Entrevista expresidenta de BrasilDilma Rousseff: “Para implantar el Neoliberalismo en Brasil necesitaron un gobierno neofascista como el de Bolsonaro” Hay muchas posibilidades de invalidar el proceso contra Lula, por eso ahora quieren que esté en régimen semi-abierto. Lula dice no. Pide el restablecimiento pleno de su libertad.

Gema Delgado 07/11/2019

Este año la Fiesta del PCE tuvo una invitada excepcional, la ex presidenta de Brasil Dilma Rousseff, “presidenta destituida por un golpe jurídico”, según remarcó el Secretario General del Partido Comunista de España, Enrique Santiago. Sobre el escenario central, y antes del mitin político, los dos reivindicaron la libertad de Lula, “a quien la sucia campaña contra él ha convertido en el más destacado preso político del mundo”, en palabras del líder del PCE.

Dilma Rousseff tomó el relevo a Lula da Silva y el 1 de enero de 2011 se convirtió en la primera mujer presidenta de Brasil, uno de los países más grandes del mundo, con una población de 215 millones de habitantes y la sexta economía a nivel mundial, según el FMI. Antes de Presidenta fue ministra de minas y energía en un país rico en petróleo y minerales y Jefa del Gabinete del Gobierno de Lula.

En 2013 la revista Forbes ubicó a Dilma en el segundo puesto de la lista de mujeres más poderosas del planeta, precedida por Ángela Merkel. Un largo viaje desde que iniciara su militancia política en 1964 con 17 años cuando el golpe militar la pilló cursando secundaria. Ahí comenzó a luchar contra la dictadura. Su compromiso la llevó a la guerrilla y también a la cárcel y a la tortura.

Cuando Dilma asumió la presidencia del país se puso como principal objetivo de su gestión terminar con la pobreza extrema en Brasil con el programa Brasil sin Miseria, continuando la política de Lula. En 2014 fue reelegida presidenta pero esta vez no le dejaron acabar su mandato; en verano de 2016 le dieron un golpe jurídico de los que ahora se utilizan para destituir presidentes o apartarlos de la política. Hoy preside el gobierno del país un hombre que tiene un gobierno cargado de militares y que justifica aquella dictadura y que dice cosas como que “El error de la dictadura fue torturar y no matar".

Esta entrevista es el resultado de las dos horas que Dilma Rousseff dedicó a esta publicación y a Javier Gallego, de Carne Cruda, para hablar de la situación que vive hoy Brasil.

MUNDO OBRERO: ¿Brasil es hoy una democracia?
DILMA ROUSSEFF:
Es una democracia corrompida. En Brasil hay un proceso que muchos llaman de creación de un estado de cesión. Es como un árbol al que le van cortando las ramas, o un golpe de Estado militar tradicional latinoamericano, acabando con los derechos de prensa, de organización, cerrando el Congreso. En este proceso que ocurre ahora, y ocurrió ya en muchos países latinoamericanos, es como si ese árbol estuviera corroído por hongos, parásitos y comenzase a tener partes degradadas.

En Brasil tenemos una crisis en el sistema judicial desde que comenzaran a utilizar la justicia como un instrumento de destrucción del enemigo político, sustituyendo el uso de las armas para eliminación física de las personas por la ley como método de destrucción civil y de los derechos ciudadanos de una persona para que ésta no pueda presentarse a una responsabilidad política. Lo que hicieron con Lula fue lo que están haciendo con Cristina Kirchner y con Rafael Correa, expresidente de Ecuador. Ya lo intentaron contra Evo Morales en Bolivia. Antes también me destituyeron a mí como presidenta del país con un impeachment fraudulento, un crimen sin responsabilidad, como lo reconocen hoy casi todos los que apoyaron el Impeachment, incluso Temer, que me sustituyó, admitió que hubo un golpe aunque evade responsabilidades diciendo que él no participo y no lo quería. Es una trampa, una gran mentira. Mi Impeachment fue la apertura del proceso de persecución a Lula. Primero crearon las condiciones para mi Impeachment porque sabían que así no me volvería a presentar. Sabían que quien vendría después sería Lula y también se lo impidieron.

