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La eterna espera No estaría mal en relación a la Memoria Democrática, avanzar en la modificación de la ley 52/07 para adecuar el marco general a lo avanzado en las diversas comunidades que cuentan con normativa propia, además de garantizar su aplicación.

Asociación Foro por la Memoria Democrática 01/07/2019

Aún sin conocerse la composición del nuevo gobierno en España, no estaría del todo mal que, como ya afirmaba el anterior gabinete Sánchez y su pretendida apuesta por la intervención positiva en lo relacionado con la Memoria Democrática, se fuera avanzando en la modificación de la ley 52/07 para, entre otras cosas, adecuar el marco general a lo avanzado en las diversas comunidades que ya cuentan con su propia normativa, además de garantizar su aplicación -y, por tanto, que desde la administración central se elabore política pública- y neutralizar dos situaciones que no debemos olvidar: la de aquellos territorios que no cuentan con la suya propia y la de aquellos que, teniendo, pudieran ser objeto de su no aplicación o desarrollo debido al color político de sus respectivos gobiernos autonómicos.

Una nueva norma que evite situaciones como la vivida en la televisión pública extremeña durante la última campaña electoral, que aún teniendo ya precedente en otras medios de comunicación públicos, no deja por ello de ser un ataque a la verdad democrática de nuestro pueblo: el candidato de Vox tildó de infame la recién aprobada ley autonómica porque penaliza la exaltación de la dictadura y de quien la dirigió, una vez hecha alabanza de la misma en su intervención, abogando además por su derogación en el caso de tocar gobierno en aquella comunidad.

Mientras, el cambio municipal tras las elecciones en Guadiana del Caudillo (Badajoz), parece que va a hacer posible la modificación de toponimia en uno de los escasos pueblo de toda España que aún conservaban en ella vestigios franquistas. El nuevo alcalde se ha comprometido a retirar cualquier vestigio relacionado con la dictadura, comenzando por el nombre de la localidad, que pasará a llamarse simple y llanamente Guadiana, y así hacer cumplir la ley.

Al tiempo que escribimos estas líneas asistimos al enésimo capítulo del sainete mediático en que se ha convertido la exhumación del general Franco de la basílica de Cuelgamuros, y que está dando un exceso de relevancia a actores, que debieran no ser más que de figuración, como el abad del monasterio, la fundación Francisco Franco o la familia del propio dictador. Con seguridad habrá más de lo mismo hasta que llegue este MO a vuestras manos, pero llega la noticia de que se avanzaban, en este momento, con las obras de adaptación de la capilla del cementerio de El Pardo (Madrid) para reinhumar los restos junto a los de su esposa y bisnieto, Carmen Polo y Francisco de Borbón Martínez Bordiú, y cerca de los que fueran amigos y colegas: Luis Carrero Blanco, Carlos Arias Navarro y el tirano dominicano Rafael Leónidas Trujillo, al que condecoró con la Orden de Isabel la Católica, para premiar la lealtad acrisolada y los méritos contraídos en favor de la prosperidad de aquellos territorios (1954) y con la de Carlos III (1947).

El Tribunal Supremo será el encargado de dar por finalizado el proceso o de mantener sine die el traslado de los restos a Mingorrubio -que es como se llama en realidad el cementerio de El Pardo- y, por tanto, la ridícula astracanada que nos asiste desde hace ya meses.

Terminamos parafraseando a la historiadora Mirta Núñez: el trabajo en memoria nos aporta y nos explica mucho. Nos permite analizar qué ha pasado; la pervivencia de parte de las élites; el retraso de España en diversos ámbitos y qué lo provocó. Seguiremos trabajando para corregir retrasos y recuperar nuestra historia y a las mujeres y los hombres que la protagonizaron.

https://bit.ly/31dpRtk
https://bit.ly/2ZcFuPR

Publicado en el Nº 327 de la edición impresa de Mundo Obrero junio 2019

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