Autor de la biografía del dictador chileno Augusto PinochetMario Amorós: “Hoy Pinochet y Franco se pudren en el estercolero de la Historia” “La Historia es un ‘campo de batalla’ entre quienes, al servicio del poder, recuperan la vieja y más burda propaganda anticomunista y quienes desde el rigor ayudamos a combatir dichas falsedades”

Gema Delgado 04/01/2020

Pinochet. Biografía militar y políticaMario AmorósEdiciones B

Periodista y doctor en Historia, Mario Amorós ha escrito doce libros sobre la historia de Chile. Después de elaborar las biografías de Salvador Allende, Antoni Llidó (sacerdote obrero valenciano desaparecido en 1974 en este país), Miguel Enríquez (secretario general del MIR) y Pablo Neruda, acaba de publicar la del general Augusto Pinochet, considerada ya como la obra de referencia sobre el dictador. Tras años de investigación exhaustiva en bibliotecas y archivos de varios países, Amorós (colaborador de Mundo Obrero desde 1997) presenta un libro de 832 páginas, Pinochet. Biografía militar y política en el que fija la imagen en la Historia del general que traicionó al presidente Salvador Allende. En la presentación del 13 de diciembre en Málaga, en la Librería Luces, le acompañaron Enrique Santiago, secretario general del PCE, y Remedios Ramos, coordinadora local de IU.

MUNDO OBRERO: De todo lo que has encontrado durante tu investigación ¿qué es lo que más te ha sorprendido de este siniestro personaje?
MARIO AMORÓS:
Esta es la primera biografía histórica de Pinochet elaborada a partir de un amplio repertorio de documentación inédita: he sido el primer historiador que ha podido consultar su voluminosa hoja de vida en el Ejército, al que Pinochet perteneció entre 1933 y 1998; los papeles sobre su efímero pero interesante periodo en la masonería entre 1941 y 1942); sus calificaciones escolares; la documentación de la diplomacia chilena sobre el periodo de su detención en Londres; y las miles de páginas de las casi 400 reuniones secretas de la Junta Militar hasta marzo de 1981; además de centenares de discursos, entrevistas y noticias de prensa, citadas en más de 1.700 notas al pie. Más allá de mi desprecio absoluto por el personaje, el objetivo ha sido, en un momento en que en Chile y América Latina vuelve a reivindicarse la figura de Pinochet, presentar un trabajo contundente para relatar con detalle su trayectoria vital, militar y como dictador. Entre los aspectos que me han llamado la atención están su mediocridad intelectual, pero también su habilidad y su falta de escrúpulos para construir una dictadura personalista.

M.O.: Revelas en el libro el desconocido intercambio epistolar entre Franco y Pinochet. ¿Cuáles fueron las principales afinidades y diferencias entre estos dictadores?
M.A.:
Lo más relevante es que la sublevación militar del 17-18 de julio de 1936 en España y el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 en Chile destruyeron, en el caso de nuestro país después de una guerra civil de casi tres años, la principal experiencia democrática y avanzada en términos políticos, sociales, económicos y culturales de sus respectivas historias. Y en ambos casos aún hoy pagamos las consecuencias de aquellas dolorosas derrotas: en España, con una impunidad lacerante de los represores franquistas y un sistema político surgido de la Transición pilotada por los herederos de la dictadura; en Chile, aunque sí ha habido Verdad y Justicia y políticas de la memoria, persiste el modelo neoliberal extremo que Pinochet impuso, a sangre y fuego, desde abril de 1975. Pinochet, como una parte de la derecha chilena, admiró a Franco e intentó perpetuarse en el poder como él, sin lograrlo. Ambos hoy se pudren en el estercolero de la Historia, despreciados universalmente por ser quienes acabaron con la II República y con el gobierno de la Unidad Popular.

M.O.: Señalas que desde el 11 de septiembre de 1973 Pinochet dirigió un ejército que se comportó como un ejército de ocupación en su propio país…
M.A.:
Así es. Pensemos que el golpe de Estado triunfó en pocas horas y el propio dictador manifestó en aquellos días que la Junta Militar controlaba totalmente el país. Y, sin embargo, ordenó a fines de septiembre la llamada “caravana de la muerte”, un operativo de represión y exterminio que afectó incluso a altos oficiales del Ejército partidarios de un “golpe blando”. Y en 1974 empezó a operar la Dirección de Inteligencia Nacional, la temible DINA, que ejecutó una feroz represión contra la izquierda. Pinochet creyó que todo esto era necesario para la construcción de una dictadura personalista y el despliegue de su proyecto económico, un modelo neoliberal extremo y político, denominado “la democracia autoritaria y protegida”. La dictadura mantuvo los estados de excepción hasta agosto de 1988, Chile vivió durante aquellos años bajo toque de queda y con un férreo control militar. Y hasta 1989 hubo desaparecidos.