M.O.: ¿Cómo Brasil es capaz de soportar que se reconozca que hubo un golpe de estado técnico y que no ocurra nada y que pueda seguir el mismo gobierno?
D.R.:
Igual que Brasil puede soportar el hecho de que el juez que juzgó a Lula es declaradamente un juez político que lo persiguió, como se ha revelado ahora en la publicación de las conversaciones con los fiscales, que también actuaron políticamente.

“Los incendios de este verano no han sido fortuitos, tienen la deliberada intención de abrir la Amazonía para la explotación minera por empresas extranjeras”



¿Qué es la Justicia? Es la señora que aparece siempre vendada y con una balanza: la venda es por la imparcialidad y la balanza por ecuanimidad. La base fundamental del sistema de justicia en una democracia es que todos son iguales ante la ley, porque si no lo son no se respeta la justicia. Y esto es lo que está en cuestión en Brasil. Mi pregunta, ¿sabiendo que el golpe es una trampa y que la prisión a Lula es otra, qué pasa en Brasil? Nosotros impedimos el establecimiento de reformas liberales tales como las que precarizan el trabajo, las que quitan el acceso a las pensiones a los más pobres y impedimos que se llevara a cabo la destrucción del Estado brasileño perdiendo las principales empresas y desnacionalizando, porque no hay capital nacional en Brasil capaz de comprar la Petrobras que es la séptima empresa de petróleo en el mundo.

Protegíamos la Amazonía y evitamos su desmantelamiento; nunca permitimos que se deteriorase el control medio ambiental. Todo esto durante cuatro mandatos democráticos. Entonces ellos prefirieron usar elementos no democráticos para implantar esas reformas en Brasil. Y para implantar el Neoliberalismo necesitaron un gobierno neofascista, como el de Bolsonaro. En Brasil ambos van juntos porque ni siquiera en el marco del sistema liberal se pudieron implantar esas reformas neoliberales.

M.O.: Se ha acusado a Bolsonaro de estar detrás del incendio de la Amazonía con la intención de vender Brasil.
D.R.:
Los incendios de este verano no han sido fortuitos, tienen la deliberada intención de abrir la Amazonía para la explotación minera por empresas extranjeras. La Amazonía brasileña, y de todos los países de la zona, está llena de minerales, algunos de ellos nobles, como las llamadas tierras raras, muy apreciadas, que se utilizan para hacer todos los derivados del petróleo y para la fabricación de ordenadores y componentes electrónicos. Hay metales preciosos, como el oro, también potasio para los fertilizantes y otros metales más raros. Es para esto para lo que Bolsonaro está abriendo la Amazonia. Ahora como hubo un repudio internacional están en el punto de mira de todo el mundo.

Temer es el que empieza a desmontar los sistemas y organismos de prevención de incendios recortando recursos, no sólo en la Amazonía sino también en otras zonas protegidas. Con Bolsonaro las cosas se aceleran; desmonta el Consejo Nacional de Medioambiente donde estaban representantes del gobierno, de ONGs y todos los interesados en el Medioambiente, entre otras cosas.

“Cuando los gobiernos no hacen nada ante las reivindicaciones de la población, la política pasa a ser irrelevante y se abre el espacio para que emerja la ultraderecha”



M.O.: Noam Chomsky ha definido a Lula como el prisionero político más importante del mundo, comparándole con Gramsci. Y el Secretario Nacional del Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra, Joao Pedro Stédile, va más lejos y dijo, en una entrevista realizada por Mundo Obrero el último número, que Lula está secuestrado por la burguesía. ¿Volvemos a hablar de lucha de clases?
D.R.:
Lula representa para Brasil la lucha contra la quiebra y la corrupción de la democracia por eso le encarcelaron. Lula representa la lucha contra las reformas neoliberales. Siempre defendió a los trabajadores, el salario digno, el acceso de los trabajadores a la educación, el acceso de la población más pobre de Brasil al disfrute de la riqueza inmensa del país. Lula tiene un papel central de resistencia contra lo que está aconteciendo en Brasil con el neoliberalismo y el neofascismo. Por eso intentaron por todos medios desmoralizarle y reducir su apoyo popular: cuando fueron a buscarle a su casa, cuando le llevaron, cuando le juzgaron y le condenaron. Pero en ninguno de estos momentos consiguieron reducir su apoyo popular en las encuestas. Así que para evitar que ganara en la primera vuelta de las elecciones le impidieron participar.

