Mundo multipolar

Refugiados, capitalismo y Massignon Las transnacionales acuerdan las reglas económicas que deben funcionar en el mundo y los gobiernos las aplican. Son las responsables del drama humanitario producido por su rapiña y por la inducción al uso de la guerra para garantizar sus intereses.

Willy Meyer 04/10/2019

La Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) publicó, recientemente, los datos globales de las personas desplazadas a la fuerza en todo el mundo: 70,8 millones, el doble que hace 20 años y 2,3 millones más que en 2017. Se trata de la cifra más alta desde que existe ACNUR, fundado en 1950.

Cada día, 37.000 personas se ven forzadas a huir de sus hogares por causas de conflictos o exclusión social, es decir, cada dos segundos una persona se ve obligada a huir de su país.

De los casi 26 millones de personas, que han conseguido el estatus de refugiados, más de la mitad son menores de edad y se contabilizan por millones las personas apátridas a los que se les niega una nacionalidad y el acceso a los derechos básicos como salud, educación o empleo.

El 57% de los refugiados provienen de Siria, Afganistán y Sudán del Sur y el 80% de los desplazados viven en países vecinos a sus países de origen. Resalta que los principales estados de acogida son países no desarrollados como Turquía, Pakistán, Uganda o Sudán (más solidarios los que menos tienen).

Esta radiografía, aproximada, de uno de los dramas que vive la humanidad, es consecuencia directa de la política hegemónica mundial del capitalismo e imperialismo, interesados única y exclusivamente en una acumulación frenética de capital y materias primas, que planifican y ejecutan a cualquier precio, si es necesario, mediante el uso de la guerra, interviniendo y desestabilizando países como, ayer Libia y hoy Venezuela o empujando a millones de personas a la pobreza y a la desnutrición.

Así, otra Agencia de las Naciones Unidas, en este caso, el Fondo para la Infancia (UNICEF), alertaba en su informe “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2018”, que el número de personas que padecen hambre continúa en aumento. Según sus datos, en 2017 llegó a 821 millones, es decir 1 de cada 9 personas en el mundo. El hambre ha aumentado en los últimos años, ha vuelto a niveles de hace una década y empeora en América del Sur y en la mayoría de las regiones de África.

La misma Agencia señala que este aumento de la inseguridad alimentaria tiene que ver con un planeta asolado por las crisis económicas, el cambio climático (sequías e inundaciones) y los conflictos.

En este contexto, el presidente Donald Trump está dispuesto, a través de su Estrategia de Seguridad Nacional [1], a no perder la supremacía del orden unipolar avasallando gran parte del planeta, amenazando con el uso del arma nuclear o, como recientemente, intentando crear un conflicto con Irán de consecuencias imprevisibles.

Trump se convierte en la mejor garantía de las organizaciones transnacionales a las que Fritz R.Glunk [2], ha señalado con acierto, que concentran más poder en sus manos, perdiendo la democracia cada vez más fuerza al suplir las transnacionales a los parlamentos y gobiernos nacionales. Esas organizaciones integran a los representantes de las agrupaciones industriales y económicas y a las personas que trabajan en los órganos estatales encargados de controlar esos ámbitos. Acuerdan las reglas económicas que deben funcionar en el mundo y los gobiernos las aplican, convirtiéndose así los estados en los representantes legales de los intereses de las organizaciones transnacionales y sus intereses privados.

Las transnacionales, el verdadero gobierno del mundo, son las responsables del drama humanitario producido por su rapiña y por la inducción al uso de la guerra para garantizar sus intereses económicos.

Louis de Massignon (1883-1962) [3] consideraba que el mundo se estaba convirtiendo en un gran campo de concentración al que va abocándose al más espantoso suicidio. Con su lucidez y autoridad moral, se enfrentó en 1948 con el Papa Pío XII al negarse éste a firmar la Declaración Universal de los Derechos del Hombre pretendiendo que fuese precedida de un artículo preliminar, que expresase que Dios es el fundamento de todos los derechos. Massignon le respondió que lo primero son las personas desplazadas, en definitiva, los derechos del hombre sólo pueden comenzar por los últimos, los desplazados, los exiliados, los desesperados. La hospitalidad al extranjero se convertía para Massignon en el principal derecho humano.

Antes que Massignon, Immanuel Kant (1724-1804), determinaba en 1795 que el derecho cosmopolita debe limitarse a las condiciones de la hospitalidad universal [4].

Ese derecho reclamado, al día de hoy, está siendo sistemáticamente pisoteado por los responsables de esta barbarie organizada: las instituciones, que legalizan las prácticas contrarias a la Carta de las Naciones Unidas y el incumplimiento permanente de los derechos humanos.

Es el momento para que, volviendo a Kant, “reine la justicia y húndanse todos los bribones que hay en el mundo” (fiat iustitia, pereat mundus).

Notas:
1. ESN aprobada en diciembre de 2017.
2. “Fuerzas sombrías: como las redes transnacionales determinan las reglas de nuestro mundo”(ed.DTV).
3. “Louis Massignon o la hospitalidad al extranjero” de Jesús Moreno Sanz, (editorial La Isla de Siltola 2019).
4. “Ensayos sobre la Paz, el Progreso y el Ideal Cosmopolita”, (editorial Cátedra).

Publicado en el Nº 328 de la edición impresa de Mundo Obrero septiembre 2019

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