Los trabajadores de Agrícola Aguileña S.A. suman más de veinte días de huelga indefinidaLa huelga de AGRASA: una lucha por la dignidad laboral El próximo viernes, 20 de diciembre, a las 19:00 horas una segunda manifestación inundará las calles del municipio murciano para mostrar el respaldo del pueblo a un conflicto en el que está en juego la dignidad de nuestro trabajo.

Pedro Javier López Soler 17/12/2019

Como cada mañana desde hace veintiún días, los trabajadores y trabajadoras de Agrícola Aguileña S.A. (AGRASA) se concentran a las puertas de los almacenes de la compañía, ubicados en el polígono industrial del municipio murciano de Águilas. El pasado 26 de noviembre, los Comités de Empresa, que representan a los empleados del campo, el almacén y las oficinas, decidieron convocar una huelga indefinida ante los reiterados retrasos por parte de la empresa en el pago de la nómina.

Crisis económica en AGRASA

Agrícola Aguileña S.A. hunde sus raíces en su modesta fundación en 1982 como una Sociedad Agraria de Transformación (SAT), es decir, una sociedad civil cuya finalidad es la producción, transformación y comercialización de productos agrícolas. En sus fincas, que en la actualidad superan las 12.000 hectáreas repartidas en diferentes municipios del sur peninsular (Águilas, Hellín, Jumilla, Pulpí y Yecla), producen diversas variedades de lechuga, pimientos, berenjenas, coliflores, hojas de roble y otros productos minoritarios, entre los que está el tomate.

Durante décadas, ha sido una de las empresas más pujantes del sector, muestra de lo cual son sus imponentes instalaciones: 34.000 m² de semillero propio con la tecnología más avanzada para la producción, 1.500.000 m3 de capacidad de embalse que garantizan el abastecimiento de sus fincas, 12.000 m² de almacén y 7.500 m3 de cámaras frigoríficas para la recepción de la mercancía del campo y para embalaje del producto terminado. Su espacio comercial no es menor, abasteciendo a grandes superficies como Mercadona, Lidl o Aldi y distribuyendo sus productos por Europa desde 1984 y, en la actualidad, incluso por Arabia Saudí.

Sin embargo, y pese a sus destacables ingresos anuales, AGRASA experimenta un período de recesión económica que se prolonga desde hace años hasta el día de hoy, en el que vive su peor momento. Las pérdidas mensuales pusieron en una dura situación a la compañía, cuyo accionariado estaba integrado tanto por pequeños como grandes propietarios agrícolas. Ante esta situación, los trabajadores de AGRASA, organizados en dos Comités de Empresa, aceptaron un descuelgue salarial del 8% para los años 2016-2017, contribuyendo de esta forma al sostenimiento de la marca.

En 2017, un importante acontecimiento marca el futuro de la empresa: la incorporación de Antonio Pascual Pastor como socio y consejero delegado. Sobre él ha recaído la gestión de la empresa desde entonces, siendo ahora el socio mayoritario con más del 50% de las acciones. AGRASA publicitó su «fichaje» como “un nuevo rumbo para la compañía” y, en un artículo para el magazine Fruit Today, afirmaron que desde entonces “la empresa aguileña, de origen familiar, es ahora una sociedad que se encuentra inmersa en una nueva era llena de cambios”.

Pese al optimismo con el que aparentemente fueron recibidos los cambios administrativos, la realidad de AGRASA no ha hecho más que empeorar: las deudas con proveedores y accionistas es millonaria y se vulneran derechos laborales como el pago de horas extras y festivos. Nuevamente, los trabajadores, asumiendo un sacrificio que da muestra de su compromiso con la empresa, anunciaron un segundo descuelgue salarial, renunciando a la subida del precio por hora que, por convenio, debía aplicarse en enero de este año a cambio del compromiso por parte de los accionistas de pagar las nóminas antes del 5 de cada mes, compromiso que han incumplido sistemáticamente.

Huelga indefinida y anuncio de liquidación de AGRASA

Agrícola Aguileña S.A. cuenta con una plantilla de un total de 481 trabajadores, repartidos entre el campo (245), el almacén (204) y las oficinas (32). Dos Comités de Empresa organizan a estos trabajadores: uno para el campo con nueve delegadas sindicales (cinco de CC.OO y cuatro de UGT) y otro para el almacén y las oficinas con ocho delegadas sindicales (ocho de CC.OO y uno de UGT).