M.O.: Ahora que se está destapando la politización del proceso contra Lula y el Ministerio Público pide que cumpla condena en régimen semi abierto ¿le veremos pronto en la calle?
D.R.:
Hay una desmoralización del proceso de condena y de enjuiciamiento, no sólo de Lula sino del proceso Lava Jato. Cuando se hacen públicas las conversaciones entre el juez y el procurador queda claro que el juez tenía criterios políticos y forzó la condena a Lula sin pruebas. No respetaron ni el derecho a la defensa. El juez actuó como acusador y no como juez.

Entonces ¿que está pasando ahora? Que están en un aprieto y por eso han resuelto que lo mejor es soltarle antes de que la Justicia anule el proceso de enjuiciamiento. Extrañamente el Ministerio Público pidió que Lula cumpla su condena en régimen semi abierto. ¿Y por qué hacen esto? Porque hay muchas posibilidades de que se pueda invalidar el proceso. Y porque quieren una libertad parcial, controlada. Y Lula responde que no, que así no quiere. Pide el restablecimiento pleno de su libertad. Y esto deja claro que no les tenemos miedo. No aceptamos la libertad como una sumisión a las personas que corrompieron la justicia.

No se puede demonizar a una persona inocente. Reclamamos una actitud de respeto por su lucha, por su vida y por su historia. Y por todos sus compañeros.

M.O.: Estamos ante unos golpes de Estado de nuevo cuño, las guerras híbridas de las que son parte estos procesos judiciales, no sólo contra Lula al que han apartado de las elecciones presidenciales 6 meses antes de su celebración, sino también contra Correa, que tiene 28 procesos abiertos para que no pueda volver a Ecuador, o Cristina Kirchner en Argentina. No sólo pasa en América Latina, también en África. ¿Qué herramientas tenemos para combatir estos golpes de estado jurídicos?
D.R.:
Y también pasa en Europa; hay una extraña situación con Jean-Luc. Melenchon y el intento de criminalizarle. Todos empezamos así en plena democracia.

Sólo tenemos una herramienta para luchar contra estos golpes jurídicos: la consolidación y fortalecimiento de la democracia. La participación popular, en todas las esferas: en el mundo del trabajo, de la producción, de la cultura, en la actividad social. La sociedad es la única que tiene el poder para hacer frente a esto, porque resistir es también organizarse y organizarse es luchar por una nueva sociedad, comprender lo que pasa. En América Latina y Europa compartimos el sistema más desigual de producción que se llama financiarización: especulan y no invierten ni crean empleos. Eso explica por qué la sociedad es cada vez más desigual, y por qué hay justificaciones de la desigualdad diferentes para cada país. Pero tiene algunos puntos en común: la meritocracia. Es como si la desigualdad ocurriera porque unos son perdedores y otros son ganadores por sus méritos y no porque la riqueza y los recursos que hay en el mundo está concentrada en unas pocas manos y se la pasan por herencia mientras que la gran mayoría no tiene nada. Esto es común en todos, en Brasil, en Europa, Estados Unidos... Y esto explica el surgimiento de los partidos de extrema derecha porque cuando los gobiernos no hacen nada ante las reivindicaciones de la población, la política pasa a ser irrelevante y cuando la política es irrelevante se abre el espacio para que emerja la ultraderecha.

M.O.: ¿Tiene la izquierda alguna responsabilidad en este surgimiento de la extrema derecha?
D.R.:
No. La socialdemocracia sí tiene responsabilidad. La izquierda no. El PT, la izquierda, Lula y yo no estamos en esta situación por nuestros errores sino por nuestros aciertos. Ganamos 4 elecciones consecutivas al neoliberalismo. Los partidos socialdemócrata fueron los que hicieron las reformas laborales, no nosotros. Nosotros no privatizamos nuestras empresas nacionales, al contrario, transformamos una empresa de petróleo en la séptima empresa del mundo. Nosotros hicimos una investigación de la corrupción que había en el país.

