Presidente de la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM)Enrique Villalobos: “Es esencial seguir trabajando en construir organización popular” “Todo lo que se gana se logra con organización colectiva; y todo lo que se pierde es lo que se abandona. Eso es lo que tenemos que aprender”

Gema Delgado 24/01/2020

En la España en blanco y negro del franquismo, cuando el derecho de reunión, de organización y de tantas cosas estaba prohibido, el movimiento vecinal agrupado en la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM), entonces Federación Provincial de Asociaciones de Vecinos de Madrid, era el paraguas bajo el que se organizaba todo lo que se movía contra la dictadura y en pro de los derechos y libertades: el movimiento obrero, los partidos políticos “ilegales” como el PCE, el Movimiento Democrático de Mujeres... Allí estaban las mujeres y hombres que venían a Madrid huyendo de la pobreza de sus pueblos y ciudades, respondiendo a la llamada de una industria que pedía mano de obra, emigrantes que llegaban a las periferias y se encontraban con otra miseria, pero esta vez cargada de esperanza. Y se unieron para luchar juntos por una vivienda, por el alumbrado, por el agua, por un colegio… y por las libertades.

Allí estaban también aquellos abogados laboralistas asesinados y malheridos por la ultraderecha en los atentados de Atocha en 1977. Porque los abogados laboralistas también eran los abogados de barrio, los que trabajaban por la legalización de las asociaciones vecinales y hacían los trámites para que barriadas de infraviviendas pudieran tener servicios básicos, como nos recuerda en esta entrevista Enrique Villalobos, presidente de la FRAVM: “la noche en que les asesinaron estaban trabajando en los estatutos de la FRAVM”.

La FRAVM ha cumplido 42 años y reúne a 286 asociaciones, 188 en Madrid capital, con presencia en todos los distritos y casi todos los barrios de la capital. Ya en 1984 se la consideró Entidad de Interés Público y todos los gobiernos municipales han colaborado con ella. “La historia reciente de Madrid no sería igual de no haber existido la FRAVM. Su aportación a la hora de hacer esta ciudad un espacio socialmente cohesionado ha sido y continúa siendo esencial”, escribió Alberto Ruiz Gallardón cuando era alcalde de Madrid. Gallardón reconocía a la FRAVM como “un interlocutor a través del cual canalizar y articular las reivindicaciones ciudadanas”.

Pero Vox ha declarado la guerra política a la FRAVM, asegurando que “no van a parar” hasta que el Consistorio elimine todos los convenios que mantiene con la entidad. El portavoz de la extrema derecha en el Ayuntamiento de Madrid, Ortega a Smith, ha amenazado con que no van a aprobar los presupuestos del Ayuntamiento para 2020 si se sigue subvencionando a “chiringuitos de la izquierda como la FRAVM”.

“Siempre hemos tenido claro que para ser fuertes hay que estar en la calle, tener locales, pelear por esos locales, por la gente y no acomodarse. Para algunos intentar acabar con nosotros es un trofeo”



MUNDO OBRERO: Os gusta recordar que no sois una organización del pasado, sino del presente y futuro, pero es importante saber cómo surgió la FRAVM y cuáles fueron sus luchas para recordar que las cosas no fueron siempre como las vemos hoy. ¿Cuales fueron los orígenes de la FRAMV en aquellos años de la dictadura y cómo os fuisteis organizando?
ENRIQUE VILLALOBOS:
El movimiento vecinal se empieza a gestar en la clandestinidad. Y las mujeres desempeñaron un gran papel. En muchos casos tenían a sus parejas y familiares en la cárcel y ya habían aprendido a organizarse para tejer una red de apoyo con los presos y perseguidos. Eso genera lazos de solidaridad y organización en los barrios, especialmente del extra-barrio. Y eso ayuda a forjar lo que posteriormente será el movimiento vecinal, junto a gente que estaba en las incipientes organizaciones sindicales cuando las Comisiones Obreras concurren a las elecciones del Sindicato Vertical, siempre desde la clandestinidad. A partir de esa resistencia al franquismo y la dictadura, de ese no aceptar lo que hay, surge el movimiento vecinal.

