El capitalismo se ha hecho incompatible con la vida y las fuerzas productivas que induceEcosocialismo o barbarie Es tan positivo el movimiento climático que ha surgido con fuerza, porque no espera a que lleguen las catástrofes, porque se plantea el cambio de sistema, el fin del productivismo suicida.

Julio Setién 29/11/2019

Estamos inmersos en dos crisis a las que se enfrenta por primera vez la especie humana:

1.- Hemos sobrepasado ya el techo de extracción del petróleo convencional y el mercado se mantiene con productos de menor calidad, procedentes del fracking. Si continúa el consumo actual, en la próxima década la disponibilidad de petróleo se habrá reducido en un 30%, el pico de producción del gas se alcanzará en un par de décadas y el del carbón, en tres.

Lo mismo ocurre con un montón de minerales imprescindibles, empezando por el cobre y terminando por las llamadas “tierras raras”, esenciales en la producción y almacenamiento de electricidad.

Desde hace 200 años, la humanidad ha basado su rápido crecimiento económico en el uso de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas). El petróleo es no solo la principal, sino la más polivalente de las fuentes de energía. Prácticamente TODO se mueve con petróleo, que además es materia prima para la producción de plásticos, productos químicos –incluidos los agroquímicos-, calor, electricidad, etc.

La reducción radical de la disponibilidad de petróleo podría suponer la oportunidad de lograr una sociedad en paz con el planeta, liberada del consumismo adictivo. Pero si no cambia la tendencia, sobre la política internacional se cierne la exacerbación de las guerras civiles y entre estados por el acceso a los recursos vitales.

2.- Por otro lado, sobrepasadas en mucho las 350 partes por millón de CO2 en la atmósfera, se está produciendo un calentamiento global que ya está provocando la reducción del agua disponible, de los suelos fértiles y del volumen de pesca obtenido, el aumento de la desertización, la subida del nivel del mar con intrusión de agua salada en los acuíferos costeros y el incremento de sequías, ciclones e incendios.

Todavía hay tiempo para ralentizar el proceso, pero los científicos avisan de que, si sigue creciendo la cantidad de CO2 emitido por el consumo de combustibles fósiles, el proceso se realimentará y acelerará.

Habría que reducir drásticamente el consumo de combustibles fósiles, lo que afectaría a los ejércitos, al transporte pesado –marítimo y terrestre- y aéreo, a la agricultura industrializada, a la configuración de las ciudades y a la producción de bienes y servicios banales o parasitarios; dedicar una financiación ingente y creciente a paliar los efectos de los desastres, a impedir que sean los trabajadores quienes paguen los costes de la gran transformación económica necesaria, a potenciar la solidaridad con los pueblos empobrecidos –los más afectados- y a dar amparo a millones de refugiados.

Los próximos años serán los más trascendentales en la historia de la Humanidad. Hay dos caminos: 1.- Seguir como hasta ahora quienes puedan y mientras puedan: los países ricos, las oligarquías de los países productores de materias primas y la población indispensable para mantener una estructura capitalista similar a la actual, sobre la muerte de decenas de millones de seres al año que sobrarán, por hambrunas, guerras y epidemias. 2.- Actuar rápidamente, imponer transiciones equitativas en todas las actividades y redes vitales quebrando la hegemonía económica del capital, poniendo en manos públicas las industrias estratégicas, los grandes bancos y fondos de inversión, promover la máxima participación democrática desde el ámbito local al global y potenciar las instituciones de ámbito mundial que garanticen los derechos esenciales a todos los seres humanos.

Socialismo ecofeminismo

Eso es el socialismo, el ecosocialismo. Tal proceso no se acometerá si la mitad de la población sigue discriminada: las mujeres deben ser protagonistas. En primer lugar, por razones morales, porque el proceso de empoderamiento de las mujeres no puede durar 2 siglos, como pronostica sin vergüenza alguna el Foro de Davos. En segundo lugar, porque no puede haber un decrecimiento voluntario de la población mientras 2.000 millones de mujeres no sean dueñas de sus propios cuerpos, de sus propias decisiones, de sus propias vidas, no tengan acceso a la educación, a la salud reproductiva y a la igualdad cultural, laboral, social y política. Eso es ecofeminismo o socialismo ecofeminista.