¿Sabe cuánto votos conseguimos en las últimas elecciones a pesar de que todos hicieron la guerra contra nosotros? 45 millones, el 47% de los votos y en la peor situación posible: con un líder en la cárcel acusado de corrupto, aunque es inocente.

M.O.: Tras la victoria de Andrés Manuel López Obrador en México, de los buenos pronósticos para la reelección de los gobiernos de Bolivia y de Uruguay, y de las buenas perspectivas de la candidatura de Alberto Fernández y de Cristina Kirchner en Argentina, del fortalecimiento de la izquierda en Colombia... ¿volverá América Latina a dar un giro hacia la izquierda?
D.R.:
Es importante tener esa esperanza. El cambio en Argentina afectará positivamente en Brasil porque es nuestro vecino y representa una especie de luz en medio del túnel. El éxito de López Obrador fue una gran esperanza de cambio y ahora vienen también las elecciones para la reelección de Evo Morales en Bolivia y del Frente Amplio de Uruguay. Puede ser el inicio de una nueva fase. Pero debemos ser conscientes de que habrá mucha resistencia, mucha lucha para esa llegada de las fuerzas democráticas y populares. No es fácil.

M.O.: El pasado mes de julio se constituyó el Grupo Puebla como espacio de coordinación y articulación de líderes progresistas de América Latina y Europa. De momento hay 32 líderes, entre ellos 7 exmandatarios, entre ellos usted, Lula, Correa, Fernando Lugo y Zapatero. ¿El Grupo Puebla, junto al Foro de Sao Paulo contribuirá al fortalecimiento de la izquierda en el continente?
D.R.:
Sí, pero esto no es lo que hace la Fuerza. El Foro de Sao Paulo y el Grupo Puebla son grupos de coordinación entre nosotros. Pero son las fuerzas internas de cada país las que tienen el poder de transformar, los movimientos sociales y sindicales, no los grupos multilaterales que tenemos que son de coordinación de acciones y de solidaridad. La fuerza que crea estas transformaciones, como pasó en Argentina, es toda la tradición de la lucha de los grupos peronistas, de los movimientos sociales, de los sindicatos. Esto es lo que transforma. Como pasó en Méjico y pasará en Bolivia y Uruguay. Esto hay que construirlo en cada país aunque luego tenga el apoyo y la solidaridad de los otros.

“El único camino para combatir el neofascismo es radicalizar la democracia, llevarla a los extremos de la presencia y participación popular”



M.O.: Los activistas y los movimientos sociales están muy amenazados en Brasil. Todos recordamos el asesinato de Marielle Franco, destacada activista de Derechos Humanos y concejala de Río de Janeiro, asesinada por un grupo de paramilitares el año pasado. Se especula sobre la implicación de la familia Bolsonaro en ese crimen.
D.R.:
Hay indicios fuertes pero tiene que ser debidamente probados. Hay evidencias de la relación de las milicias con la familia Bolsonaro porque se hicieron fotos, les dieron medallas y parientes de los miembros de esa milicias trabajaban en sus gabinetes. Pero aunque se sabe quiénes son, o al menos las relaciones que existían, hasta hoy ese asesinato está impune.

Y sí. Hay muchas amenazas sobre los activistas, sobre los Trabajadores del Movimiento Sin Tierra, sobre los indígenas, sobre las poblaciones negras... Pero hoy está también más claro lo que están haciendo y eso implica que tengan más cuidado a la hora de actuar. Con la crisis de Lava Jato la prensa también se ha vuelto más cuidadosa a la hora de defender lo peor de lo que había.