El principal foco de conflicto en la empresa viene derivado del cobro del salario por parte de los trabajadores. Como consecuencia del continuo retraso de la empresa en su pago, los Comités de Empresa acordaron la convocatoria de una huelga indefinida, que contó con la cobertura legal de Comisiones Obreras. De esta forma, el sindicato quería presionar a la dirección de AGRASA para que cumpliera lo acordado con el descuelgue salarial de enero de 2019. El seguimiento de la huelga ha sido en todo momento del 100% de la plantilla, trabajando únicamente los servicios mínimos solicitados por la empresa.

La situación se volvería crítica el 28 de noviembre, tercer día de huelga, cuando AGRASA anunció su liquidación, alegando pérdidas mensuales millonarias y una deuda global que supera los catorce millones de euros. La quiebra de la compañía supone la ruina para los pequeños accionistas, el despido del conjunto de los trabajadores (un total de 481) y el concurso de acreedores pendiente. Esta decisión fue adoptada por la dirección de la empresa, donde el mencionado Antonio Pascual tiene la mayoría de la representación al ser el accionista mayoritario.

Con la liquidación de AGRASA, todos los bienes de la compañía pasan a concurso de acreedores, que posiblemente la empresa solicitará en los próximos días, siendo adquiridos por el mejor postor.

El drama tras la liquidación de AGRASA

Cerca de quinientos trabajadores han perdido, de esta forma, su empleo, a los que habría que añadir a pequeños socios y proveedores, que también se ven afectados. Al ser la inmensa mayoría vecinos del municipio de Águilas, la economía de la localidad se ve drásticamente afectada, regresando a unas cifras de desempleo similares a las peores registradas durante los últimos años de crisis económica.

Pese a haberse anunciado la liquidación de la compañía, con las medidas adoptadas las trabajadoras se encuentran en una situación dramática: no trabajan en AGRASA al no pagárseles lo que se les debe, no pueden cobrar el paro ni las indemnizaciones correspondientes al no estar en una situación legal de desempleo y tampoco pueden buscar trabajo en otro lugar. ¿Qué pretende con esto la empresa? Todo parece indicar a que quieren que los trabajadores pidan la baja voluntaria, evitando así tener que hacer frente al pago de las cuantiosas indemnizaciones por despido.

Los Comités de Empresa, que se encuentra en negociaciones con la directiva de AGRASA, el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) y la Tesorería General de la Seguridad Social (TGSS), ha planteado la vuelta al trabajo si los accionistas aceptan el control de las cuentas de la compañía por parte de dichos comités, para garantizar así el pago de los salarios. Sin embargo, la empresa ha rechazado toda auditoría económica, no ofreciendo otra alternativa que el fin de la huelga sin comprometerse a pagar a los trabajadores. Y como dice la directiva, “en cualquier caso, ya cobraréis del Fondo de Garantía Salarial (FOGASA)”.

Tras el conflicto, nos encontramos con el drama que viven hoy decenas de familias. AGRASA adeuda a sus asalariados más de 70.000 euros correspondientes a la nómina de octubre, más la de noviembre completa. Hay hogares, por tanto, que llevan sin percibir un sueldo completo dos meses, suponiendo esto una auténtica quiebra para las economías domésticas. Muchos trabajadores han tenido que recurrir a los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Águilas o a entidades benéficas como Cáritas para poder hacer frente a sus gastos hipotecarios, de luz y agua o de comida. Una situación aún más dramática si tenemos en cuenta que en unos días comienzan las fiestas de Navidad.

Movilización continua y solidaridad

Los trabajadores han respondido a lo que califican como una “agresión empresarial” con la movilización continuada. Cada día se concentran desde primera hora de la mañana en las puertas de la sede de AGRASA, visibilizando de esta manera su lucha.

Desde que el pasado 26 de noviembre los Comités de Empresa decidieran la convocatoria de una huelga indefinida, las muestras de solidaridad no han hecho más que multiplicarse, especialmente a raíz del anuncio del despido colectivo. Personas ajenas a AGRASA se concentran junto a los trabajadores cada mañana, decenas de vehículos pitan al pasar junto a la empresa en señal de apoyo, comercios se han ofrecido a auxiliar a las familias afectadas y en varias ocasiones se ha distribuido comida entre los obreros concentrados frente a la sede de la compañía.

Los momentos más emotivos se han vivido cuando trabajadores de las empresas agrícolas POZO SUR, ADESUR, COÁGUILAS, GS ESPAÑA, AGRISEL y EXPOÁGUILAS, todas ellas afincadas en Águilas, marcharon desde sus centros de trabajo en el polígono industrial hasta la sede de AGRASA para mostrar su apoyo a la huelga.

“La lucha no se detiene”, afirman los trabajadores afectados. El próximo viernes, 20 de diciembre, a las 19:00 horas una segunda manifestación inundará las calles del municipio murciano para mostrar el respaldo del pueblo a un conflicto en el que está en juego la dignidad de nuestro trabajo.

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