Los nazis instruyeron a la policía española a petición de FrancoAntonio González Pacheco, uno de los símbolos del terror franquista Se trataba de organizar el exterminio metódico planificado, desde 1939 hasta 1977, de las organizaciones políticas y sociales que apoyaron a la República.

Willy Meyer 28/05/2019

Más conocido como “Billy el Niño” por su facilidad para alardear de su pistola en público y en los interrogatorios, fue uno de los policías de la Brigada Político Social (BPS) que más se caracterizaron por su brutalidad y protagonismo activo en la represión contra la oposición democrática a la dictadura franquista. El aparato represivo, jurídico-forense-policial, necesitaba tener en cada provincia personas dispuestas a sembrar el terror a los protagonistas del núcleo central de la oposición a Franco, es decir al movimiento obrero, estudiantil y a la cultura comprometida con las libertades.

Así, en Asturias Pascual Honrado de la Fuente; en el País Valenciá Benjamín Solsona, alias “el Galleta”; Roberto Conesa, uno de los más veteranos (desde 1939), responsable de la detención de las 13 Rosas; los hermanos Creix, Antonio Juan y Vicente Juan, el primero llegaría a ser jefe de la BPS en Barcelona; Algar Barrón y Celso Galván, este último implicado en la muerte de Enrique Ruano, estudiante de Madrid; Manuel Ballesteros, que pasó de torturador en Valencia a ser uno de los artífices del terrorismo de estado durante el gobierno de Felipe González. Estos policías eran solo una parte ínfima del aparato de la BPS. Desplegado por toda España y con una red de confidentes introducidos en todos los movimientos de oposición, asumía el papel principal de perseguir, detener, torturar a todas las personas que destacaban en su oposición al régimen.

La organización del terror comenzó a planificarse en 1937 en plena Guerra de España, cuando los golpistas solicitaron ayuda al Régimen Nazi para instruir a la policía española.

Bajo la dirección de Heinz Jost, coronel de las SS (sentenciado a muerte en los juicios de Nüremberg), se desplazó un equipo a Valladolid en 1938, incorporándose al Ministerio de Orden Público dirigido por el general Severiano Martínez Anido. En ese mismo año, Heinrich Himmler, líder de las SS, suscribió con Anido un convenio hispano-alemán de cooperación policial que facilitaría a la Gestapo (Policía Secreta del Estado)la repatriación de judíos, comunistas y socialistas alemanes que combatieron en las Brigadas Internacionales. Dos años más tarde, el propio Himmler, de visita en España, mandató al diplomático y jefe de la Gestapo en España, Paul Winzer (conocido por Walter Mosig), el asesoramiento e instrucción de la nueva policía secreta española, que se efectuó hasta 1944. La Brigada Político Social se crearía formalmente en 1941 con un patrón de funcionamiento copiado de la policía nazi y con los mismos objetivos: exterminar de raíz cualquier forma o expresión contraria a los gobiernos respectivos, con funcionarios dispuestos a emplear la tortura sistemática o la aniquilación física.

En España, se trataba de organizar el exterminio de cualquier rastro, tanto de las instituciones republicanas, como de las organizaciones políticas y sociales que apoyaron a la República. Un exterminio metódico, planificado y ejecutado desde 1939 hasta 1977.

En ese contexto, Antonio González Pacheco, adscrito a la BPS de Madrid, destacó por ser una pieza importante en los intentos de desarticular al movimiento obrero organizado, fundamentalmente las Comisiones Obreras y al movimiento estudiantil, que en Madrid, se convirtieron por su capacidad de movilización en un verdadero quebradero de cabeza para el régimen. Junto a Saturnino Yagüe, comisario jefe en los años setenta, los nombres de Delso, Gelabert, Sainz, junto a “Billy el Niño”, se asocian a una Dirección General de Seguridad, actual sede del gobierno regional de Madrid, como centro de terror para las decenas de miles de hombres y mujeres que pasaron literalmente por sus manos. Las palizas, torturas o “falsas ejecuciones” formaban parte del modus operandi de la BPS para conseguir arrancar delaciones o admitir responsabilidades en las personas detenidas para poderlas procesar conforme a las leyes franquistas.

Si cabe, González Pacheco se caracterizaba por su omnipresencia a la hora de desarticular organizaciones tanto en Madrid como fuera de Madrid. Se jactaba de haber participado, durante los Estados de Excepción declarados por el régimen en los años setenta, en la desarticulación de la huelga de campesinos del Marco de Jerez o en la detención de antifranquistas vascos. Una investigación rigurosa e imparcial de los asesinatos de los abogados de Atocha a buen seguro que hubiese relacionado a los asesinos directos con la BPS y dentro de ella a González Pacheco.

Muchos de los torturados por González Pacheco, hombres y mujeres, han interpuesto denuncias en los tribunales ordinarios para que se haga justicia conforme al derecho y convenios internacionales suscritos por España en relación a la Verdad, Justicia, Reparación y Garantía de no Repetición de las víctimas del franquismo. La respuesta, al día de hoy, de los tribunales es inadmitirlas, aduciendo que los delitos de tortura de González Pacheco están recogidos en la Ley de Amnistía de 1977 cuando, conforme al derecho internacional ese delito, al formar parte de una política de exterminio sistemático, es un delito de lesa humanidad y por tanto no puede ser de aplicación la Ley de Amnistía.

Del resultado de las elecciones generales dependerá si el Estado asume de una vez por toda su responsabilidad de garantizar la Verdad, la Justicia y Reparación a todas las personas de la Resistencia que fueron asesinadas, desaparecidas, encarceladas, torturadas, depuradas o exiliadas. Será entonces cuando González Pacheco tenga que rendir cuentas ante la justicia. Será entonces cuando España dejara de ser la anomalía europea de entre los estados que padecieron el fascismo o el nazismo al garantizar la justicia a la Resistencia.

Publicado en el Nº 326 de la edición impresa de Mundo Obrero mayo 2019

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