Destrucción subvencionada de nuestra flota por parte de la Unión EuropeaLa pesca, la industria local y la soberanía alimentaria frente al monocultivo del turismo Grandes áreas de nuestro litoral sufrieron la marginalidad económica abriéndose paso como vía de subsistencia el contrabando, la economía sumergida y toda la degradación social y cultural aparejada.

Damián García. Secretario de Conflictos y Sectores Estratégicos Área de Movimiento Obrero del PCE 07/07/2019

Hasta finales de los 70 y principios de los 80 del pasado siglo, nuestro país era uno de los principales extractores de recursos pesqueros del mundo. Miles de trabajadores desempeñaban su actividad directamente como tripulaciones en las flotas de buques congeladores por todo el mundo y otros tantos lo hacían en las flotas que centraban su actividad en la pesca artesanal y de bajura. Además de esto, había miles de puestos de trabajo que se concentraban en las localidades y pueblos del litoral vinculados a la flota pesquera: industria conservera, transporte y distribución de productos del mar, astilleros de medianas y pequeñas dimensiones que hacían las reparaciones y el mantenimiento, además de construir nuevos buques, con todas sus actividades auxiliares aparejadas.

Con la incorporación de España a la UE, el salvaje proceso de desindustrialización de nuestro país que perpetraron los Gobiernos del PSOE y que afectaron a todos los sectores de la producción en mayor o menor medida, y el sometimiento de nuestra flota pesquera al yugo de la Política Pesquera Comunitaria, se dio un golpe mortal a un sector productivo muy importante y estratégico para los pueblos, ciudades y comarcas de todo el litoral español.

La destrucción subvencionada de nuestra flota por parte de la Unión Europea, la imposibilidad de nuestro país para negociar con terceros países al margen de la UE para el aprovechamiento de caladeros en ultramar, el sometimiento de nuestra flota a una política de “cuotas extractivas” infame en la que se favorecía desde Europa a otras flotas pesqueras como la francesa y la competencia entre flotas de nuestro propio país por tener un porcentaje mayor de las cuotas miserables asignadas a España entre otros motivos dieron al traste con el sector pesquero español y con el impacto directo e indirecto que tenía sobre capas importantes de la población.

Grandes áreas de nuestro litoral sufrieron la marginalidad económica tras el declive de nuestro sector pesquero que constituía el motor de muchas de esas economías, abriéndose paso como vía de subsistencia en muchas de estas zonas el contrabando, la economía sumergida y toda la degradación social y cultural aparejada de este cambio salvaje perpetrado en apenas una década, y que fue aparentemente subsanado por el espejismo del boom de la construcción, el hiper desarrollo del sector turístico y hotelero y la afluencia de masas de población del interior que huían a la zona litoral en busca de empleo.

Este monocultivo del sector turístico y hotelero se basa en la precariedad laboral salvaje, en la construcción de infraestructuras sufragadas por parte del Estado (transferencia de las rentas del trabajo a las rentas del Capital) y un impacto ambiental salvaje sobre nuestras costas con la destrucción de nuestro patrimonio natural y nuestros recursos.

El impacto sobre nuestra soberanía alimentaria es claro en tanto que dejamos de producir y extraer recursos pesqueros y esto se ha traducido principalmente en dos cuestiones: una caída del consumo del pescado por persona y año, el consumo de frescos es cada día más caro e inaccesible para las familias, y la sustitución del consumo de pescado y productos del mar de proximidad por otros de escasa calidad, bajo precio e impacto ambiental salvaje procedentes sobre todo de Asia.

Frente a esto el PCE propone abordar el debate sobre este sector estratégico en base a las siguientes cuestiones:

• Negociación de España con la UE sobre la PPC (Política Pesquera Comunitaria) en base a la cuestión de las cuotas pesqueras, teniendo en cuenta que estas deben responder a las necesidades de consumo de nuestro mercado interior y no a los intereses creados y los conflictos con otras flotas europeas.

• Recuperación de nuestra capacidad de negociación con terceros países al margen de la UE para el uso de caladeros pesqueros extranjeros.

• Partiendo de la base de que son necesarias las paradas biológicas para defender la biodiversidad en nuestras aguas y de las especies marinas autóctonas, estas paradas no pueden ser llevadas a cabo y sufragadas a costa de las malas condiciones salariales de los trabajadores del sector.

• Es prioritaria la recuperación del sector de la Construcción Naval tanto a gran escala como a pequeña en los niveles territoriales. El desarrollo de nuestro sector pesquero es esencial para la recuperación de la construcción naval de mediano y pequeño tamaño de raíz local o regional. Para ello lo que proponemos es la reapertura de instalaciones de astilleros participadas por el Estado y que se abran líneas de crédito blandos para hacer una “Plan Renove” de nuestra flota pesquera, mantenimiento y mejora de estos barcos y construcción de nuevos buques. De esta forma no solo potenciamos nuestro sector pesquero local, sino que también estamos volviendo a reabrir un sector importante y estratégico como es la construcción naval y sectores aparejados de Industrias auxiliares como la metalúrgica, electricidad, mecánica y otros que van aparejados a la actividad de la construcción y el mantenimiento naval.

• Relanzar la industria conservera y el procesado de productos del mar.

Es tiempo de lanzar una propuesta para nuestro sector pesquero de intervención y planificación estratégica y democrática. No existirá un nuevo país sin un nuevo modelo productivo que podamos construir de acuerdo con los territorios y la clase trabajadora implicada en este sector. Es tiempo de tejer alianzas con nuestra clase y poner en marcha un nuevo modelo.

Publicado en el Nº 327 de la edición impresa de Mundo Obrero junio 2019

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