La Retranca

Su prolija actividad institucional (ocho actos en 2018) le deparó un sueldo anual de 194.232 euros: una calderilla para ir tirandoEl eterno cinismo del Borbón franquista Juan Carlos el Intocable. Nadie investigó la farsa de golpe de Estado del 23-F, ni sus negocios turbios, ni se han hecho públicas su vida licenciosa y sus lujos desmedidos.

Dolores de Redondo 21/06/2019

El anuncio por parte del rey emérito de su renuncia a la vida pública no deja de ser un nuevo ejercicio de cinismo por parte de quien lleva desde noviembre de 1975 cachondeándose del personal. “Con una firme y meditada convicción, hoy te expreso mi voluntad y deseo de dar este paso y dejar de desarrollar actividades institucionales, a partir del próximo 2 de junio”, afirma en la carta destinada a su hijo Felipe VI. Y siguiendo el guión borbónico de no dar palo al agua, su último acto público consistió en una corrida de toros celebrada en homenaje a su madre, lo cual ha deparado hermosos titulares como el de El Español: “La plaza de toros en pie por Juan Carlos: el rey corta dos orejas y el rabo en su adiós en Aranjuez”. Emocionante.

Eso sí, aún sin actividad pública seguirá manteniendo su condición de miembro de la Familia Real, su consideración como rey de forma vitalicia para "plasmar la gratitud por décadas de servicios a España", conservará su status de aforado y continuará como capitán general de las Fuerzas Armadas en la reserva. Su prolija actividad institucional (ocho actos en 2018) le deparó un sueldo anual de 194.232 euros: una calderilla para ir tirando.

Cuando fue proclamado rey le apodaron El Breve, pero nos lo hemos tragado como monarca titular desde el 22 de noviembre de 1975 hasta su abdicación el 2 de junio de 2014, aunque desde entonces continúe chupando banquillo. Ahora, él mismo ha pedido quedar fuera de la convocatorias, después de toda una vida dedicada a disfrutar del erario público; desde que los señores yanquis decidieron que lo mejor para el futuro del más importante punto geoestratégico de Europa sería la Restauración monárquica, y un proceso de reforma democrática que garantizase el principio lampedusiano de cambiarlo todo para dejarlo todo igual.

Para ello, toda su vida fue programada como una especie de versión política de El Show de Truman. Nacido en Roma el 5 de enero de 1938, cuando en España se desarrollaba la guerra, su bautizo se celebró en la capilla de la Orden de Malta, oficiando la ceremonia el anticomunista cardenal Eugenio Pacelli, quien un año después se convertiría en Pío XII, el papa cómplice de los nazis. Para su regreso a España le prepararon un internado de educación primaria (lo de educación primaria va sin segundas) a dieciocho quilómetros de Madrid, compartiendo curso con dos tipos de estudiantes seleccionados ex profeso bajo dos criterios: bien por su extracción nobiliaria, o bien por poseer los expedientes más brillantes.

En 1953, cuando ya tenía quince años, el conde de Fontanar escribió sus observaciones sobre el príncipe y realizó uno de los mejores retratos sobre las características más definitorias del futuro rey: “Irreflexivo. Voluntarioso. Egoísta. Superficial. Poco capaz de molestarse lo más mínimo por hacerse amable. No tiene interés sino por la diversión. Cree que todo le es debido. Si está aburrido lo manifiesta sin disimulo alguno. Se pelea con su hermano siempre que puede, en público”. El conde consideraba obligado infundir en él “urgentemente y en dosis masivas” un curso intensivo de formación, y recomendaba encuadrarlo en un centro disciplinado y duro. De hecho, tras terminar el bachillerato en 1954, pasa por varias academias militares hasta 1959.

El 29 de marzo de 1956, en jueves santo, asesinó a su hermano con un disparo de pistola entre ceja y ceja. Por gestión del gobierno franquista con el portugués no hubo autopsia, ni informe médico forense, ni se abrió ninguna investigación. Todas sus fechorías le han salido gratis a lo largo de su vida porque el Estado ha sido siempre suyo. Nadie investigó la farsa de golpe de Estado del 23-F, ni sus negocios turbios, ni se han hecho públicos su vida licenciosa y sus lujos desmedidos. Más recientemente, la Sala Segunda del Tribunal Supremo ha archivado la querella interpuesta por IU, el PCE y el foro de Abogados y Abogadas de Izquierdas por su papel protagonista en las cloacas del Estado. Juan Carlos el Intocable.

Ahora ha dicho que deja la vida pública. Si hubiese justicia real se retiraría a una incómoda mazmorra donde pagar sus desmanes.

— Y digo yo... ¿aquí no haría falta una Revolución?

— Y luego, ¿por qué me lo preguntas?

Publicado en el Nº 327 de la edición impresa de Mundo Obrero junio 2019

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