Gobierno y poder En la Unión Europa, los intentos de discusión de la soberanía nacional han sido derrotadas, tanto por la izquierda, como por la derecha.

J.M. Mariscal Cifuentes. Director de Mundo Obrero 27/11/2019

En América Latina, los procesos que se han conducido desde la subordinación de toda la riqueza nacional a los intereses populares (parafraseando el artículo 128 de la Constitución Española) han sido enfrentados desde los mercados, las finanzas y la potencia hegemónica declinante, haciendo uso de nuevas y variadas maneras de golpes de Estado, cierres patronales, boicots más o menos encubiertos, hábiles campañas mediáticas, violencia callejera de pijos blanquitos, montajes judiciales de magistrados al servicio de la CIA y guerra sucia al clásico estilo de la Escuela de las Américas. Honduras, 2009. La justicia prohíbe el impulso de un proceso constituyente y provoca un golpe que termina con Zelaya en el exilio. Paraguay, 2012. Un juicio político defenestra a Fernando Lugo tras adherir a Unasur a su país. Perú, 2012. Ecuador, 2017, Humala y Lenin Moreno respectivamente, no tardaron en traicionar el mandato y a sus bases populares de apoyo, para entregarse a la política dictada por la Secretaría de Estado estadounidense. Argentina, 2015. Macri alcanza la presidencia tras una campaña judicial y mediática contra Cristina Fernández, ahora vicepresidenta tras la feliz derrota de aquel. Brasil, 2016. Un golpe blando en forma de juicio político destituye a Dilma Rousseff. Dos años después, Lula es encarcelado con un claro montaje judicial y mediático propiciando la victoria de Bolsonaro. En Venezuela la experimentación con diversas modalidades de golpe de Estado no han derrotado al poder bolivariano, pero la guerra económica y mediática continúa. Bolivia, 2019. Tras vencer en la primera vuelta por diez puntos de ventaja sobre su competidor, Evo Morales sufre un golpe de Estado tras años de resistencia contra las élites racistas y aristócratas cruceñas, literalmente nazis (además de torturar, queman libros, como los de Álvaro G. Linera) y de construcción de la soberanía popular en un país multiétnico.

La derogación en lo más mínimo de los privilegios de las élites y la incorporación a la política de los pobres y los pueblos originarios provoca su reacción, llevada hasta la violencia más extrema si es necesario.

En la Unión Europa, los intentos de discusión de la soberanía nacional han sido derrotadas, tanto por la izquierda, como por la derecha. En el caso de Grecia, ni siquiera bastó con el amplio mandato de desobediencia popular a los dictados de la Troika, expresado en referéndum. Los “mercados” y Alemania torcieron el brazo a un Tsipras que hoy es jefe de la oposición en un país arrasado socialmente por las políticas llamadas de austeridad. En Italia, oscuras maniobras desde Frankfurt y Bruselas han descabalgado a Salvini del gobierno. No nos engañemos, a Bruselas no le molestaba tanto que Salvini llevara a rajatabla la criminal política migratoria de la Unión Europea, como que pusiese sobre la mesa, aún desde la excentricidad sobreactuada y demagógica de la tradición del fascio italiano, los límites de la soberanía nacional.

España, año 2021. El gobierno sienta las bases para el establecimiento de una banca pública y un polo público energético. La Unión Europea declara su más firme oposición al proyecto y recuerda la obligación del gobierno español de recortar 4.000 millones de euros de sus presupuestos públicos. La unidad popular expresa en las calles su apoyo al gobierno. La política ultraliberal y antipatriótica de la extrema derecha de VOX es desenmascarada. Imaginaciones mías, cosas de comunistas. ¿O serán sueños?

Publicado en el Nº 330 de la edición impresa de Mundo Obrero noviembre 2019

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