Secretaría Nacional MST de BrasilJoao Pedro Stedile: "Lula no es un preso político, sino un secuestrado por la burguesía" “Hemos creado el Frente Brasil Popular contra el plan del capital, con 80 organizaciones populares y de izquierdas de todo el país”.

J.M. Mariscal Cifuentes. Director de Mundo Obrero 27/09/2019

A finales del mes de junio se desarrolló en Madrid un encuentro internacional de trabajo con el objetivo de realizar, durante el año 2020, una “Jornada Internacional Antiimperialista” cuyo objetivo es acumular fuerzas y aumentar el grado de coordinación de las luchas y los movimiento populares en el conjunto del planeta. Desde estas páginas iremos informando sobre los avances que en la organización de este proceso se vayan dando. Con ocasión de dicho encuentro, Mundo Obrero no podía dejar pasar la oportunidad de mantener una entrevista con este economista, fundador del MST, a cuya dirección nacional pertenece, así como de Vía Campesina y el Frente Brasil Popular. Autor de varios ensayos sobre la cuestión agraria, en esta entrevista nos da las claves necesarias para entender lo que hoy sucede en el Brasil de Bolsonaro.

MUNDO OBRERO: ¿Qué tal tu paso por Madrid para trabajar en la organización de la Jornada Internacional Antiimperialista? ¿Cuál es la idea de este encuentro?
JOAO PEDRO STEDILE:
Tenemos el capital internacional financiero dominando todo mientras que el capitalismo está en crisis y echa todo su peso sobre la clase trabajadora, por eso es que aumentó la necesidad de darnos una respuesta colectiva e internacional a ese capital. La idea es hacer acciones en todo el mundo en un mismo periodo, con mucha creatividad, donde cada quien en su país utilice sus propias costumbres culturales y políticas, pero que todos golpeemos al mismo enemigo al mismo tiempo.

M.O.: ¿Cómo describirías la situación actual en Brasil tras la elección de Bolsonaro?
J.P.S.:
Tenemos una lectura ante esta crisis profunda en la que el capital, en todo el mundo, se juega recuperar los niveles de acumulación con un plan sencillo que pasa, en primer lugar, por apropiarse de los recursos de la naturaleza de forma privada. El petróleo, el agua, los minerales, la biodiversidad y la tierra garantizan al capital una renta extraordinaria mucho mayor de lo que sacan de ganancia de la industria o en el comercio. En segundo lugar, eliminar los derechos de los trabajadores que hemos conquistado en las duras luchas a lo largo del siglo XX para disminuir el costo de la mano de obra y alcanzar nuevas tasas de plusvalía en la explotación del trabajo y tercero, apropiarse de los recursos públicos que están en el Estado, sea por los servicios públicos que ellos quieren privatizar, sea de las empresas estatales. Y nadie puede aceptar un plan como ese, un plan que va a jugar la gente en la calle y por ello, para aplicarlo, necesitan imponer gobiernos de extrema derecha que están utilizando los métodos más oscuros en las redes sociales. La elección de Trump fue el proyecto piloto de esa derecha que opera en las redes, que utilizan Internet, que tiene potentes robots que envían mensajes, todo el tiempo, para engañar a la gente. A partir de Trump, empezaron a aplicar los mismos métodos con apoyo también del dinero y de la inteligencia del Mossad. De ahí que en Brasil resultó el gobierno Bolsonaro, de extrema derecha, que es fruto de esa maquinación. Pero eso, a su vez, hace que la base social real del gobierno sea inexistente, y en pocos meses quiere hacer todo lo que el plan del capital exige. Sin embargo, las contradicciones afloraron rápidamente, ninguna de las medidas del Gobierno atiende los intereses de la mayoría, al contrario, son medidas para quitar derechos. La prioridad hoy es la reforma de la Seguridad Social, la imposición y el robo del ahorro de la clase obrera, para que salgan de la Seguridad Social estatal y se vayan a una seguridad social privada controlada por los bancos.

