Caminante no hay camino El camarada Sankara compartía simpatía por el feminismo... es un ejemplo de lucha y sacrificio, también de injusticia y de asco profundo a un mundo que parece girar tan solo en torno al poder y el dinero.

Patricia Castro 14/11/2019

Son tiempos raros, tristes y grises. Por un lado, tenemos la reconfiguración de la derecha, después de haberse “dividido” en tres partidos, la que nos amenaza por un lado y por otro -producto de esto- el desmantelamiento de lo poco que queda del Estado de Bienestar y la nueva restauración del Régimen del 78. Las mujeres, y todos nuestros compañeros, saben lo que es sufrir en carne propia el que pierde siempre, el que recibe los golpes para que los “buenos” se salgan siempre con la suya.

El pasado 15 de octubre se cumplían 32 años del asesinato de Thomas Sankara, revolucionario y expresidente de Burkina Faso. Según Sankara: “Nuestra revolución no es un torneo de hablar en público. Nuestra revolución no es una batalla de frases bonitas. Nuestra revolución no es simplemente hacer eslóganes que no son más que señales utilizadas por los manipuladores que intentan usarlos como palabras clave, como palabras de código, como una lámina para su propia pantalla. Nuestra revolución es, y debe seguir siendo, el esfuerzo colectivo de los revolucionarios para transformar la realidad, mejorar la situación concreta de las masas de nuestro país”. Sus palabras por desgracia en estos tiempos que nos han tocado vivir resuenan con más verdad que nunca -y debemos estar a la altura de los tiempos para poder hacer frente a los retos que se nos plantean.

El camarada Sankara es un ejemplo de lucha y sacrificio, también de injusticia y de asco profundo a un mundo que parece girar tan solo en torno al poder y el dinero. Sankara, asesinado en 1987, también compartía su gran simpatía por el feminismo, y pensaba que el socialismo sin la liberación de la mujer era una lucha totalmente estéril. Debemos recordar sus sabias palabras para ponerlas en práctica, hoy y mañana, en las calles de Barcelona, o en las de Madrid, París o Sevilla. Allí donde haya una situación tiránica debemos estar y debemos hacerla frente. El movimiento feminista ha sabido abrirse paso en un contexto de retroceso histórico de derechos y auge de la derecha, y aun así ha conseguido ampliar su libertad, representación y mejoras materiales.

No tenemos que olvidar que, aunque ya hayamos andando mucho camino, aun nos queda mucho por hacer. Todo lo que creíamos conquistado hoy en día perece ante nuestros ojos y una nueva ola de reaccionarismo arrasa con todo. No lo podemos permitir. Necesitamos el compromiso de todas y de todos, salir a las calles, llenar las urnas, protestar y movilizarse para poder transformar la sociedad. Como decía Machado: caminante no hay camino, se hace camino al andar...

Publicado en el Nº 329 de la edición impresa de Mundo Obrero octubre 2019

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