M.O.: Relatas con detalle cómo cuando Pinochet fue detenido en Londres en 1998 el gobierno del democratacristiano Eduardo Frei hizo todo lo posible por lograr su liberación. ¿Por qué Pinochet seguía teniendo tanto poder? ¿Y qué consecuencias tuvo aquello para Chile?
M.A.:
El penúltimo de los quince capítulos de la biografía se refiere a sus 503 días de detención en Londres, un verdadero hito para el avance de la persecución universal de los crímenes de lesa humanidad, en el que no podemos dejar de recordar el decisivo papel de la Secretaría de Derechos Humanos de IU, el trabajo de Fran Pérez y de los abogados Enrique Santiago y Virginia Díaz. Desde el primer momento, el gobierno chileno no vaciló en intentar liberar a Pinochet, como lo pruebo con documentación inédita del archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores de este país. En octubre de 1999, la justicia británica aprobó su extradición a España para ser juzgado por decenas de casos de tortura, pero finalmente se gestó la operación entre los gobiernos de Londres con Blair, de España con Aznar y de Chile que permitió su retorno. En aquel tiempo, el senador vitalicio Augusto Pinochet era todo un poder fáctico en Chile, producto de una transición pactada que le garantizó la impunidad y la tutela de las Fuerzas Armadas sobre la frágil democracia. Pero, cuando regresó a su país, Pinochet tuvo que enfrentar un alud de querellas por los crímenes de su régimen, la primera de ellas presentada por el PC chileno en enero de 1998, y murió en 2006 procesado. Como dijo entonces Mario Benedetti, solo la muerte le libró de la justicia.

M.O.: En el número anterior de Mundo Obrero escribiste sobre el levantamiento popular contra un modelo económico y social presentado desde hace años como el ejemplo para América Latina. ¿Qué legado queda todavía de aquella dictadura?
M.A.:
Principalmente, persiste ese modelo económico y social profundamente injusto que condena a una vida precaria a la inmensa mayoría de la población. Pensemos que en Santiago de Chile, que concentra más del 30% de la población del país, el coste de la vida es similar al de Madrid, pero, por ejemplo, la mitad de los trabajadores tienen ingresos mensuales inferiores a 500 euros. Chile sufre la educación superior más cara de América Latina, padece un sistema de pensiones privatizado por Pinochet, tan publicitado por los neoliberales del mundo, que es un verdadero saqueo y tiene una sanidad pública puramente asistencialista. Durante el segundo mandato de la presidenta Michelle Bachelet, en cuyo gabinete participó el Partido Comunista, se pusieron en marcha algunas reformas estructurales, pero se trata de un modelo férreamente atornillado. El proceso constituyente que seguramente se abrirá a partir de abril es una ventana a la esperanza.

M.O.: Tu biografía ve la luz cuando ciertos gobernantes, como Jair Bolsonaro en Brasil, niegan o justifican las dictaduras de sus países y el Parlamento Europeo aprueba una resolución que equipara nazismo y comunismo. Cuando la derecha y la ultraderecha intentan reescribir la historia ¿qué papel deben jugar los historiadores en favor de la memoria democrática?
M.A.:
Creo que la Historia no es solo una disciplina científica, también es un “campo de batalla” entre quienes, al servicio del poder, recuperan la vieja y más burda propaganda anticomunista y quienes, desde el rigor, el trabajo en los archivos y con todas las fuentes históricas, presentamos publicaciones que ayudan al avance del conocimiento histórico y, por tanto, a combatir dichas falsedades. No podemos bajar la guardia. ¿Quién podía pensar hace poco tiempo que se insultaría a las Trece Rosas? Ha sucedido y nos duele en el alma. Frente al retorno del fascismo, muchos historiadores trabajamos para recuperar la historia de la lucha por la libertad, la democracia y el socialismo. En mi último libro relato, por ejemplo, que a principios de 1977 Pinochet visitó a los dirigentes comunistas secuestrados por la DINA, a quienes conocía personalmente por su destacado papel durante el gobierno de Allende, y que días después fueron arrojados al océano en los “vuelos de la muerte”. Uno de ellos, Víctor Díaz, le dijo al dictador que intentar destruir al Partido Comunista era como tratar de vaciar el mar con una jarra. No se equivocó este gran dirigente obrero: hoy el PC chileno está junto a su pueblo en la lucha contra el modelo neoliberal.

M.O.: ¿Nos puedes adelantar algo de tu próximo libro?
M.A.:
Si todo marcha bien, en 2021 la editorial Akal publicará mi biografía de Dolores Ibárruri, en la que ya estoy trabajando. Será un libro voluminoso, construido a partir de abundante documentación inédita de diferentes archivos y que incluirá un extenso apéndice con una selección de artículos, discursos, fotografías y cartas de Pasionaria. Espero que pueda ser una contribución a la conmemoración del centenario de nuestro Partido y a que sobre todo las generaciones más jóvenes descubran la vida y el compromiso político de Dolores.

Publicado en el Nº 331 de la edición impresa de Mundo Obrero dic 2019 - ene 2020

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