Cuando en el año 1964 aprueban la primera Ley de Asociaciones, tras muchos años de dictadura, se abre una pequeña oportunidad. Así surgen algunas asociaciones juveniles vinculadas a la Iglesia y también lo que en aquel momento se conocía como Asociaciones de Cabezas de Familia y de Amas de Casa. De esas organizaciones, que casi siempre se reunían en un lugar parroquial y en las que tenía que haber un responsable de zona, normalmente un falangista, pues de ahí, y de la posibilidad de que la gente se pueda organizar de una forma más estable y menos clandestina, surgen las primeras asociaciones vecinales en los años sesenta.

En 1975, casi 10 años después, ya hay una veintena de organizaciones en la ciudad y se ve claramente la necesidad de estar coordinadas. Después de haber creado, también en la clandestinidad, la Federación de Asociaciones de Vecinos en Barcelona, se ve clara la necesidad de crear en Madrid la Federación Provincial de Asociaciones de Vecinos de Madrid.

Había una serie de asociaciones que no están legalizadas como tal pero que tienen una autorización del comisario de zona o del delegado provincial de algún organismo para permitirles reunirse. La primera que se legaliza es la de Palomeras Bajas en 1968.

“Cuando un psicólogo te dice que lo que necesitas no es un psicólogo, sino es un sindicato, una asociación vecinal, está diciendo una gran verdad”



M.O.: Eran los momentos en la que la incipiente industria reclamaba mano de obra, se produce un éxodo rural para el que la ciudad no estaba preparada. ¿Cómo era la situación en que se encontraban los que llegaban a Madrid?
E.V.:
Pues lo que siempre pasa en las migraciones. Las migraciones son siempre la constatación de un fracaso previo que hace que la gente tenga que liarse la manta a la cabeza y salir a buscarse la vida con una mano delante y otra detrás. Fue antes, ahora y lo seguirá siendo. La gente venía del pueblo en un éxodo que tuvo como foco el desarrollismo de la industria automovilística, de la construcción, etc. Madrid no está preparada para acoger a los miles de personas que van llegando y en los extrarradios de la ciudad se empiezan a generar poblados de casitas, que en muchas ocasiones se tienen que construir por la noche, de manera ilegal. También había que utilizar las estrategias de que la casa estuviera habitada por menores... las mujeres tuvieron un papel esencial. Y de esa forma se iban poblando esos barrios, aunque no tuvieran ni agua corriente ni electricidad. Mientras la gente iba buscándose la vida como podía. Era muy duro llegar a un sitio y no conocer a nadie, sobre todo para las mujeres que venían huyendo de una represión patriarcal y machista. Pero gracias a la solidaridad de la gente van aguantando las primeras semanas, los primeros meses...

M.O.: Hace dos años nació Conchi Barrios, una extremeña que vino al mundo con 60 años para contar a través de su diario la historia del movimiento vecinal de todas aquellas mujeres “imprescindibles pero invisibles” que participaron en él. ¿Quién es Conchi Barrios?
E.V.:
Concha Barrios es un invento que resume la vida de muchas mujeres. Quisimos contar a la vez la historia del movimiento vecinal y el papel que tuvo la mujer. Lo hicimos a través de ese personaje que cuando llega desde su pueblo extremeño comienza a escribir un diario, su “diario de esperanza”. Conchi nació en nuestro 40 aniversario con una cadena de tuits donde publicábamos fotos e historias de aquella lucha vecinal junto a la reflexiones que Conchi iba apuntando en su diario.

Nos sorprendió muchísimo porque lo que fue un intento de homenaje acabó teniendo la respuesta de mucha gente que contestaba identificándose y contando más cosas. Así que hicimos unos videos aglutinando tuits, imágenes y una narración que ponía voz a Conchi Barrios.

La gente pedía más y aquellos hilos de tuiter acabaron en una historia gráfica que puede ayudar mucho para que los jóvenes puedan entender cómo fue el origen del movimiento vecinal, lo que hicieron sus madres y abuelas, que los contextualicen y sean capaces de mirar a ese pasado.

