La guerra de banderas ha sido el escenario perfecto para eludir la grave realidad social que tenemosMás allá de las banderas: la crisis social oculta tras el ‘procés’

Eduard Navarro. Secretario General del PSUC Viu 27/11/2019

Desde hace varios años vivimos inmersos en un contexto político y social caracterizado por la crisis territorial más importante desde la transición política, de una forma especialmente agravada en Cataluña con lo que se conoce como el ‘procés’.

Además, estos años también han estado marcados, en el plano social, por la cronificación de los efectos de la crisis en la clase trabajadora y las capas populares. Según el IDESCAT (2018), el 21,3% de la población catalana vive bajo el umbral de la pobreza, un 1,3% puntos más que el año anterior. Actualmente, se calcula que un 10% de la población catalana se encuentra afectada por la llamada pobreza energética, es decir, sin recursos para poder mantener los suministros básicos de agua, luz, o gas.

Es importante conocer que Cataluña continúa situándose a la cola de España en gasto de educación, sanidad y servicios sociales según un estudio de la Asociación Estatal de Directores y Gerentes en Servicios Sociales. En total, en 2018 se invirtió un 20% menos que al 2009.

Mientras en educación, Cataluña es la tercera comunidad por la cola en evolución del gasto en los últimos diez años (en el año 2018 se invirtió un 12% menos que el 2009, cerca de 781 millones de euros de diferencia), en sanidad, Cataluña está al final de la lista. El gasto del 2018 ha sido un 27,5% menor que al 2009, 3.328,2 millones de euros. Del mismo modo también está la última de la lista en cuanto a inversión social por habitante.

Para acabar, no podemos dejar pasar la última apuesta del Govern de la Generalitat para abrir la puerta a nuevas privatizaciones: la Ley de Contratos de Servicios a las Personas, conocida como "Ley Aragonès" (en alusión a Pere Aragonès, vicepresidente de la Generalitat, de ERC) que pretende establecer un marco jurídico para que sean las empresas privadas las que gestionen y presten los servicios públicos que garantizan derechos fundamentales, hecho que degradará la calidad de los servicios. Una ley que abrirá la puerta a nuevas privatizaciones de servicios públicos, sobretodo en la sanidad, la educación, y la dependencia.

Esta situación brevemente detallada, nos podría indicar que objetivamente el conflicto de clase se debería haber agravado durante estos años, pero la realidad ha sido otra muy distinta, quedando eclipsado tras el conflicto nacional. Hecho que, tampoco olvidemos, también ha tenido su efecto al otro lado del Ebro, contribuyendo de forma decisiva al aumento de la hegemonía política e ideológica en España de las fuerzas políticas reaccionarias: PP, Ciudadanos, y el fascismo de VOX. Por lo tanto, la guerra de banderas ha sido el escenario perfecto para eludir la grave realidad social que tenemos.

Los y las comunistas del PSUC viu defendemos que el diálogo y la negociación es la única vía para afrontar el problema político de encaje entre Cataluña y España, a la vez que se sitúa en el centro de la política un discurso social que interpele directamente al mundo del trabajo y al conjunto de los barrios obreros y populares, lo que significa centrarnos en los problemas que afectan a nuestro pueblo, y más aun teniendo presente, que ya nadie discute que estamos a las puertas de una nueva crisis económica que supondrá el intento de aplicar en la clase trabajadora nuevas medidas de ajuste neoliberales.

No obstante, tampoco debemos pensar que el problema nacional catalán se solucionará con una mejora de las políticas sociales. La única solución pasará por la articulación de un proyecto de país que vaya más allá del actual sistema político. Los y las comunistas, que nos reclamamos de la tradición republicana, defendemos la apertura de un proceso constituyente hacia una República Federal y Solidaria, donde se pueda dar solución al conflicto territorial. Este sentir popular, que todavía puede parecer incipiente, debe conseguir plantear un proyecto político de país que supere el independentismo hegemonizado por JuntsxCat y ERC, a la vez que hace regresar a la izquierda a aquella parte de las capas populares que abrazaron el españolismo como una reacción emocional al procés. En ese proyecto, el catalanismo popular debe ser una pieza fundamental para la cohesión del conjunto de la sociedad catalana, precisamente en la medida en que los y las comunistas seamos capaces de construir con la clase trabajadora y las capas populares este proyecto de país. Únicamente en este proceso podremos dar solución duradera a los problemas que nos han ocultado tras las banderas.

Publicado en el Nº 330 de la edición impresa de Mundo Obrero noviembre 2019

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