A los Tratados constitutivos de la UE le estorban las soberanías nacionales y las conquistas expresadas en las Constituciones NacionalesApuntes autocríticos para una aproximación a la realidad

Willy Meyer 30/07/2019

Lo que no debería estar en discusión

En la actual coyuntura del desarrollo capitalista e imperialista, su actual, e indiscutible hegemonía, está dispuesta a defenderla utilizando todos los medios a su alcance, incluido el recurso a la guerra imperialista, para garantizar la acumulación del capital y el poder de una minoría, de una élite económica. Esa élite es la que realmente dirige los destinos de la humanidad al margen de la democracia real y de la soberanía de los Estados. En esta fase, en el entorno geopolítico de la Unión Europea, el capitalismo, en su expresión de los Estados Liberales, aceleró la concentración del capital en el contexto de la mundialización de la economía, atacando en el corazón de las conquistas alcanzadas por el movimiento obrero y popular conseguidas tras la II Guerra Mundial:
Protección del empleo, pensiones, servicios públicos, distribución de la riqueza y la participación activa del movimiento obrero en la reivindicación de la democracia económica.

Como bien dice Josep Fontana [1], “la regla de oro del capitalismo sigue siendo hoy en día, como a principios del siglo XIX, favorecer una expropiación creciente de los beneficios que produce el trabajo de los obreros a costa no solo de su nivel de vida, sino también de sus derechos y libertades”.

Los Tratados de la UE se construyeron para dar expresión jurídica a esta nueva fase donde, para su desarrollo, estorbaban las soberanías nacionales y las conquistas expresadas en las Constituciones Nacionales.

El “Consenso de Bruselas” puso en marcha el mecanismo de la intervención y el asalto a las democracias nacionales para defender a capa y espada la desregulación económica y las privatizaciones, con políticas austericidas que han hecho retroceder el bienestar de las personas 3 o 4 generaciones hacia atrás.

El Estado Liberal, paradigma del capitalismo del siglo XX frente al “Socialismo Real”, ha sido capaz de asegurar una hegemonía a las fuerzas políticas antisocialistas aún en aquellos estados donde las fuerzas comunistas o de inspiración socialista tenían una considerable implantación e influencia. La pregunta a responder es por qué ha ocurrido así. Antonio Gramsci intentó contestarla implícitamente cuando hablo de la “hegemonía” de las clases dominantes en la sociedad civil, de su predominio ideológico sobre las clases subordinadas.

Los constructores y defensores del Estado Liberal consiguieron que su hegemonía no fuese algo que ocurría como un mero derivado superestructural de su predominio económico y social. Se trataba de llevar adelante un esfuerzo permanente y omnipresente, llevado acabo por infinidad de instrumentos: la educación, las empresas y agencias de comunicación, las grandes empresas, las transnacionales, las instituciones religiosas, los círculos de negocios. El capitalismo conseguía así un proceso de legitimación en apariencia democrático, que aseguraba de por vida la hegemonía de las fuerzas políticas defensoras de las ideas centrales que garantizan la producción capitalista: la propiedad privada, la subordinación social al objetivo de la acumulación de capital, la desigualdad y el empobrecimiento permanente y estructural de una parte importante de la población.

En ¡1969!, Ralph Miliband [2], ya advertía como el Capitalismo supo dotarse de un sistema legitimador que le garantizaba, sobre la base de una apariencia engañosa, su supervivencia mediante “procesos democráticos”.

Estamos por tanto ante un Estado fuerte, con instrumentos de dominio imperceptible pero muy eficaz, que les permite aplicar políticas antisociales, recortar derechos y libertades, con bajos costes electorales.

Por todo lo anterior, lo que no debería estar en discusión en el Partido y en IU, es la necesidad, en la actual fase del desarrollo del capitalismo y de su expresión del Estado Liberal, de unir el máximo número de fuerzas políticas y sociales para neutralizar todos y cada uno de los instrumentos de dominio y construir una hegemonía alternativa desde la base material de la sociedad, desde los y las trabajadoras.