M.O.: Vox os ha declarado la guerra política pidiendo vuestra cabeza al gobierno municipal, de momento sin éxito. ¿Qué hace la FRAVM para haberse convertido en el primer objetivo a derribar por Vox en Madrid?
E.V.:
Durante todos estos años lo que ha hecho la FRAVM es organizar la respuesta social en los barrios. Cuando la gente tiene un problema, un desahucio, cuando quieren quitar una línea en el colegio del barrio ¿a dónde va? A la asociación de vecinos. Las asociaciones de barrio somos como una especie de navaja suiza que estamos para intentar responder a casi todo.

Cuando nos robaban con el precio de las barras de pan, fueron las asociaciones vecinales las que destaparon es escándalo y se corrigió. Ahora nos están matando con las casas de apuestas, nos están volviendo a traer la heroína a los barrios, una heroína distinta pero heroína, y ¿quien sale a responder? Las asociaciones vecinales, siempre junto a otra gente.

Imagino que esa guerra política contra nosotros tiene que ver con eso. Somos siempre una china en el zapato de cualquiera que gobierne. De cualquiera. Y como, en ese sentido, somos gente molesta, contestataria, somos un elemento a abatir. También somos la organización que mejor ha envejecido con los años. Siempre hemos tenido claro que para ser fuertes hay que estar en la calle, tener locales, pelear por esos locales, por la gente y no acomodarse. Tenemos nuestra relevancia y para algunos intentar acabar con nosotros es un trofeo.

“Cuando la gentes se organiza y ejerce la desobediencia civil, legislan para que la desobediencia civil sea ilegal. Cuando se organizan para que haya contestación, legislan para que todas nuestras respuestas sean ilegales”



M.O.: ¿Qué conciertos tiene la FRAMV con el Ayuntamiento de Madrid?
E.V.:
Tenemos un servicio de dinamización vecinal, desde 2004, para ayudar a organizar la vida social en los barrios, ya sea generando procesos de autoayuda, mediaciones o contribuyendo a dinamizar el tejido social, y que facilita que surja un grupo de personas para organizar una carrera popular, que salgan las fiestas del barrio o cosas así. También que se realicen campañas como la de “No acepto publicidad de prostitución” que surgió en el barrio de Quintana; la protesta contra las casas de juegos; unir a comunidades de emigrantes para que no pierdan su cultura o se integren en la nuestra. Cuando se vendieron las casas del IVIMA y se ayudó a que se organizara la asociación de afectados, etc.

También está el servicio de dinamización de empleo que trabaja con la gente que está en situaciones más precarias, como son los parados de larga duración y gente con baja empleabilidad. Se les ayuda a mejorar el concepto que tienen de sí mismas, a hacer bien su currículo básico, a acceder a planes de formación para mejorar su empleabilidad.

Por ejemplo, una cosa que puede pasar muy desapercibido para la gente: una persona que no tiene dientes, nunca va a tener un empleo, y mucho menos si es de cara al público. Un dinamizador de empleo le ayuda a conseguir una clínica solidaria que le arregle la dentadura.

Luego hay otros convenios, como el de Montamarta, que dinamiza un espacio que es como un centro cívico; convenios que tienen que ver con la democracia participativa, etc.

M.O.: ¿Cómo han cambiado el movimiento vecinal en el último medio siglo y qué problemas son los que preocupan hoy a la FRAVM? ¿En que trabaja hoy la FRAVM?
E.V.:
La principal característica del movimiento vecinal es su carácter territorial, es decir, la implicación en un territorio concreto. A lo largo de los años, en algunos sitios ha ido mutando y en otros, por desgracia, no ha cambiado nada y las fotos de hace 40 ó 50 años son las mismas, solo que antes eran en blanco y negro y ahora son en color, pero se siguen construyendo barrios sin colegios, sin centro de salud y hasta a veces sin agua. Y cuando pasa esto lo que hace la gente es organizar una asociación vecinal. Por eso estamos y vamos a seguir estando.

