25 de noviembre en las aulasCómo combatir la violencia hacia las mujeres desde la educación La educación es crucial para prevenir la violencia machista. En el aula se trabajan los comportamientos, las actitudes, la comprensión y actuación sobre el mundo.

Lola Ruiz Durán. Secretaria de Educación del PCE / Activista de Marea Verde 25/11/2019

En los medios, en las conversaciones, tras el rechazo y condena de la violencia machista cuando, desgraciadamente hay un asesinato de una mujer, se escucha, invariablemente: “hay que educar”, para que no vuelva a suceder.

Toca reflexionar sobre el papel de la educación pública, el modelo de socialización de niñas y niños, la convivencia en centros escolares y cómo erradicar el modelo patriarcal desde el que se ejerce la violencia hacia las mujeres.

La movilización feminista ha removido muchas conciencias y ha hecho evidente la necesidad de acabar con la violencia machista. Sin embargo, en el ámbito educativo, el “buenismo” y una mal entendida “libertad de elección” sirven de caldo de cultivo a recalcitrantes machistas que, desde la ultraderecha, pretenden mermar los derechos y libertades de las niñas y niños, y extender su intolerancia a las aulas de la escuela pública.

Pretenden, en nombre de la libertad rechazar los contenidos y aprendizajes sobre temas concretos de educación para la igualdad, en lo que se ha denominado pin parental que expresa conductas antifeministas, coercitivas y contra la diversidad afectivo-sexual en el entorno escolar, a pesar de que son derechos protegidos por las leyes. Esta aberración, requiere de una actitud firme, y beligerante, en el plano legal, pedagógico, ideológico y de difusión e información a familias, estudiantes, profesionales.

La educación concertada, un modelo segregador

La segregación ha aumentado de forma alarmante. Madrid, Cataluña, La Rioja, Euskadi, son las Comunidades Autónomas que más segregan. Dichos resultados están ligados al aumento de la educación concertada, a la progresiva eliminación de plazas públicas (de centros de gestión y titularidad públicas), y la aplicación de políticas neoliberales.

Los centros educativos que tienen idearios antifeministas, de forma incongruente, están financiados por las administraciones públicas mediante conciertos educativos o el cheque bachillerato. Muchos de estos centros son, además, religiosos y por tanto, defienden un modelo confesional que desde el punto de vista ideológico perpetúa el modelo patriarcal que adoctrina y discrimina a las mujeres.

El cheque bachillerato y el cheque en educación infantil, que no tiene en cuenta la progresividad fiscal, financia centros privados con fondos públicos, con la argucia de la “libertad de elección”, sin que se realice un control por parte de la administración pública para que dichos fondos NO sirvan para educar en la desigualdad.

La “libertad de elección” se basa en el prejuicio, segrega generalmente por posición socioeconómica y normaliza la desigualdad. Por tanto la doble red, con centros cuyos idearios perpetúan la discriminación basada en el género, es una lacra para las mujeres. Es la educación pública donde es viable la educación en igualdad pues sus valores deben responder a un amplio consenso democrático.

Ha habido pues una utilización malintencionada de la “libertad de elección” que está teniendo consecuencias nefastas porque produce segregación educativa y los poderes públicos, lo financian y lo consienten ¿cómo va a cambiarse la estructura que discrimina a las mujeres?

Los contenidos, los libros de texto, y el currículo

El patriarcado ejerce violencia hacia las mujeres, en diversas formas, en ocasiones de manera sutil y afecta a las niñas y niños, modelando comportamientos y actitudes. ¿Qué herramientas hay en el aula? ¿Desde qué puntos de vista puede abordarse la cuestión?

Diversas corrientes de pensamiento y conocimiento nutren las fuentes epistemológicas que fundamentan el currículo y los contenidos que se imparten. Los contenidos feministas y la presencia de mujeres son mínimos.

Se cuestiona la relevancia del feminismo como fuente del pensamiento y su importancia histórica, pesar de que ha sido determinante para el progreso de la sociedad moderna y la evolución social en el siglo XXI. Es evidente que el feminismo debe estar presente como fuente epistemológica del currículo.

La violencia de género, la educación para la igualdad están recogidas en la legislación educativa como contenidos transversales, no son una asignatura, deben tenerse en cuenta en todas las materias y trabajarse junto al resto de valores, por ejemplo, así figura en la normativa de la Comunidad de Madrid en el currículo: “La programación docente debe comprender en todo caso la prevención de la violencia de género, de la violencia contra las personas con discapacidad, de la violencia terrorista y de cualquier forma de violencia, racismo o xenofobia, incluido el estudio del holocausto judío como hecho histórico.”

