismo internacional en forma de fascismo – tenemos, entre muchos otros, un problema endémico sin resolver y es el del territorio. La solución es sencilla, una República Federal. No descubro nada nuevo. Varios lo intentaron y todos se dieron de bruces con la eterna caverna auspiciada históricamente por aquella pareja de genocidas llamados Isabel y Fernando.

El caso es que al abordar la Transición – esa que nunca acaba de transitar – se intentó poner un parche con el llamado Estado de las Autonomías. Era evidente que Euskadi y Catalunya pedían, con todo el derecho, un sitio preferente y entonces, como conejo salido de la chistera, surgió la idea de dividir el país en pequeños reinos de taifas y así quitar hierro a las reivindicaciones históricas. Nacieron ridiculeces tales como la Comunidad de Madrid o aberraciones como la Rioja, sin tener en cuenta las diferencias culturales y lingüísticas. Se suponía, y eso es lo que se vendió, que era una manera de descentralizar la Administración. En parte así fue, pero el resultado tras cuarenta años, es un chorreo de cargos, erarios y sobre todo, enfrentamientos y sinsentidos.

En la península hay varios países. Eso es innegable. Pero según mi corto entender son Euskal Herria (Nafarroa y parte de La Rioja incluidas), Els Paisós (Catalunya, Valencia menos el sur de Alicante, parte de Aragón y Baleares), Al Andalus (con lo que queda de Alicante, Murcia y Extremadura), Galizia (con su parte de León) y el resto, Castilla y Aragón. Tengo la duda de Asturias, pero seguro que los asturianos sabrán resolverlo como siempre han hecho. Incluso podrían juntarse con Cantabria, ya que ambos albergan en su origen pueblos autóctonos. Canarias es África, pero son bienvenidas. Ceuta y Melilla, se siente, es territorio de Marruecos. Otra cosa es que si quieren, pero la población, no sólo el retén militar, se queden dentro del país Andalusí.

Este es el reparto lógico y que evitaría estupideces tales como que existe el catalán y el valenciano, que es algo así como asegurar que el castellano y el español – Latinoamérica incluida – son dos lenguas diferentes. U otra peor, que es la que interesa al Capital y que, bajo la engañifa electoral, vale más el voto de una monja de clausura, pongamos de un pueblecito de Ávila, que el de cien habitantes de Madrid, pongamos cien indignados habitantes.

¡Y ya el summum! Ver bajo una misma bandera a asalariados y parados, a la clase oprimida, codo con codo con la burguesía cristiana catalana, en vez de luchando por el fin de la explotación que es lo que teníamos que hacer. Claro que lo mismo sucede en el resto de la península con lo de la soberanía nacional y la banderita de marras.

Dicho todo esto, que quede claro, no tengo más patria que la Humanidad.

Publicado en el Nº 326 de la edición impresa de Mundo Obrero mayo 2019

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