Esperando a los bárbaros

Cositas Errejón, retorna a los principios de la nueva política: para él no se trata de programas, ni siquiera ya de propuestas identificables, sino de alcanzar el gobierno, para ver qué se puede hacer.

Felipe Alcaraz Masats 08/11/2019

En los tiempos en que Felipe González inició la “modernización” (es decir, la transición neoliberal), y la izquierda socialdemócrata (es decir, social-liberal) adoptó los perfiles actuales, le preguntaron a quien fuera Presidente de Andalucía, Rodríguez de la Borbolla, qué era el socialismo, para él; y respondió: El socialismo es hacer cositas.

Carrillo había inaugurado el programa de “dos huevos duros más” a lo que dijera el programa del PSOE. Y por este camino, mientras Anguita se desgañitaba con el famoso tridente de IU “programa-programa-programa”, la política se sindicalizó hasta extremos impensables, saltando por los aires las transformaciones, las reformas fuertes y, desde luego, la defensa de imaginarios de sociedad alternativa. La política empezó a ser otra cosa.

El presente, engarzado en la rabiosa actualidad, sin el lastre de ningún pasado, sin el peso muerto de ninguna lógica, y sin el esfuerzo mental de pensar en alternativas, va deglutiendo las propuestas y convirtiéndolas en “cositas”. Por ejemplo, en pocas semanas se ha dejado de hablar de una serie de temas que hasta ahora eran marca de diferencia y de definición estratégica alternativa. Voy a dar una lista que lo demuestra, y que ya suena como a una especie de imprudencia programática de radicales antisistema: Otan no, bases fuera; huelga general; no al euro y a la UE; autodeterminación; jubilación a los 63 años; jornada de 35 horas por ley sin reducción salarial; banca pública; nacionalización de las eléctricas; reforma agraria; proceso constituyente para una nueva constitución... (agreguen ustedes nuevos ejemplos, que los hay).

En este panorama es explicable que no todo el mundo haya adivinado el proceso de cosificación de Errejón, cuya propuesta axial retorna a los principios de la nueva política: para él no se trata de programas, ni siquiera ya de propuestas identificables, sino de alcanzar el gobierno, para ver qué se puede hacer (es el cambio del sí se puede, con tilde, a si se puede, sin tilde y condicional).

Perdonadme si, desde un rincón de la historia, superado absolutamente por los tiempos y por la forma de hacer política, saco una bandera roja y grito programa, programa, programa al paso del cortejo líquido de la nueva realidad.

Publicado en el Nº 329 de la edición impresa de Mundo Obrero octubre 2019

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