¿Es suficiente una presencia transversal? ¿Cómo se trabaja en los centros educativos? De manera desigual. En los centros públicos se programan actividades, talleres, se recoge en la programación docente, aunque en diversa medida, según los centros.

La educación es crucial para prevenir la violencia machista. En el aula se trabajan los comportamientos, las actitudes, la comprensión y actuación sobre el mundo.
¿No debería haber más modelos femeninos que destaquen por sus aportaciones a la ciencia, la tecnología, las artes, la filosofía, la historia? ¿No debería haber modelos masculinos dedicados a los cuidados? ¿Cómo aparecen reflejados hombres y mujeres en los libros de texto?

Diversos estudios sobre los libros de texto indican que las mujeres están infrarrepresentadas en las imágenes: su número es menor que el de hombres y estos aparecen ligados al ámbito laboral, hombres y mujeres muestran roles y actitudes diferenciados. Asimismo hay escasa presencia de las mujeres protagonistas de los diferentes ámbitos de conocimiento. En términos generales se ofrece una visión androcéntrica y las mujeres no son visibles.

El feminismo en la educación

La movilización feminista nos enseña el valor y la dignidad del trabajo de cuidados. Los centros educativos son entornos de cuidados. El personal que ayuda y cuida como auxiliares de control, limpiadoras, monitoras de comedor, psicopedagogas, personal no docente... Hay que poner en valor el trabajo de cuidados en los centros educativos.

Para fomentar actitudes no sexistas es preciso mejorar la capacitación y formación del profesorado así como impulsar planes para la igualdad desde las diferentes administraciones públicas: las declaraciones de intenciones deben concretarse en actuaciones específicas.

El feminismo es invisible en la escuela. Hace tiempo que la administración ha hecho dejación de su obligación de impulsar políticas sociales y educativas públicas y hay que revertir esta situación.

¿Otra educación es posible?

Se necesita el fomento y la protección de la educación infantil, de 0 a 6 años, una etapa contribuye a la una mayor integración. La privatización del ciclo 0-3, su conversión en un sistema asistencial requiere de medidas que, de forma urgente aborden su inclusión en el sistema educativo público e introducir unos criterios de calidad comunes en todo el Estado.

Es urgente invertir en la educación pública, disminuir las ratios y disponer de apoyos y desdobles que atiendan la diversidad, invertir recursos en la red de orientación pública, incorporando diversos perfiles de orientación. Mejorar la formación docente e impulsar planes de acción que apliquen las leyes en materia de igualdad en los centros educativos.

Es preciso retirar la financiación pública a los centros que aplican políticas segregadoras en materia de igualdad, abordar la supresión progresiva de los conciertos educativos y trabajar por una educación laica, sin adoctrinamiento religioso.

Las diferencias por sexos se mantienen en la elección de asignaturas, tecnológicas o perfiles profesionales, que después van a traducirse también en desigualdades salariales. En el aula es necesario dar confianza a las niñas y jóvenes en sus propias capacidades.

Es necesario trabajar por unas relaciones interpersonales libres de estereotipos y proporcionar los recursos para que alumnos y alumnas gestionen los comportamientos y emociones desde la cooperación y la coeducación. Es importante la educación afectivo-sexual desde su contexto, para que les permita comprender sus emociones y educarse en el respeto desde la diferencia y la diversidad, y contar para todo ello con el apoyo y la colaboración de las familias.

La movilización feminista reivindica la educación. Es primordial no dar ni un paso atrás en los avances educativos y seguir generando los cambios estructurales necesarios para que, al menos, los preámbulos de las leyes se hagan realidad en las aulas. La movilización y la huelga feminista son herramientas de lucha; el debate, el intercambio de experiencias, la sororidad, son necesarias para seguir adelante.

El 25N es de esperar que haya actos en los centros educativos, condenando la violencia de género. Es una fecha que debe servir para reflexionar sobre el modelo educativo que queremos, cómo avanzar hacia una sociedad más igualitaria, mejorar la práctica educativa y fomentar la participación desde las familias, el profesorado, el alumnado para construir una educación pública para que alumnos y alumnas sean más libres y más iguales en el aula, porque probablemente serán personas más libres, más iguales, y más felices en la vida adulta. Efectivamente: “hay que educar”, para que no vuelva a suceder.

Publicado en el Nº 330 de la edición impresa de Mundo Obrero noviembre 2019

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