Es decir, una sociedad compartible, heredable y sustentable. Que alcance de nuevo los límites biofísicos que nunca debimos haber sobrepasado, una sociedad equitativa, pacífica, con niveles de bienestar similares para toda la especie humana, que permita un desarrollo humano a las generaciones venideras, que ponga el cuidado de la vida en el centro de todas sus políticas.

Somos una especie interdependiente, también ecodependiente. O garantizamos la máxima supervivencia de los ecosistemas, la vida de las millones de especies que nos rodean o seguiremos poniendo en peligro la viabilidad misma de nuestra especie.

¿Esperamos el colapso para ser mayoría? El modo de producción hegemónico, capitalista, funciona mediante la reproducción ampliada del capital, en un ciclo sin fin. Pero no puede existir un sistema económico basado en el crecimiento indefinido dentro de un mundo termodinámica, espacial y biológicamente finito. Superados los límites, el capitalismo se ha hecho incompatible con la vida y las fuerzas productivas que induce y son su base se han convertido en fuerzas de destrucción. Ahí reside un enorme problema político y temporal, porque hoy no hay mayoría social para quebrar su hegemonía.

Podríamos optar por no ser agoreros, no hablar de las crisis sistémicas, de la necesidad de una rápida transición obligadamente anticapitalista, porque la ciudadanía ya se irá dando cuenta cuando nos quedemos sin petróleo, no haya agua para los regadíos y se incendie la mitad del país. Pero para entonces, a lo mejor la ciudadanía, sin nuestra presencia gruñona, está votando a la derecha para que cierre fronteras, invada Argelia (gas) con la OTAN y liquide los servicios públicos que ya solo serán para los pobres. Sería malvado, pero sobre todo, estúpido.

Deberíamos desde ya ganar adaptación, resiliencia, frente a las crisis: vivir lo más frugalmente posible, crear espacios de cooperación, practicar en cada ámbito de nuestra vida el principio mejor con menos.

Pero no nos engañemos, lo decisivo será la resistencia, la lucha y la gestión frente a la hegemonía del capital. Por eso es tan positivo el movimiento climático que ha surgido con fuerza, porque no espera a que lleguen las catástrofes, porque se plantea el cambio de sistema, el fin del productivismo suicida.

Ya se han sobrepasado los 3.000 millones de asalariados; por su organización, por su presencia mayoritaria en las ciudades, por sufrir la inequidad del capitalismo, serán esenciales para lograr una transición ecosocialista. Para ello, el movimiento sindical de los países ricos no puede adoptar una postura nacionalista, productivista y consumista, porque entonces iremos a la catástrofe social. La articulación de lo local a lo global, de las luchas sindicales, feministas, ecologistas, solidarias y pacifistas es hoy el principal reto hoy para la izquierda transformadora, pero para ello, hay que explicar claramente la situación , proponer vías de acción y alternativas, estar dentro de los movimientos sociales para contribuir a esa articulación y a esa orientación, porque: Si no queremos ser agoreros, acabaremos siendo cómplices.

Publicado en el Nº 329 de la edición impresa de Mundo Obrero octubre 2019

En esta sección

Los que patrocinan e informan de la Cumbre del Cambio Climático son las multinacionales contaminantesEcosocialismo o barbarieLa cruzada de la Iglesia y las derechas contra los avances del feminismoGuillermo Fernández-Vázquez: “Integrar la cuestión de la familia como salvaguarda frente al mercado sería el acto antifascista por excelencia”IV Encuentro de la Asamblea Andaluza de Asociaciones Memorialistas y Víctimas del Franquismo

Del autor/a

Ecosocialismo o barbarie