Presidente de la Fundación 1º de MayoRamón Górriz: "Más que un nuevo modelo productivo, necesitamos un modelo económico nuevo para las mayorías" "La organización del trabajo no puede ser decisión unilateral del empresario"

J.M. Mariscal Cifuentes 08/01/2020

MUNDO OBRERO: Continúas con tu apabullante trayectoria sindical al frente hoy de la Fundación 1º de mayo, un trabajo que detecto te resulta apasionante.
RAMÓN GÓRRIZ:
La Fundación es el pulmón intelectual, de conocimiento del sindicato, tiene el problema, como todas las fundaciones ligadas a la izquierda, de la escasez de los recursos, sin embargo, tenemos una gran cantidad de militancia que atiende a los problemas y cuestiones que plantea la Confederación, que hay que resolver o contribuir a enfocar; que permite que despleguemos un buen abanico de actividades: los archivos de historia, por ejemplo, es el principal archivo de este país sobre el movimiento obrero, de la transición a nuestros días, o el Centro de migraciones, también muy reconocido por sus trabajos en torno a lo que han significado las migraciones de trabajadores españoles que iban y van a Europa, pero también de la realidad actual de la inmigración en España. Realizamos así mismo trabajos en colaboración con las secretarías confederales o con las federaciones sectoriales, como el que venimos realizando sobre la digitalización de la producción; es de señalar también el trabajo del observatorio de la negociación colectiva, que lo conforman desde la secretaría confederal de acción sindical a profesores de trabajo, ligados a la defensa del sindicalismo.

M.O.: Acabáis de celebrar el III Congreso “Trabajo, economía y Sociedad”.
R.G.:
Efectivamente, debemos dedicarnos al pensamiento, ver por dónde va la realidad del mundo, ese congreso es un espacio que reunimos cada dos años, y que en esta ocasión ha tenido la desigualdad como elemento central, en contacto con otras experiencias como la portuguesa, con un análisis profundo sobre la brecha salarial, el papel de la negociación colectiva y el tema de Europa.

También quiero destacar el trabajo de coordinación con otros sindicatos europeos tratando asuntos de relevancia, como la propia negociación colectiva o los salarios. Finalmente quiero destacar el trabajo del Instituto de Paz y Solidaridad, con las organizaciones sindicales del mundo, muy volcada ahora mismo en Latinoamérica, con la CUT brasileña, con la CTA, con Colombia. En Europa espacios de colaboración con la CGT francesa, la CGIL italiana, la CGTP portuguesa y con la FGTB belga.

M.O.: ¿Cuál es tu visión de los cambios en la clase trabajadora y las dificultades que esos cambios plantean para poder desarrollar la tarea sindical de clase, en la época del corporativismo extremo?
R.G.:
Hay un tema que es clásico en todas las épocas y que no se debe olvidar, como creo que se hace a menudo. Estoy hablando del trabajo, del elemento central en una sociedad capitalista y que tiene que ver con la democracia: si hay derechos laborales es porque hay derechos de ciudadanía, y viceversa, ambos han ido ligados en la historia del movimiento obrero. Una sociedad con trabajo es una sociedad democrática.

M.O.: ¿Crees que esa visión sigue siendo válida?
R.G.:
No sólo lo creo sino que es de una actualidad total, es más, ha habido un olvido imperdonable de la izquierda al olvidarse de la cuestión “Trabajo”, un sindicalista y un dirigente comunista como era Bruno Trenti ha escrito cosas importantes que nos sirvieron para reflexionar sobre la organización del trabajo. La organización del trabajo no puede, como dice el Estatuto de los Trabajadores, ser decisión unilateral del empresario; o que ese tipo de cosas se aplacen para cuando tengamos el poder o gobernemos. Estoy hablando de los elementos concretos que rodean al factor trabajo: la economía misma que tiene que ver con la democracia, en una doble vertiente: el marco laboral, donde aparece la negociación colectiva, que es donde se disputa precisamente la primera renta, la primera disputa de esa renta, que tiene que ver con la segunda: las cotizaciones sociales, las prestaciones por desempleo, la sanidad, es decir con el salario indirecto y con el diferido que son las pensiones. El elemento central del trabajo es el factor clave en una sociedad capitalista y, que yo sepa, aún no la hemos superado y por lo tanto el conflicto capital trabajo es el elemento central.

