La Retranca

Tengo un Huawei, ojalá me espíe China EEUU posee 16 agencias de inteligencia y su gobierno mantiene tratados secretos y acuerdos bilaterales para la transferencia masiva de metadatos a la Agencia de Seguridad Nacional.

Dolores de Redondo 21/10/2019

A mediados del pasado mayo, Donald Trump acusó a la compañía tecnológica Huawei de espionaje al servicio del gobierno chino, y firmó una orden ejecutiva que impide a las compañías norteamericanas hacer negocios con su homóloga china en respuesta a un supuesto problema de "emergencia nacional".

Cree el ladrón que todos son de su condición. El país que lleva más de un siglo espiando y colonizando al resto del planeta dice temer que China controle las comunicaciones y los datos en el futuro. Un país que posee dieciséis agencias de inteligencia y cuyo gobierno mantiene tratados secretos y acuerdos bilaterales para la transferencia masiva de metadatos, registros y otras informaciones a la Agencia de Seguridad Nacional (NSA). De hecho, los documentos filtrados por el exempleado de la CIA Edward Snowden confirmaron que la NSA espía los correos electrónicos a nivel internacional, que vigila y almacena millones de llamadas telefónicas, que las más importantes empresas de telecomunicaciones están a su servicio y le ceden masivamente los datos de sus clientes, o que la seguridad de los sistemas operativos iOS (Apple) y Android (Google) para telefonía móvil fallan más que una escopeta de feria.

Sin embargo, el FBI, la CIA y la NSA han recomendado no utilizar teléfonos Huawei por miedo al supuesto espionaje chino y, de momento, la compañía no podrá comercializar fuera de China más smartphones con el sistema operativo Android, a pesar de ser uno de los mayores fabricantes de móviles del mundo. De ahí que la marca esté desarrollando un sistema operativo propio para sus móviles llamado Hongmeng que, previsiblemente, será comercializado en breve. El liderazgo tecnológico es un objetivo clave para el gobierno chino, incluido en el XIII Plan Quinquenal (2016-2020) aprobado por el Comité Central del PCCh en octubre de 2015 y dotado de unas cifras de inversión extraordinarias; el primero diseñado y concebido por Xi Jinping, con ambiciosos objetivos aplicados al ámbito económico, financiero, social, medioambiental y militar. Con unos plazos de ejecución que tienen la vista puesta en dos fechas de especial relevancia denominadas los “dos 100 años”: los centenarios de la fundación del PCCh en 2021 y de la República Popular China en 2049.

Dentro del Plan se incluye el proyecto “Made in China 2025”, que al ser publicado el 8 de mayo de 2015 se marcaba como objetivo la transformación del país en una potencia tecnológica en diez años. En el marco de este proyecto se enmarca el desarrollo de la telefonía de quinta generación. Aunque existan divergencias sobre el posible impacto real del 5G, lo cierto es que promete un cambio social comparable a los producidos por inventos como la máquina de vapor. De hecho, el vicepresidente de Huawei, Lu Yong, manifestó que «EE.UU. se ha dado cuenta de que, al igual que la electricidad en sus orígenes, esta tecnología se ha convertido en un elemento de estrategia nacional porque no solo traerá mayor velocidad y conectividad, sino una auténtica revolución social».

Teniendo en cuenta que el ratio de cumplimiento del Plan Quinquenal anterior fue del 96%, a EE.UU. solo le queda defenderse como un gato panza arriba. El pasado 5 de junio, Huawei firmó un pacto en Rusia para desarrollar tecnología 5G, y Xi Jinping declaró en el marco del Foro Económico Internacional de San Petersburgo que "China está dispuesta a compartir con todos su socios sus inventos y sus conocimientos tecnológicos, en particular la tecnología 5G". Eso incluye a los países que los norteamericanos consideran el “eje del mal”. Un golpe en la línea de flotación yanqui.

Por eso siento que mi móvil Huawei es una especie de AK-47, y me encanta pensar que me espían los camaradas chinos. Obviamente, la hoz y el martillo de mi pantalla de presentación solo molesta a los que llevan décadas asesinando comunistas.

— Y digo yo... ¿aquí no haría falta una Revolución?

— Y luego, ¿por qué me lo preguntas?

Publicado en el Nº 328 de la edición impresa de Mundo Obrero septiembre 2019

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