Coordinador confederal de Ecologistas en AcciónPaco Segura: “Con sólo reducir las emisiones de CO2 no se arregla el mundo, lo que hay que cambiar es el modelo” “Hay una relación muy directa entre la calidad del medio ambiente y la calidad de nuestra vida. El expolio que las multinacionales hacen a la naturaleza es el mismo que hacen a los trabajadores”.

Gema Delgado. Redacción 27/09/2019

Ecologistas en Acción es una confederación formada por más de 300 grupos ecologistas de toda España. Paco Segura es uno de los tres coordinadores de esta organización que ha cumplido dos décadas trabajando desde el ecologismo social y entendiendo que las raíces de los problemas medioambientales están en este modelo capitalista de producción y consumo insostenible y globalizado. Ecologistas en Acción es una de las 300 organizaciones que ha firmado el Manifiesto de la Huelga Mundial por el Clima que se celebrará el viernes 27 de septiembre. Paco explica en esta entrevista a MO que no estamos solo ante una crisis climática, es una crisis de la biodiversidad, una crisis social y de toda nuestra cultura. No hay materiales ni energía suficiente en el mundo para mantener este crecimiento tan exagerado que tenemos y advierte de que si no hacemos nada por evitarlo, esa lucha por los recursos aumentará la injusticia, la violencia y el ecofascismo.

MUNDO OBRERO: Emergencia climática. Lleváis décadas trabajando el tema. El año en que Greta Thunberg se convierte en un icono de la necesidad de parar la destrucción del planeta, fueron asesinados 168 activistas medioambientales según Global Witness, el año anterior 207 en 22 países diferentes... más de 1.500 en los diez años precedentes. Todos asesinados por defender el planeta frente al expolio de las multinacionales que destruyen los recursos del planeta y las vidas de muchas comunidades. Nunca se hizo nada ¿Por qué es precisamente ahora cuándo este movimiento y esta reivindicación coge fuerza?
PACO SEGURA:
Es como cuando surge el 15-M. Hay momentos en los que se alcanza un cierto umbral de hartazgo, de conciencia... y surge un detonante, que en este caso ha sido Greta Thunberg. Y a partir de ahí se vinculan un montón de cosas que no surgen de la nada, ya que hay gente que lleva muchos años denunciando esto. En Ecologistas en Acción llevamos trabajando en ello 21 años, pero los grupos que constituyeron Ecologistas ya llevaban otros 20 años advirtiendo del cambio climático. Las alertas han ido in crescendo: primero algunos científicos y ecologistas y poco a poco se han ido sumando más sectores. Y a pesar de todo la inacción es apabullante. No sólo es que no se haga nada por remediarlo, es que seguimos empeorando, siguen aumentando las emisiones, etc. En ese sentido es bastante lógico que la gente más joven, a la que les estamos robando el futuro, sea la que salte y exija que cambie el statu quo.

M.O.: La idea del colapso climático ha ido acompañada de un halo catastrófico que muchos han convertido en una cómoda excusa para evitar cuestionarse los excesos en los que vivimos. Si algo se ha incorporado ahora con fuerza es la idea de que si es posible impedir el desastre, y que hay que hacerlo ya. Los jóvenes han cogido el testigo con mucha fuerza partiendo de la base de que sí es posible impedir el desastre, y que hay que hacerlo ya. ¿Estamos a tiempo de parar la destrucción del planeta?
P.S.:
En muchas zonas de Asia, de África, de Latinoamérica, la situación ya es de colapso y no va a haber recursos suficientes para una vida medianamente digna si no se cambia el reparto que se hace de los mismos. La situación va a ir empeorando de forma más rápida y más virulenta por los problemas de supervivencia que va a provocar el cambio climático con la disminución de alimentos provocada por las sequías y desastres naturales, etc. Somos 7.300 millones de habitantes en mundo y ese número se puede reducir muy drásticamente. Y habrá mucha injusticia y violencia por la lucha de los recursos y por la supervivencia, situaciones de ecofascismo, de acaparación aún más obscena de los recursos a costa de ejercer violencia para acceder a ellos. No es sólo una crisis climática, es una crisis de biodiversidad, social, una crisis de toda nuestra cultura.

Se puede caer en el nihilismo y pensar que no puedes hacer nada, pero esa es la peor opción de todas las posibles. La cuestión temporal es clave, ganar unos años puede significar el bienestar y supervivencia de millones de personas, y nos da un poco más de tiempo para adaptarnos y para intentar reconducir el proceso a términos más razonables.

