No actúes, piensa

Patricia Castro 23/10/2019

Algo tan sencillo como esto y que muchas veces se nos olvida: pensar. Así reza uno de los aforismos del mal llamado filósofo pop Slavoj Zizek a la hora de hablar sobre los problemas del mundo sin resolver; en resumen, quizá pueden seguir esperando un poco más. Un poco más hasta que demos con una solución lo suficiente acertada como para cambiar las cosas de raíz y no tan solo en apariencia, como le suele gustar a la socialdemocracia degenerada actualmente en un burdo socialiberalismo, que abarca tanto desde el antiobrero PSOE hasta el gobierno tecnócrata -de rostro amable- de Macron en Francia. Para poder subvertir el orden primero hay que conocer el cómo para ejecutar un plan de acción. Y puede que vivamos en una época dónde importa más el puro movimiento que las fuerzas que lo imprimen o el resultado que deseamos conseguir. Así andamos todos, sin saber de dónde venimos, desarraigados y desconocedores de nuestra propia historia, impidiéndonos poder forjar una imagen clara del futuro que queremos conseguir. Como bien decía Sartre: “El pasado es un lujo de propietario”.

Esta columna suele tener un tono feminista militante, pero hoy me gustaría apartar un poco la mirada para ampliar horizontes. Aprovechando que un nuevo curso comienza, y tenemos las pilas cargadas, este es un buen momento para hacer inventario de todo lo que llevamos en las alforjas para poder continuar el camino. También es una época idónea para saber si la ruta que hemos trazado nos está llevando dónde queríamos o estamos dando vueltas en círculos sin llegar a ninguna parte, y lo que es peor, agotando todos nuestros víveres. Es mejor parar, y preguntarse: ¿sabemos a dónde vamos? En este caso las feministas lo tenemos bastante claro: mejorar la ley de violencia de género, más dinero para dotar a las leyes de un recorrido largo y que se puedan aplicar, seguridad en las calles, consentimiento de las relaciones activo, mejora de nuestras condiciones laborales… Y como lo tenemos claro, hemos llegado lejos, incluso en un momento de grandes recortes de libertades y retroceso de los derechos sociales. A pesar de que este mundo capitalista ultraviolento siga imprimiendo sobre nuestros cuerpos su represión –que nos continúa matando- hemos conseguido grandes cosas. Todo ha sido por saber escuchar, reflexionar y lo más importante, estar unidas.

No quiero que esto se convierta en un sermón con parábola incluida de cómo ser un buen militante o cómo convertirse en una buena feminista, pero me gustaría recalcar que pensar siempre es necesario. Mucho más aún cuando vivimos en un mundo frenético que nos obliga a consumir compulsivamente, que en palabras de Marx: “A medida que se desvaloriza el mundo de las personas, se valoriza el de las cosas”. En un sistema que convierte al ser humano en un producto más, a la mujer en simple carne, a las personas trabajadoras en la espalda del mundo. También -este es un texto de recordatorio- vivimos sometidos en un auge de la derecha que atenta contra todos los derechos obtenidos por las grandes luchas obreras del siglo XX, lo peor de todo es que está consiguiendo su propósito, erosionar a las capas populares y su menguante nivel de vida. Uno de los grandes efectos de esta contrarrevolución neoconservadora ha sido en la educación, obligando a cerrar facultades, a elevar tasas y empobrecer un sistema de educación público que tanto sudor y lágrimas ha costado levantar. Por eso es importante pensar: porque no quieren que lo hagamos. No tengo en nada en contra de la adolescente ecologista Greta Thunberg, pero la solución que nos planeta el sistema está bien clara: lucha individual y movimiento, acción a corto plazo sin pensar mucho en el largo recorrido. Como esos empresarios que reciclan cada día el plástico de los productos que consumen pero que nunca jamás se plantearán si su empresa quema millones de toneladas en combustible fósil.

Vuelvo al principio: ¡No actúes, piensa!

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