Un gobierno para el pueblo trabajadorCinco conclusiones de los resultados electorales del 10N Ante el sentimiento de indefensión, desprotección y desamparo de las familias trabajadoras, el gobierno de coalición debe demostrar que la solución pasa por la izquierda o finalmente la alternativa será Vox.

Ángel de la Cruz. Responsable federal Estrategia Política de IU 03/12/2019

1. Continúa abierta la crisis de régimen

Nada de lo que viene ocurriendo en España durante los últimos años se puede entender sin la centralidad de la crisis de régimen, sus fases y su desarrollo. Grosso modo, desde el PCE e IU nos referimos como crisis de régimen al proceso de ruptura de los consensos principales que permitían la reproducción de nuestro régimen político en condiciones de normalidad: el económico-social, el cultural, el político-institucional y el territorial-estatal.

La crisis económica acabó expulsando definitivamente a sectores populares muy amplios a los que se sumaron sectores medios que vieron mermadas sus expectativas de ascenso social y sufrieron un proceso de «proletarización». Esto provocó que dichos sectores pasaran de la pasividad política a la reivindicación, generando una crisis de hegemonía. En resumen, la crisis económica provocó que las clases populares dejaran de creer en lo que antes creían, por utilizar una traducción leninista más intuitiva. Esta ruptura no tuvo una traslación electoral mecánica e inmediata –nunca la tiene–, pero carcomió paulatinamente el cerrojo institucional con el bipartidismo como máximo exponente hasta que años después esto se tradujo en un nuevo escenario político-institucional. Paralelamente y con particularidades propias y más complejas, se produjo la ruptura del consenso en torno a la organización territorial del Estado.

Todos estos elementos están relacionados de manera dialéctica, pero si echamos un vistazo a las distintas fases que venimos afrontando, comprobaremos que en cada una de ellas podemos destacar la primacía de algún eje sobre los demás. Así pues, los primeros años estuvieron marcados por la primacía del eje económico-social, de la misma manera que actualmente podemos identificar la primacía del eje territorial-estatal como máxima expresión de la “particularidad nacional” española. No hace falta incidir demasiado en que, si por razones evidentes los primeros años permitieron un avance extraordinario de la izquierda, el avance «lógico» en el momento actual es por la derecha. La crisis de régimen, sus fases y su desarrollo no determinan lo que ocurre, pues entonces no existiría la política, pero sí acotan el margen de maniobra estableciendo algunos límites y presiones.

Lo que demuestran los resultados de estas elecciones es que, más allá del reajuste de porcentajes electorales (principalmente intrabloques), es que la crisis de régimen sigue abierta y la crisis de “gobernabilidad” en ningún caso se ha cerrado.

2. Ha fracaso la estrategia del PSOE (y, por extensión, del régimen)

El PSOE ha vuelto a ganar las elecciones generales, pero ha perdido tres diputados y ha bajado del 28,68% de los votos que obtuvo en abril al 28%, perdiendo 727.772 votos. Esta victoria fue interpretada desde la misma noche electoral como insuficiente, pues el único sentido de convocar nuevas elecciones por parte del PSOE era obtener un resultado ostensiblemente mayor. No solo no ha subido como pretendía sino que no ha cumplido ninguno de sus objetivos: ni Unidas Podemos se ha hundido ni existe escenario alternativo más allá de los tres que se abrieron paso tras el 28 de abril:

- Gobierno de coalición con Unidas Podemos apoyado por el bloque de la moción de censura.
- Gobierno de Concertación Nacional con el PP.
- Nuevas elecciones.

Como venimos advirtiendo, la estrategia del “cierre de filas” del PSOE era extremadamente temeraria. Las consecuencias de disputarle el partido a la derecha en su propio campo y con sus mismos marcos eran fácilmente imaginables: un avance de la derecha. En un contexto de crisis, incertidumbre y desafección, el conflicto catalán supuso un giro en la “psique nacional” que fue aprovechado por la extrema derecha. Para orden y estabilidad, ella.