M.O.: No podemos cambiar las leyes pero si presionar, decía una de las chicas de Juventud por el Clima en Andalucía. ¿Están los gobiernos y los partidos políticos implicados en aprobar medidas que impliquen un cambio tan radical en la forma de producir y consumir como el que se necesitaría, es decir en cambiar el modelo económico?
P.S.:
En absoluto. Se sigue dando importancia al PIB y a la economía frente a las necesidades de la gente. Primero se rescata a los bancos y se recorta en educación y sanidad. Se siguen manteniendo las dinámicas más negativas y perversas que nos han llevado a la situación actual. No se da prioridad a la cooperación, a la transferencia de tecnología, no. Se firman acuerdos comerciales bilaterales para favorecer a las multinacionales frente a los pequeños productores... una serie de dinámicas en las que está metido el mundo capitalista y financiero neoliberal en el que nos encontramos que son tremendamente perversas para la vida y el bienestar de la inmensa parte de la población. Y las legislaciones van a apuntalarlo. No se legisla para proteger a los inquilinos por el derecho a la vivienda sino para desahuciar.

M.O.: Entonces, ¿la batalla hay que ganarla en las calles?
P.S.:
Sin presión en las calles la historia no cambia. Ni hubiera habido revoluciones. Hay que decir basta ya. No podemos continuar así. Es importantísimo que toda la sociedad se movilice en el mismo sentido y que apostemos por lo realmente importante: por la vida, por la gente y por la supervivencia.

Estamos permitiendo unas reglas de juego que están destruyendo el planeta y facilitan la acumulación de unas riquezas absolutamente obscenas en muy pocas manos mientras la mayoría de la gente lo está pasando realmente mal, como estamos viendo y seguiremos viendo con todos los procesos migratorios azuzados por la falta de recursos agrícolas provocada por el cambio climático. Nuestra estrategia vital como sociedad y como humanidad es nefasta. Hay que ponerlo en la mesa para que la gente sea consciente y apostar por un cambio de rumbo drástico.

En la medida que haya más gente que se movilice, que se politice, que tome consciencia, se generarán cambios. La movilización es a nivel mundial, arrastra a mucha gente y si tiene continuidad y se consigue que vaya aumentando, tendremos posibilidades de que esto cambie más rápido. Pero si nos quedamos en casa tranquilamente pues seguiremos en esta línea, perdiendo derechos, saliendo de los centros de las ciudades porque no podemos pagar los alquileres, trabajando en condiciones laborales cada vez más precarias y viviendo en un mundo cada vez más deteriorado.

M.O.: El Manifiesto de esta Huelga Mundial expone muy bien sus objetivos. Habla de Justicia climática a la hora de reajustar la huella ecológica a la biocapacidad del planeta pero no se limita a cuestiones medioambientales. Habla de justicia social de reparto de las riquezas y de ver cómo nos organizamos para administrar razonadamente los recursos del planeta.
P.S.:
No se puede pensar que con sólo reducir las emisiones de CO2 se arregla el mundo.

Cuanta más gente sea consciente de la relación tan cercana que hay entre la calidad del medio ambiente y tu calidad de vida, de que el expolio de la naturaleza que hacen las multinacionales es equivalente al expolio al que se somete a las personas trabajadoras, y que el endurecimiento de las condiciones sociales y laborales está relacionado con el intento de aumentar la tasa de beneficios, mejor. Lo mismo que le hacen a la naturaleza se lo hacen a la gente.

M.O.: Estamos acostumbrados a que los mismos bancos que desahucian familias y niños dirijan obras sociales, que las empresas que más contaminan patrocinen jornadas y congresos medioambientales... ¿Hasta dónde están dispuestas a llegar las multinacionales y el gran capital que se sustenta en la acumulación para paliar la crisis climática?
P.S.:
A un lavado verde, a que la gente las perciba como más amables, más cuidadosas con las personas y el medio ambiente, y a poco más.

Lavados de imágenes vamos a tener un montón. Ahora parece que Acciona es la más verde, que Iberdrola sólo tiene renovables y no tiene nucleares ni ha tenido térmicas de carbón nunca, y que nunca han cortado la luz a familias sin recursos.

Vivimos en un mundo lleno, en un mundo en el que hemos extraído muchos recursos y hemos saturado todos los vertederos: la atmósfera con las emisiones de CO2; las aguas contaminadas; los mares llenos de plástico, de mercurio y de un montón de porquerías.... El metabolismo del planeta no es capaz de asimilar todos los residuos que generamos. Y cada vez hay más escasez de recursos.

No podemos seguir creciendo. Tenemos que decrecer y vamos a hacerlo queramos o no, por las buenas o por las malas, sencillamente porque no hay recursos para continuar con las dinámicas capitalistas que exigen más energía y más materiales metidos en el metabolismo económico.

Y reducir está en las antípodas del capitalismo.

Algunos pueblos y zonas del planeta tendrán que aumentar el consumo de recursos para tener unas condiciones dignas de vida, pero en los países del Norte nos toca una reducción drástica.