M.O.: ¿Cuál está siendo la reacción popular ante ese plan?
J.P.S.:
Nos sorprendió que en tan poco tiempo ya empezaron reacciones populares, vimos una gran huelga de los maestros el 15 de mayo, que movilizó toda la sociedad brasileña y luego intentamos hacer una huelga general el pasado 14 de junio que no nos fue muy bien en el sentido de parar la producción, pero sí fue una movilización enorme que señaló para el gobierno un “hasta aquí hemos llegado”, yo creo que ahora estamos en un nivel en Brasil de construir unidad popular que nos pueda dar fuerza suficiente para enfrentar al gobierno.

M.O.: Antes de que nos cuentes en qué consiste eso de la unidad popular, quisiera que nos describieras la situación en el mundo rural, en el campo, que conoces tan bien, y qué papel juega en la acumulación de fuerzas populares.
J.P.S.:
Brasil es una sociedad urbana, sólo el 15% de la población sigue en el campo, pero somos 211 millones y eso significa que hay 30 millones de personas que viven del trabajo en el campo, donde las contradicciones con el capital se han profundizado, precisamente por el plan que ellos tienen: asistimos a una concentración cada vez mayor de la tierra y a un control cada vez mayor de las transnacionales sobre la producción agrícola. Brasil, con todo su potencial agrícola, ha reducido su producción a soja, algodón, caña de azúcar para el etanol y la carne bovina, y todo para exportación. Nos volvimos de nuevo una colonia agroexportadora, ahora controlada por grandes empresas transnacionales que para quitar la mano de obra campesina se utiliza un paquete tecnológico que está basado, fundamentalmente, en el uso intensivo de tóxicos. Brasil es el segundo mayor consumidor de veneno del mundo, eso junto a una mecanización agrícola de una escala cada vez mayor, en la última zafra de caña, ya la transnacional Volvo experimentó camiones que cargan 60 toneladas de caña sin chófer, los muchachos en la oficina como si fuera un videojuego. Se han profundizado las contradicciones en el campo por ese avance del capital también sobre la minería, el mayor de los problemas, la minería quita tierra agrícola y produce todo tipo de agresiones a la naturaleza, contamina el agua y el suelo, ¿se han enterado de esos dos crímenes en Minas Gerais con el rompimiento de dos represas de contención de los residuos de la mina de hierro?

M.O.: Terrible, desde luego, esas informaciones llegan con cuentagotas a nuestros medios, si hubiera pasado en Venezuela nos lo recordarían los telediarios cada día. Entiendo que la lucha tiene entonces ahora una base más urbana. ¿Cómo se construye unidad popular?
J.P.S.:
La lucha contra el gobierno y contra el capital se va a decidir en las ciudades, tanto porque la mayoría de la población está ahí, como por la mayor concentración de obreros, de trabajadores, dónde es más fácil movilizarse. El esfuerzo que estamos haciendo, como movimiento campesino, es crear espacios unitarios, como el Frente Brasil Popular, donde se aglutinan más de 80 movimientos populares y partidos de izquierdas, un frente amplio de masas para coordinar acciones contra ese plan del Gobierno, contra el plan del capital.

M.O.: ¿Cómo nace esa idea?
J.P.S.:
El frente Brasil Popular ya se viene construyendo desde el periodo en que ellos intentaron derribar a Dilma, fue alrededor de defender el gobierno Dilma que empezamos a juntar, y luego defender a Lula y así seguimos. Ahora ese Frente tiene como agenda unitaria: primero, enfrentar al gobierno Bolsonaro y el plan del capital; segundo, liberar a Lula, porque Lula es nuestro símbolo, es el principal líder popular de las más amplias capas. Lula no es un preso político, es un secuestrado de la burguesía, lo tienen como un premio para impedir que las masas se alcen. El tercer punto unitario es impedir la reforma de la Seguridad Social porque eso va a causar muchos problemas por generaciones y el cuarto asunto, que todavía estamos construyendo porque aun no hay condiciones subjetivas de conciencia política, es la defensa de la soberanía nacional.

