No hay un proyecto de país, un proyecto de España, articulador de nuestra riqueza, económica y culturalLa España abandonada Abandonada por los mercados...abandonada a la ley de la selva...y abandonada por el Estado,

J.M. Mariscal Cifuentes. Director de Mundo Obrero 03/01/2020

Crece el debate sobre la llamada España vaciada tras los a priori sorprendentes resultados electorales de ciertas agrupaciones regionalistas o provinciales, y ya nos estamos imaginando cómo sería un Congreso de los diputados del futuro con un partido por provincia. A eso se añade un cierto repunte editorial de trabajos narrativos (vean la entrevista a María Sánchez en El Mono Azul) o de ensayos, de los que sin duda nos ocuparemos en próximos números de Mundo Obrero. El caso es que parece que la crisis territorial del modelo de las autonomías no sólo sangra por la herida del Ebro, sino que se manifiesta en movimientos que preguntan qué hay de sus carreteras, su industria, su campo, su centro de salud, su transporte, su colegio, su centro de día, su residencia de mayores, su biblioteca, su cajero, su cañada, sus vacas, su comercio, su trabajo, su pueblo.

Primero se habló de la España Vacía, luego alguien con buen tino, planteó que el término “vacía” no refleja la dialéctica de un proceso, el hecho de que la foto actual de la despoblación es la consecuencia de unas dinámicas que se mueven en el eje que se ha venido a llamar (a falta de un mejor nombre) dentro/fuera. Islotes conectados con el capital europeo e internacional, donde se da un nuevo modelo de explotación laboral, basado en el supuestamente inocuo uso de las nuevas tecnologías (ver entrevista a Ramón Górriz) junto a grandes zonas que ven como la despoblación, la pérdida constante de servicios públicos o la explotación irresponsable de sus recursos naturales y energéticos les describe como espacio.

Por eso prefiero hablar, aunque sólo sea para provocar el debate al respecto, de la España Abandonada. Abandonada por los mercados, porque sólo resultan eficientes como espacio para vertederos o macrogranjas, abandonada a la ley de la selva, donde ni siquiera hay capacidad de tener una policía municipal y cívica, y abandonada por el Estado, por todas sus instituciones, porque no hay un proyecto de país, un proyecto de España, articulador de nuestra riqueza, económica y cultural.

Sólo ha habido, hasta ahora, un proyecto para conectar los grandes centros productivos y, sobre todo de rentas, con el capital de las grandes potencias exportadoras, un proyecto para aumentar nuestra competitividad doblegando nuestros salarios, nuestras pensiones y nuestros servicios públicos; un proyecto que abandona una parte importante del país y que obliga a emigrar de sus pueblos y sus comarcas a la gran ciudad a miles de jóvenes.

En Francia, el levantamiento de los chalecos amarillos ha mostrado la verdadera herida por donde sangra la globalización, en estos momentos, los sindicatos franceses mantienen contra las cuerdas al gobierno de Macron por su reforma de las pensiones. En Chile, el guerrero pueblo inunda las calles para gritar basta ante la pobreza. Los pueblos del mundo llega un momento en que se levantan. Si no queremos que el futuro Congreso sea un mosaico de plataformas más o menos localistas, debemos articular un proyecto de país. Aunque quizás lo que haga falta es preguntarse qué pasaría si esa España Abandonada se levantase exigiendo ese proyecto inclusivo de país.

Publicado en el Nº 331 de la edición impresa de Mundo Obrero dic 2019 - ene 2020

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