M.O.: ¿Cómo se está organizando la izquierda y los movimientos sociales en Brasil?
D.R: Hay una gran lucha por delante, de resistencia, de movilización y de comprensión de la realidad. Nada es fácil porque los que mandan intentan conseguir lo que se propusieron desde el primer momento: destruir todo lo que se había hecho, todos los logros alcanzados. Bolsonaro tiene un papel destructor pero frente a esa destrucción todas las fuerzas que se movilizan: los trabajadores sin tierra que ustedes entrevistaron, los sin techo, los sindicatos, los movimientos de mujeres y los partidos de izquierda, todos ellos juntos forman frentes. En Brasil hay dos grandes frentes, el Frente Brasil Popular y el Frente Pueblo sin Miedo.

Bolsonaro consigue incendiar amplios sectores de la sociedad: los estudiantes que protestan al ver cómo están destruyendo su universidad, y se unen con otros sectores en lucha; los sindicatos que están amenazados de extinción, no sólo por la perdida de derechos de los trabajadores sino porque quieren, como hicieron en Inglaterra, quebrar los sindicatos; los profesores, los del área de la cultura... Bolsonaro está siendo capaz de unirlos a todos.

Y precisamente por esto, y más que nunca, necesitamos solidaridad. No porque la solidaridad sustituya a los movimientos internos sino porque los alimenta los da fuerza y porque la sociedad es la primera arma para luchar contra la guerra híbrida; la primera cosa que muere después de la democracia es la verdad. En Europa se entendía mejor lo que estaba pasando en mi país que en una ciudad brasileña. Insisto en la importancia fundamental de la solidaridad internacional porque si usted está aislado internamente, es a través de la prensa, de los grupos políticos y la solidaridad como se rompe el círculo de hierro que el gobierno intentó poner en la información. La guerra híbrida usa la mentira como una de las principales armas de destrucción de los procesos políticos.

M.O.: Usted que fue una joven revolucionaria que fue detenida y torturada con poco más de 20 años en la dictadura, ¿cómo se tomó personalmente que haya ganado las elecciones alguien que defiende esa dictadura militar y qué esperanzas tiene de que vuelva a ganar la izquierda en Brasil?
D.R.:
Yo ya pasé por un golpe y yo creo que Mújica tiene razón cuando dice que no hay ninguna derrota definitiva porque no hay ninguna victoria definitiva. Hay situaciones mejores y peores, derrotas y victorias mayores o menores.

Estamos en un momento en que intentan reescribir el pasado. Ustedes con Franco. Aquí en Brasil también están reinventando el pasado negando que hubo un golpe militar que acabó en una dictadura. Pero no se puede reinventar la dictadura.

Ahora la época de las dictaduras militares pasó y destruyen al adversario político desacreditándolo. Y el efecto de la desacreditación es esta crisis de la representatividad y de la democracia. Yo creo que tenemos que radicalizar la democracia, llevarla a los extremos de la presencia popular, de la participación y que es el único camino por el que conseguiremos combatir el neofascismo y la ultraderecha. Es el papel de la izquierda.

M.O.: El Partido de los Trabajadores se prepara para su 7º Congreso, ¿qué significa este Congreso en estos momentos?
D.R.:
Para nosotros es muy importante porque es una afirmación de fuerza que no tiene ningún otro partido en Brasil, más aún en las condiciones que vivimos en Brasil. El PT es el mayor partido de izquierdas en Brasil. Tiene 2,8 millones de afiliados, por eso 350.000 personas votaron por la elección de los delegados que van al Congreso del PT a todas las instancias: las municipales, los estados, y la federación nacional del PT. Ahora estamos en la fase final de los delegados de las federaciones.

Pero en Brasil para constituir un gobierno progresista y para un frente democrático, necesitamos otros partidos. Haría falta un centro democrático. La peor noticia es que la llegada del neofascismo destruyó los partidos de derecha que podrían disputarle el poder, los de centro derecha y los de centro. Ninguno alcanzó el 10% en las elecciones. Fue una destrucción general. Esa era la idea. Así Bolsonaro actúa como un lobo solitario que no necesita de los otros lobos. El pretende destruir los candidatos de derecha que eventualmente podrían disputarle el poder.

Publicado en el Nº 329 de la edición impresa de Mundo Obrero octubre 2019

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