M.O.: Interesante también como enseñanza para nosotras en España y en Europa. ¿En qué consiste ese punto de la defensa de la soberanía nacional?
J.P.S.:
Uno de los puntos clave de la agenda del capital es privatizar nuestras empresas estatales, precisamente porque dan muchas ganancias que sirven para las necesidades del pueblo, para servicios públicos. Ganancias de las que, como capitalistas, quieren apropiarse. Quieren vender la Petrobras, Eletrobrás, que controla todo el sistema eléctrico, y el Correo, una empresa de 200 años y un servicio público fundamental, y, cómo no, quieren privatizar todo el sistema público financiero, el Banco de Brasil y Caixa Económica Federal. Se trata en este momento de que el tema de la defensa de la soberanía nacional, de nuestras empresas estatales, también sea asimilado por los movimientos populares, por todos, incluyendo los movimientos campesinos, que debemos adquirir conciencia de las repercusiones en nuestra vida que tales decisiones podrían provocar. Esas son las banderas que están unificando los movimientos populares y de la izquierda.

M.O.: ¿Cuáles son las bases de apoyo al gobierno Bolsonaro, cómo lo describirías?
J.P.S.:
Es sencillo. Tenemos un gobierno que está compuesto por tres bloques bien distintos. A saber, está el bloque de los militares. Ciento treinta altos oficiales, coroneles y generales participan en el gobierno. Está el bloque de los Chicago Boys, su coordinador es el ministro de Economía quien trabajó en el gobierno Pinochet cuando joven, estudió en EEUU y se fue de prácticas a Chile, pero esta gente no habla con los militares, que en su ideología tendrían un poco de nacionalismo por lo menos; y el tercer bloque es el de Bolsonaro, qué es un tipo maluco que se apega al sector Pentecostal de las iglesias evangélicas, conservadoras y fundamentalistas, imagina que la ministra de “derechos humanos y mujeres” dijo que las niñas tendrían que andar solo de color de rosa y los niños de azul, para que veas el nivel. Lo principal, desde el punto de vista de la lucha de clases, es que esos tres bloques de gobierno no tiene unidad, ya botaron en cuatro meses a tres generales de ministerios, eso significa que hay pugnas entre ellos, incluso el vicepresidente, que es un general, no está de acuerdo con el presidente, y sectores del capital ya empiezan difundir que el bloque militar no comparte las ideas de la “modernidad”.

M.O.: ¿Cómo está la situación respecto a la represión y los derechos civiles en Brasil?
J.P.S.:
En términos de represión, cuando ellos ganaron con ese discurso de odio y fundamentalista, toda la izquierda se quedó más cuidadosa y se preparó para utilizar tácticas con mayor sabiduría, es decir no son tiempos de hacer discursos ideológicos si tú no tienes base social real, hemos tomado nuestros cuidados, pero como ellos no tienen base real, tú no puedes hacer una represión solo de parte del Estado o de milicias sin que tenga respaldo en la sociedad. El fascismo en Europa tenía un respaldo en la burguesía y en la sociedad, cosa que ellos no tienen. Desde el Gobierno se quedaron por ahora en la retórica de quitar derechos civiles, por ejemplo persiguiendo al movimiento LGTB mientras que en Sao Paulo se celebró la mayor parada gay de todos los tiempos reuniendo a dos millones de personas. Por lo tanto, la represión de los derechos civiles creo que tiene más que ver con la correlación de fuerzas que con la voluntad del gobierno, incluso en el campo, donde es más fácil reprimir, porque nuestras bases están dispersas.

M.O.: Recientemente, el diario “The Intercept Brasil” revelaba las conversaciones entre el magistrado que juzgó a Lula, y actual ministro de Justicia, y el fiscal del caso. Un escándalo que nos gustaría saber cómo ha influido en la opinión pública y en la posibilidad de liberar a Lula de su secuestro.
J.P.S:
El asunto es claro: él fue secuestrado para impedir que ganara las elecciones. El año pasado, en la fecha que fue a la cárcel, el 7 de abril, todavía había la hegemonía de las ideas de derecha en la sociedad, que llevaba a que la gente más pobre creyese que Lula era corrupto, eso nos impidió hacer una resistencia masiva a su prisión, que era nuestra voluntad, sitiar el sindicato por millones de gentes y no entregarlo. No se pudo a causa de la existencia de una mayoría de gente escuchando cada día, veinticuatro horas, como un mantra, Lula es un ladrón, Lula es un ladrón. Pero cada mes que pasa nuevas revelaciones están dejando más claro a la gente que fue un montaje. Esas revelaciones a las que te refieres fueron fundamentales porque además tiene las pruebas, no es sólo un artículo, las revelaciones que él hizo fueron, no solo la promiscuidad entre el juez y ahora ministro de Justicia y la Fiscalía, sino el rol del Departamento de Justicia del Gobierno de Estados Unidos. Se armó un triángulo, tanto juez como fiscal eran dirigidos directamente desde el Departamento de Justicia de los Estados Unidos, o si queremos, por agentes de la CIA incluso. Muchos piden ahora la renuncia del ministro y que se anule todo el proceso contra Lula, creo que la mayoría de la opinión pública está en ese plan que incluso la prensa burguesa tuvo que tragarse. Es que esos dos personajes han tenido una agenda pública, ¡pública!, pasando juntos un fin de semana en EEUU al menos tres conversaciones: con el Departamento de Justicia, con la CIA y con el FBI. Eso es más que un teatro, es una constatación pública de quién dirige a estos señores. Creemos que todas estas revelaciones deben servir para liberar a Lula del secuestro.

