El tren de la memoria

En realidad la huelga de Puertollano de 1962 empezó en las minas de Asturias y se fue extendiendo como una mancha de aceiteLa 'Huelga de los treinta duros' Se aplastó la revuelta, hubo detenciones, despidos... Pero se inició un camino imparable en la lucha contra la dictadura franquista. No fue en vano. Se lograron mejoras que el régimen disfrazó como subidas a la producción del carbón.

Mariano Asenjo Pajares 26/06/2019

“Carmela hablaba para toda la cuenca minera (…) la multitud presionaba por cuarta vez las barreras metálicas. Iban sacando cadáveres.”
(Armando López Salinas, ‘La mina’).

En la prensa oficial de aquellos días (mayo de 1962) ningún rastro hallamos del asunto que hoy recordamos en el ‘Tren de la memoria’. Un repaso ligero a los titulares destacados de esas fechas emanan el inequívoco aroma de otros tiempos, vinagre y naftalina: “El retrato del jefe del Estado, pintado por Gabriel Morcillo”; “La peste porcina en trance de desaparecer”; “Posible proceso de beatificación de Isabel la Católica”; “Bellezas de toda España salen para Mallorca para la elección de Miss”, y en este plan…

Ninguna noticia, en cambio, de un hecho ocurrido también hace 57 años, el 9 de mayo de 1962, cuando los mineros de la Sociedad Minera y Metalúrgica de Peñarroya, de la cuenca de Puertollano (Ciudad Real) y su comarca iniciaron una movilización, en principio un encierro de trabajadores en los pozos y al que en días sucesivos se habrían de sumar los trabajadores de la fábrica de la Empresa Nacional Calvo Sotelo (ENCASO), la actual Repsol, así como los talleres metalúrgicos, obreros de la construcción y otros sectores de la ciudad, alcanzando un paro de 12.000 trabajadores, la mayor movilización obrera que tuvo lugar desde la República. Aquella ha quedado para la historia del movimiento obrero como la ‘Huelga de los treinta duros’.

La denominación de ‘Huelga de los 30 duros’ (ciento cincuenta pesetas de las de entonces) responde a la reivindicación de los mineros puertollanenses que reclamaban un salario de 150 pesetas, aunque el verdadero trasfondo era la exigencia de un cambio profundo en las condiciones laborales para el sector minero. Pese a que el derecho de huelga estaba prohibido en plena dictadura franquista, el movimiento obrero de la comarca secundó un paro que se extendió a lo largo de aproximadamente una semana, si bien algunos historiadores hablan de hasta diez días.

En realidad la huelga de Puertollano empezó en Asturias. El 6 de abril de aquel 1962 siete mineros del Pozo San Nicolás, conocidos como "los siete de Nicolasa", decidieron elevar su reclamación de un mejor salario negándose a entrar en la mina. Su despido provocó inmediatamente una cadena de solidaridad tal, que la huelga se fue extendiendo como una mancha de aceite, primero por toda la cuenca del río Caudal, luego por la del río Nalón, más tarde alcanzó a la mina de La Camocha en Gijón, y poco a poco… Dos meses después se calcula que pudieron llegar a 300.000 trabajadores por toda España los que retaron a la dictadura.

CCOO de Castilla-La Mancha está recordando aquel episodio del movimiento obrero. Resulta inevitable valorar, asimismo, el papel jugado por el PCE como factor de extensión y resistencia al franquismo y su apuesta por construir un movimiento de oposición sociopolítico que expresara la contestación laboral y social ante tanta penuria, tanta desigualdad y la falta de libertad. La huelga fue liderada por hombres arrojados, comprometidos, exigentes, que constituyeron “la Comisión Obrera” en cada empresa, que fraguaron un crisol de solidaridad y exigencia.

Se aplastó la revuelta, hubo detenciones, se señalaron a trabajadores, se despidieron a otros; se les mantuvo en estrecha vigilancia para privarles finalmente del empleo. Pero se inició un camino imparable en la lucha contra la dictadura franquista. No fue en vano. Se lograron mejoras, aunque el régimen las disfrazara en el BOE como subidas a la producción del carbón, y se continuó cimentando la lucha colectiva de los trabajadores.

Siguió la lucha y dos años después se desató otra contestación laboral, la semilla estaba sembrada y, aunque clandestinamente, se constituyeron las primeras CCOO de la comarca de Puertollano. Se celebraron elecciones sindicales en 1966, al amparo de la ley de Solís Ruiz, y se presentaron candidaturas que claramente identificaban a sus componentes con el sindicato, y se ganó, además, la Presidencia y la Secretaría del Sindicato Nacional del Combustible en la provincia de Ciudad Real.

Figura destacada es Pedro Ruíz García, histórico dirigente que participó en aquella huelga de mayo de 1962, se destacó con otros compañeros en aquellos días, que constituyó las primeras CCOO y sufrió un largo y doloroso periplo en la dictadura, volvió a su empresa en aplicación de la Ley de Amnistía con la llegada de la Democracia, “Luchando se obtiene una recompensa tan grande como la victoria: el placer del combate”. Otra pasta.

Publicado en el Nº 327 de la edición impresa de Mundo Obrero junio 2019

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