Contra el talón de hierro

Españoles hijos de puta España o Catalunya ni apoya, ni defiende, ni es rica, ni es pobre, ni vota esto, ni vota lo otro. Porque es solo un trozo de tierra o una división administrativa, dentro de las cuáles hay personas.

Pascual Serrano 05/12/2019

Hace unas semanas un periodista de Gara colgaba un tuit con el siguiente texto “'Españoles hijos de puta', corean los antifascistas contra los ultraderechistas” y adjuntaba un vídeo donde, efectivamente, se apreciaba a varios manifestantes gritar eso frente a la policía.

Algunos expresamos nuestra preocupación por el hecho de que, desde el discurso, o con la coartada, antifascista se termine gritando “españoles hijos de puta”. Lo que resultó más curioso es ver las justificaciones en las redes. La mayoría pretendía convencer de que, en realidad, el calificativo estaba destinado a un sector de la población concreto: a los españoles que no se solidarizaban con la lucha de los catalanes y que, como no denunciaban el encarcelamiento y represión, se merecían ese calificativo. Según ellos, el término español había sido tan explotado y apropiado por la derecha que los que no fueran fascistas no tenían por qué sentirse aludidos. Otros argumentaban que, igualmente, en otros lugares del Estado se gritaba “catalanes hijos de puta” y otros afirmaban que era una reacción lógica al “a por ellos” que gritó la policía cuando reprimió Catalunya el día del referéndum.

Cualquiera que se preocupe por la convivencia debería inquietarse ante esas justificaciones. En primer lugar por intentar agrupar ideologías y comportamientos en torno a gentilicios (españoles, catalanes...) o divisiones territoriales (España, Catalunya...). Personas que compartan o no el encarcelamiento de los líderes independentistas catalanes habrá en Burgos, en Barcelona y en Vigo. No tiene ninguna lógica plantear que los españoles aplauden los encarcelamientos y los catalanes no. España o Catalunya ni apoya, ni defiende, ni es rica, ni es pobre, ni vota esto, ni vota lo otro. Porque es solo un trozo de tierra o una división administrativa, dentro de las cuáles hay personas que apoyan o no, defienden o no, ricos o pobres y votan cada uno una cosa. Y entre los policías que gritaban “a por ellos” bien podría haber uno de Badalona y otro de Medellín. Se puede generalizar sobre algo banal: a los italianos les gusta la pasta o los asturianos comen mucha fabada, pero lo ideológico es peligroso y lo que refleja es xenofobia.

Por otro lado, por mucho que algunos quisieran matizar que los insultos solo se dirigían a unos determinados españoles, si tu dices “españoles hijos de puta” es muy probable que quien se considere español (de derechas o de izquierdas, de Valladolid o de Tarragona) crea que le estás llamando hijo puta. No puedes decir judíos avaros o gitanos ladrones y, a continuación, aclarar que no te referías a todos los judíos ni a todos los gitanos.

Conozco muchos castellanos que están en contra de la independencia de Catalunya y de cualquier otra región española, algunos están de acuerdo y otros en contra de la sentencia a los dirigentes del procés, pero ninguno diría “catalanes hijos de puta” y, además, se lo corregiría a quien lo dijera (seguro que alguno habrá). De eso se trata.

Alguien me dirá que lo importante es la represión que están sufriendo en Catalunya y no esa anécdota. Pues yo no estoy de acuerdo. Creo que cuando un grupo empieza a gritarle así a sus vecinos, identificándolos solo por su gentilicio, estamos llegando a un momento muy peligroso. Y cuando leí las justificaciones, aún me resultó más preocupante.

Publicado en el Nº 330 de la edición impresa de Mundo Obrero noviembre 2019

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