M.O.: Volvamos un momento a la situación de la geopolítica internacional. ¿Cómo valoráis el papel de la Unión Europea en todo esto?
J.P.S.:
La lectura que hacemos desde allá es que Europa se perdió el tren de la historia, se está convirtiendo en un museo. La pugna internacional de la geopolítica se centra, de un lado en Estados Unidos y por otro Euroasia, con China y Rusia, y Europa se quedó perdida ahí. Sin embargo para nosotros, en Latinoamérica todavía es importante. Las empresas transnacionales que tienen base en Europa ejercen el mismo rol de explotación del imperialismo que ejercen las empresas gringas. El mayor enemigo en el campo brasileño se llama Bayern, en otros sectores, como la alimentación, Danone, Nestlé, Parmalat, que nos explotan en toda Latinoamérica, la banca española tiene importantísimos intereses en Brasil y en América latina, podemos hablar de Repsol... el acuerdo Mercosur – Unión Europea sería un acuerdo comercial y económico que sólo interesa a las empresas transnacionales europeas, para ya no pagar ni siquiera impuestos en Latinoamérica.

M.O.: Con esa situación que describes, ¿qué internacionalismo necesitamos?
J.P.S.:
Nuestra evaluación es que el imperio gringo está en decadencia, pero como históricamente, todos los imperios en decadencia se vuelven más violentos, y por eso es que intentan guerras regionales. Creo que la guerra económica la van a perder, ya la están perdiendo frente a Eurasia lo que cambia la correlación de fuerzas económica en el mundo y de ahí tendremos en el futuro otras consecuencias en relación tanto a la moneda mundial, que es el dólar, que va a perder su fuerza, y en relación a las fuerzas de las empresas transnacionales gringas. Eso irá creando otro marco institucional de la política que no sabemos en que resultará cuando Eurasia adquiera una fuerza mayor en el escenario internacional. Ante ese escenario, que está más relacionado con las instituciones que con el capital, desde la izquierda y desde los movimientos populares decimos que es nuestra hora de avanzar y lanzar el paso en iniciativas también internacionalistas. La lucha de clases se lidia en nuestros territorios, pero los enemigos son internacionales, por lo que debemos impulsar acciones y conciencia política a ese nivel, la base para practicar el internacionalismo de la clase obrera, que es única en todo el mundo y tiene los mismos intereses más allá de las diferencias culturales, que pueden y deben ser un valor. Creo que en el próximo período avanzaremos también en más acciones internacionalistas entre los pueblos y por eso es fundamental que ustedes en Europa lo practiquen: están en deuda con nosotros en relación a la solidaridad con Venezuela, con Cuba, con Colombia, con Correa y el pueblo de Ecuador, que son las trincheras de América Latina donde los pueblos están enfrentando en primera línea los intereses de los gringos, porque quieren apoderarse del petróleo y de los recursos naturales. El tema de Venezuela no tiene nada que ver con el proceso electoral que ganó Maduro en un proceso limpio. Lo que está en disputa en Venezuela es de quién será el petróleo del pueblo venezolano, y de eso no hay que tener ninguna duda. Hay sectores de izquierda de Europa que se quedan como alejados, como si no fuera con ellos este problema y sí, tiene todo que ver con esa geopolítica de la que hemos estado hablando en esta entrevista.

Publicado en el Nº 328 de la edición impresa de Mundo Obrero septiembre 2019

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