M.O.: Y de ahí la importancia central que concedes a la negociación colectiva.
R.G.:
La negociación colectiva es un elemento de democracia, no es casual que cuando el PSOE y el PP han hecho las reformas laborales, por cierto después del año 80 se han hecho más de 50, ninguna ha sido favorable al mundo del trabajo, todas se han hecho para ir debilitando los derechos que tenían los trabajadores. La reforma laboral del Partido Popular del año 2012 le da una vuelta de tuerca, debilita la negociación colectiva planteando una devaluación salarial con un poder empresarial absoluto. Por eso estamos planteando que es urgente derogar los aspectos más lesivos de las últimas reformas laborales, antes de hablar de un nuevo Estatuto de los Trabajadores: la primacía del convenio de empresa, que solo ha servido para reducir los derechos de los trabajadores y los salarios, la ultraactividad, cuyo objetivo es acabar con la negociación colectiva, o que los trabajadores de contratas y subcontratas cobren el mismo salario que los trabajadores de la empresa principal, son cuestiones centrales, al igual que la derogación de la reforma de las pensiones del año 2013 que hizo el Partido Popular.

M.O.: ¿La derogación de los aspectos más lesivos o la derogación de la reforma laboral?
R.G.:
Hay una cuestión que es fundamental para mantener la fuerza de los trabajadores en España, hemos tenido casi el 90% de negociación colectiva, estamos hablando de entre 9 y 10 millones de personas que no han podido conseguir todo lo que se proponían y, por lo tanto, lo primero es derogar esos aspectos y luego hablemos de un nuevo Estatuto de los Trabajadores. No nos oponemos a un nuevo marco de relaciones laborales, siempre que sea más democrático, eso significa que hay que hablar de la contratación, todo el mundo habla ahora de la contratación, pero viene de la Reforma del 84 hecha por Felipe González, donde se introduce la temporalidad, y cómo se ha declinado esa temporalidad, hacia la precariedad, hacia la desigualdad o a que hoy, en estos momentos haya todavía en nuestro país un 90% de temporalidad.

M.O.: Y los nuevos retos al trabajo de las nuevas tecnologías.
R.G.:
Claro, hay que hablar de qué derechos tienen los trabajadores y trabajadoras en las empresas “uberizadas” y en los procesos de digitalización, y la apuesta que se hace desde el sindicato es por la laboralidad, es decir, no crear unos artículos aparte para estos trabajadores, sino que estos trabajadores y estas trabajadoras tienen que tener los mismos derechos que el conjunto de los trabajadores y trabajadoras. Y tan importante como estas cuestiones es la participación de los trabajadores en el marco de la empresa y en el marco de la política económica de un país.

M.O.: ¿Te refieres a elemento de democracia económica?
R.G.:
Estamos trabajando el tema de la organización del trabajo y la democracia, por ejemplo, es importante generar a través de la negociación colectiva, Comisiones Paritarias entre la patronal y los trabajadores, porque a todos nos interesa qué se produce, cómo se produce, cuándo se produce, para quién, qué beneficios se obtienen... Lo que hemos vivido estos días con la salud Laboral, dónde se ha visto, con la sentencia del Tribunal Constitucional, cómo la lógica económica está por encima de la salud de los trabajadores.

M.O.: Tenemos una legislación laboral que facilita la actividad económica de aquellos sectores por los cuales hemos apostado y creemos que son el futuro de nuestro país, la hostelería, la logística, el turismo; hablar de la legislación laboral sin hablar de modelo productivo se me queda un poco cojo.
R.G.:
Efectivamente, una alternativa tiene que ser completa y global. No se pueden aislar o pensar que no tienen nada que ver las políticas de austeridad con las reformas laborales o con la ley mordaza o la falta de calidad democrática, es el mismo paquete, que han planteado las élites que tienen un proyecto. Hablamos siempre de modelo productivo, pero nunca se plantea el modelo productivo por parte de los gobernantes; y por parte del sindicato, siempre en actitudes defensivas frente a deslocalizaciones o reducciones de empleo, claro que hace falta un modelo productivo. Me atrevo a decir un modelo económico nuevo. Mucha de la gente que habla de un cambio de modelo productivo está pensando en el pasado, como si el pesado hubiera sido bueno, el pasado tiene elementos que un nuevo modelo productivo no se puede plantear: las estructuras patriarcales, la limitación del crecimiento de otros países, que eran proveedores de esos grandes recursos; la ignorancia total de los límites ecológicos o del proceso productivo. Y eso significa claramente apostar por una economía donde el peso de los sectores públicos sea central; y eso lo tienes que acompañar con los derechos de los trabajadores.

Publicado en el Nº 331 de la edición impresa de Mundo Obrero dic 2019 - ene 2020

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