M.O.: Tenemos que estar alerta frente ese capitalismo verde que, sin tocar un ápice el modelo de crecimiento, intenta entretenernos con falsas soluciones que publicitan muy bien. Danos algunas pistas para que no nos vendan esa moto.
P.S.:
Lo primero en lo que hay que fijarse en si se cambian o no las dinámicas que nos están llevando a donde estamos. Por ejemplo, cuando te vendan un producto hiperecológico pero que se ha producido en la India, a miles de kilómetros y hay que traerlo en un contendor. La clave es si esto está producido de una forma justa socialmente, si son productos de proximidad, si satisface una necesidad importante de la gente o son artilugios irrelevantes, si supone una mejora o un mayor consumo de recursos y contaminación.

Otro ejemplo de las mentiras del capitalismo verde es la solución del coche eléctrico, que parece que es un vehículo que no va a contaminar. Bueno, en las ciudades donde se utilizan no provocan la contaminación que producen los diésel y emiten menos CO2, pero para producirlo necesitas una minería súper impactante para tener litio, cobalto, cobre para las baterías y motores. Plantearse cambiar todo el parque móvil por coches eléctricos es una auténtica locura porque no hay materiales en el mundo para hacer ese cambio. Por muy verde que te lo pinten, el planeta no lo puede soportar.
Evidentemente, tenemos derecho a movernos y a transportar mercancías pero hay que ver la forma de solucionarlo sin generar más impactos: a través del transporte público, de coches compartidos en lugar de propiedad individual, etc. En fin, un tipo de dinámicas que no encajan con las del sistema capitalista que quiere vender cuando más mejor.
En resumen, la prueba de algodón del capitalismo verde es si mejora la justicia social, si mejora las condiciones de vida del planeta, la contaminación. Pero por su propia esencia, de necesidad de crecer, es imposible un capitalismo verde.

M.O.: Durante muchos años has sido responsable de Transporte y Calidad del Aire. Dicen los estudios que las renovables no pueden sustituir a los combustibles fósiles cuando hay que transportar mercancías en camiones, barcos, o viajeros en autobuses. Que no servirá para viajar en avión. ¿Qué limitaciones tienen las renovables?
P.S.:
La gente piensa que vamos a producir electricidad de forma renovable y ya está. Nada que ver con la realidad. Las renovables son necesarias, imprescindibles y tienen que ser la fuente de energía de un nuevo mundo más sostenible. Pero las renovables no son capaces de mantener el disparatado nivel de consumo que tenemos.

La electricidad es sólo una quinta parte de la energía que consumimos. Cuando nos desplazamos usamos gasoil y gasolina, y sólo para desplazarnos gastamos el doble de la energía eléctrica que producimos. Eso de que la gente coja un vuelo de bajo coste y se vaya cuatro días a Cancún y luego esté pendiente de otra oferta para irse a Berlín.... Eso, en términos ecológicos, es una auténtica locura porque son toneladas y toneladas de CO2 que emite una persona para viajes que no son imprescindibles, cuando a lo mejor desconoce lo más próximo, donde puede tener experiencias igual de satisfactorias o más.

No podemos engañarnos pensando que con pasar de las energías fósiles a las renovables ya está todo arreglado. Lo primero es que ese cambio es complicadísimo. Y lo segundo que las renovables podrían satisfacer las necesidades de la gente pero no el exagerado nivel de consumo que tenemos.

Todo pasa primero por reducir drásticamente nuestro consumo energético, sobre todo en los países más ricos.

M.O.: ¿Podemos relajarnos confiando en que el desarrollo de las nuevas tecnologías lleguen a tiempo, a modo del Deus ex machina del teatro griego, para resolvernos a última hora todos los problemas y evitar el colapso ambiental?
P.S.:
Pensar que van a venir unas tecnologías que nos van a cambiar la vida es un tecno-optismismo un poco ingenuo.

Se podría suponer que gracias a las telecomunicaciones y a los teléfonos móviles hoy tendríamos que desplazarnos menos, pero la realidad es que cada vez nos movemos más y consumimos más energía.

Cualquier cambio tecnológico que hemos dado, cualquier nueva tecnología que se ha incorporada a nuestras vidas, como las pantallas, los móviles....han supuesto un incremento neto en el consumo de energía y de materiales, en lugar de reducirlo. Hoy todas las telecomunicaciones suponen tanto consumo energético y generan tantas emisiones de efecto invernadero como la aviación, que es uno de los sectores que más emite.

Es decir, ahora la tecnología mezclada con el mercado en este sistema capitalista, lejos de ayudarnos nos está complicando. Es fácil pensar que puede haber cambios tecnológicos que nos ayuden, pero lo más importante es un cambio cultural hacia la moderación, hacia satisfacer tus necesidades con pocos recursos, sencillez voluntaria, disfrutar de la gente que tienes alrededor, de las relaciones. Lo que hay que cambiar es el modelo. Y ese nuevo modelo podrá haber tecnologías, probablemente muy sencillitas, que nos ayuden. Pero un hipotético cambio tecnológico o algún invento afortunado no va a arreglar una situación que tenemos que abordar con cambios mucho más profundos.

Publicado en el Nº 328 de la edición impresa de Mundo Obrero septiembre 2019

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