En las elecciones del 28 de abril, el error de PP y Ciudadanos –concretado en la “foto de Colón”– hizo que el PSOE y Unidas Podemos compartieran marcos discursivos frente a la amenaza de las derechas radicalizadas. En estas elecciones, el PSOE consumó su giro hacia la derecha asumiendo los principales marcos de la derecha.

3. Unidas Podemos consigue resistir

Uno de los principales objetivos de esta campaña compartido por el PSOE, las derechas y los poderes económicos, era acabar con Unidas Podemos. El simulacro de negociación y la lucha por el relato de la ruptura de estas se enmarcaban en este objetivo. Sin embargo, Unidas Podemos resiste en una campaña hostil manteniendo una posición determinante de cara a la conformación del gobierno, aunque acusando una bajada del 1,47%, 635.744 votos y siete diputados, una de ellos de IU: la malagueña Eva G. Sempere, que realizó un excelente trabajo con colectivos, asociaciones y movimientos sociales.

Debemos señalar, de nuevo, la importancia del contexto. El auge del conflicto catalán y la consiguiente reacción, así como la irrupción de Más País, son algunos de los factores que tenemos que tener en cuenta a la hora de analizar estos resultados. No obstante, debemos afrontar sin paliativos el descenso estructural que el espacio de Unidas Podemos acusa desde 2016, pues más allá de los límites contextuales y estructurales, es evidente que, por un lado, hemos cometido errores y, por otro, no hemos cumplido algunas tareas imprescindibles para el arraigo social de nuestro espacio. También debemos señalar, dicho sea de paso, que todos los intentos de buscar un hueco propio dando por muerto el espacio de Unidas Podemos han fracasado: Actúa, En Marea y Compromís en abril, Más País en noviembre... Lo que confirma que, aun con todos sus errores, debilidades y limitaciones, la unidad es el único camino.

De nuevo, logramos remontar en las dos últimas semanas de campaña como en abril, especialmente en la última a partir del debate electoral entre candidatos. Cabe señalar que GAD3, la consultora cuyo pronóstico más se acercó al resultado del 10 de noviembre, tan solo una semana antes otorgaba un exiguo 11,2% a Unidas Podemos frente al 12,84% finalmente obtenido. En la última semana logramos reducir el trasvase de voto hacia Más País y el PSOE, obteniendo por primera vez un balance positivo de dicho trasvase según los propios datos facilitados de GAD3.

Cabe destacar que el único territorio donde sube Unidas Podemos respecto al 28 de abril es Baleares, donde pasa del 17,82% al 18,1%. El territorio en el que más bajamos es Madrid (-3,24%) por la competencia directa de Más País, seguido de Aragón (-2,77%), donde ha influido la competencia con la Chunta, que no se presentó el 28A, y Euskadi (-2,16%). Por otra parte, el territorio en el que menos bajamos es Extremadura (-0,41%), seguido de Catalunya (-0,71%) y País Valencià (-0,87%).

4. La recomposición de la derecha: ascenso de Vox, hundimiento de Ciudadanos e impasse estratégico del PP

Durante 36 horas aproximadamente el partido ganador de las elecciones del 10 de noviembre fue Vox. Su ascenso fulgurante dejó en shock especialmente a la ciudadanía progresista a pesar de que todas las encuestas coincidían en esta posibilidad. Esto cambió con el anuncio de un preacuerdo para una coalición entre Unidas y el PSOE, que vino a recordarnos que en un sistema multipartidista los partidos “ganadores” son aquellos que logran una posición determinante en términos estratégicos más allá de porcentajes electorales.