Lo que está en discusión

Es una realidad. La militancia del PCE y de IU vive una situación compleja caracterizada por su perplejidad y confusión, generada por nuestras relaciones con Unidas Podemos.

Esa confusión lleva a adoptar posiciones o de inhibición (desmovilización) o de indignación que no ayuda a la necesaria y obligada cohesión de la militancia comunista y de IU. Esta situación, se ha precipitado en el proceso de la participación de Unidas Podemos en la negociación con el PSOE para participar en un gobierno de coalición.

Estos apuntes, pretenden contribuir a clarificar lo que debería ser la relación política del PCE y de IU con Podemos, en el marco de la coalición electoral y el grupo parlamentario consiguiente de Unidas Podemos.

¿Qué es Unidas Podemos?

Es una coalición electoral registrada el 15 de marzo de 2019 ante la Junta Electoral Central (JEC) por los partidos Podemos, Izquierda Unida y Equo para concurrir a las elecciones generales de abril de 2019.

No es por tanto, una organización política. Al ser una coalición electoral, las organizaciones concurrentes se obligan a defender un programa común que no es necesariamente el programa íntegro de las fuerzas políticas coaligadas.

Primer problema no resuelto:

¿Cómo garantizar la lealtad a un programa común electoral (Unidas Podemos) con la lealtad al programa integral del PCE e IU?

El Comité Central del PCE valoró que no se daban las condiciones para que los y las comunistas participasen en un gobierno de coalición con el PSOE dadas las diferencias sustanciales en políticas de estado: Aplicación y desarrollo de las políticas de la Unión Europea (modelo productivo, privatizaciones y recortes), política de seguridad y defensa o política exterior.

El PCE, con buen criterio, si garantizaba su apoyo a la aplicación del programa pactado en Unidas Podemos en un eventual gobierno compartido entre Podemos y el PSOE.

En el proceso negociador, y esto es parte del problema, se dio la impresión que el interlocutor de Podemos, a la hora de reivindicar su participación en el gobierno, hablaba en nombre de todos los coaligados. Dicho de otra forma, daba la impresión que hablaba en nombre de una organización política inexistente “Unidas Podemos”.

Al dar esa impresión, parecía como si otros escenarios posibles de acuerdos programáticos (legislatura o puntuales) se descartaban en nuestro nombre.

Segundo problema no resuelto:

El grupo parlamentario de “Unidas Podemos- En Comú Podem-Galicia en Común”, está registrado como un grupo Confederal, esto es, como la suma de grupos de diputados y diputadas independientes de al menos, cuatro organizaciones políticas independientes.

Ese carácter confederal, que permite teóricamente la salvaguarda en el trabajo institucional de reservarse la opinión en aquello temas que existan diferencias, no se ha materializado en un reglamento que resuelva, de mutuo acuerdo, la posibilidad de actuar con independencia en aquellos asuntos que, al no estar recogidos en el programa conjunto, puedan ser motivo de actuaciones parlamentarias diferentes.

Epilogus

Fortalecer, desarrollar la política de convergencia política y social, es una tarea indispensable para superar el Estado Liberal en la perspectiva del Socialismo.

En esa tarea, debe prevalecer, tanto el respeto a los puntos de acuerdo programáticos alcanzados como la autonomía de las organizaciones a la hora de defender y desarrollar sus políticas no coincidentes.

La historia (sin caer en arcaísmos) nos demuestra que el desarrollo de las políticas convergentes, llegado el momento de un total acuerdo en todas y cada una de las alternativas al estado capitalista, puede cristalizar en nuevas organizaciones políticas (PSUC o JSU).

Al día de hoy estamos lejos de alcanzar esa unidad orgánica pero, si algún día se consiguiera, será sobre la base de garantizar la autonomía e independencia de las organizaciones convergentes. La unidad se consigue en la lucha diaria y la realidad será la encargada de dar la razón a aquellas organizaciones que mejor sepan responder a las reivindicaciones populares en la perspectiva del Socialismo.

Notas:

1. Capitalismo y Democracia 1756-1848 Editorial Crítica.

2. El Estado en la sociedad capitalista, Siglo XXI editores

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