Es importante que a la hora de analizar el ascenso de Vox mantengamos la cautela. Para un análisis riguroso todavía necesitamos más datos. Los actuales muestran una transferencia de voto ínfima de la izquierda hacia Vox. Concretamente, en GAD3 se aprecia un trasvase del 0,7% del votante socialista hacia la formación de extrema derecha, pero de nuevo debemos insistir en la importancia del contexto y de los marcos en los cuales se ha movido la campaña. En cuanto a la composición sociológica, Vox crece más en la España del interior, en las zonas rurales, en las provincias medianas y pequeñas y especialmente en las zonas con mayor inmigración. Las zonas periféricas y desindustrializadas parecen ser un factor ineludible para entender y atajar su crecimiento.

El hundimiento de Ciudadanos (que pasa del 15,86% al 6,79%) es el factor más importante a la hora de analizar la recomposición de la derecha. A pesar del avance cuantitativo y cualitativo de Vox, el bloque de la derecha no suma más votos que en abril, de hecho pasa del 43,55% al 43,49%, un porcentaje también menor que en 2016 (46,63%). De hecho, el bloque de la derecha suma menos votos que el bloque de la izquierda (43,63%), aunque este acusa una bajada, ligeramente mayor, del 0,33% de los votos respecto a abril.

La subida de Vox tiene un efecto paradójico: dificulta la opción ideal del régimen, esto es, un acuerdo de Concertación Nacional –en cualquiera de sus fórmulas– entre el PSOE y el PP, pues este último le dejaría todo el carril de la derecha a Vox. Así pues, el PP, que pasa del 16,70% al 20,82% pero queda lejos de los 100 diputados, no ha conseguido resolver su dilema estratégico después de un cierto giro hacia el centro tras las elecciones de abril.

5. Transformismo o transformación: el cogobierno como oportunidad histórica para la izquierda

Que la crisis de régimen siga abierta significa que la batalla de fondo, más allá de cuestiones estrictamente electorales, sigue siendo entre restauración, en su versión reaccionaria o “reformista”, y ruptura democrática. La resistencia de Unidas Podemos ha impedido de momento un cierre oligárquico de la crisis por arriba, pues si el PP en un acuerdo de Concertación Nacional se vería amenazado por su derecha, el PSOE en ese caso se vería amenazado por su izquierda. Mientras tanto, el “comodín” Ciudadanos se desvanece al quedar desdibujado en una posición irrelevante.

Así las cosas, el PCE e IU han decidido apostar por un gobierno de coalición que dependerá de la abstención de ERC. Esta decisión afronta muchos riesgos y una oportunidad. En cuanto a los riesgos, todos están relacionados con el principal: el transformismo. El espacio político de la izquierda debe fortalecerse echando raíces en la sociedad civil. La cooptación y la integración normalmente no se pueden explicar desde posiciones morales o como cuestiones de voluntad, sino como el resultado de determinas inercias y correlaciones de fuerzas. Lo que nos enseña la debacle de Ciudadanos es que sin autonomía no hay política y sin raíces no hay autonomía. La izquierda debe volcar todos sus recursos en la articulación de sociedad civil, la construcción de comunidad y el arraigo territorial. Sin eso, será muy difícil que resista a las tensiones inherentes de un cogobierno en las condiciones actuales.

La oportunidad: materializar las luchas de tantos años en avances sociales demostrando que hay alternativa y se puede gobernar al servicio de las familias trabajadoras. Ante el sentimiento de indefensión, desprotección y desamparo de las familias trabajadoras, el gobierno de coalición debe demostrar que la solución pasa por la izquierda o finalmente la alternativa será Vox. En política no existen los espacios vacíos: si Unidas Podemos gobierna es lógico pensar que las derechas recogerán el descontento y el malestar (aunque esto seguramente también ocurriría con un gobierno del PSOE en solitario). Gobernar bien en términos materiales (políticas concretas) y culturales (reconstrucción de un nuevo sentido común más democrático) es una oportunidad histórica para la izquierda. Y probablemente la última en mucho tiempo.

Publicado en el Nº 330 de la edición impresa de Mundo Obrero noviembre 2019

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