Se ha trabajado siempre muchísimo en conseguir vivienda, desde cuándo se transforman aquellos barrios de Orcasitas y se logran más de 40.000 viviendas para varios cientos de miles de personas y se transforma la ciudad. Eso lo hacen las asociaciones de vecinos y la FRAVM. A eso se suma hoy el problema de las hipotecas, los precios de los alquileres de las viviendas, los pisos turísticos...

¿Dónde están cambiando más las cosas? Pues posiblemente en las tendencias actuales: un gran reclamo social por la igualdad; acortar las distancias entre hombres y mujeres; y entre la cultura patriarcal y la feminista; los derechos de las personas cuya opción sexual es distinta.

Otra tendencia es la conexión entre el medio ambiente y la salud, que es punta de lanza para que la contaminación, los residuos y todo lo que estamos viviendo en esta crisis climática afecte lo menos posible a la vida de las personas. Por ejemplo, las primeras movilizaciones contra la incineradora de Valdemingómez las protagonizaron las asociaciones vecinales, junto a otros.

M.O.: Si antes se luchaba por conseguir derechos hoy se trabaja para no perderlos. ¿Cómo se refleja esa perdida de derechos en el movimiento vecinal?
E.V.:
Cuando empieza la crisis económica entre 2007 y 2010, el estado de derecho, aquel estado de bienestar, que se suponía que teníamos y que tenía que haber salvaguardado las condiciones de vida para las más precarias y precarios, hizo agua por todos los lados. Y lo que también era de cartón piedra era la voluntad de las personas que gobernaban la ciudad, la región y el Estado. Lo primero a por lo que fue es a por los servicios básicos. Y se intentó degradar y privatizar la educación, la sanidad, el transporte, los servicios sociales, todo lo que podía hacer que un país del llamado primer mundo fuera diferente.

Aquel golpe duro suscitó mucha contestación por parte de la gente a través de la Plataforma de Afectados por las Hipotecas, en torno a las diferentes Mareas, en el 15-M y en otros movimientos posteriores. En aquel momento no era difícil que salieran 100.000 personas a la calle a reclamar un rechazo frontal a la crisis hipotecaria, pero hoy día, en el mejor de los casos salen 10.000 personas. Frente a aquella gran contestación, los otros también aprenden y cuando ven que la gentes se organiza y ejerce la desobediencia civil, legislan para que la desobediencia civil sea ilegal. Cuando se organizan para que haya contestación, legislan para que todas nuestras respuestas sean ilegales. Están legislando y dictando para que incluso los derechos básicos como la huelga o la organización sindical sean ilegales. Hemos visto una persecución inconcebible hace 20 años, en la libertad de expresión y en un montón de cosas más.

Cuando los ultraliberales dicen que estamos en una guerra y la están ganando, tienen toda la razón. Por eso es tan esencial que sigamos trabajando en construir organización popular, organización colectiva para defendernos de todas esas agresiones, porque ya no son amenazas sino agresiones. Cuando algo tan elemental como la Declaración de los Derechos de la Infancia se pone en cuestión, cuando en el derecho de una mujer a defenderse de una violación se cambian los papeles, y cuando la persona que recibe un puñetazo se convierte en agresor por la vía de los hechos mediáticos, estamos en un mal momento.

M.O.: Entonces, la pregunta del millón, ¿qué hacer?
E.V.:
Siempre he sido un convencido de la obstinación. Cuando tenemos problemas serios como los que estamos teniendo, lo poco que nos queda es la perseverancia, la cabezonería, y donde eso se puede demostrar es en la organización colectiva. Por eso, las asociaciones vecinales son esenciales. Cuando un psicólogo te dice que lo que necesitas no es un psicólogo, sino es un sindicato, una asociación vecinal, está diciendo una gran verdad. A día de hoy lo que necesitamos es dedicarnos tiempo para estar con otras personas y defender el bien común. Todo lo que se gana se gana con esa cabezonería, con esa voluntad y esa organización colectiva; y todo lo que se pierde es lo que se abandona. Eso es lo que tenemos que aprender.

Publicado en el Nº 331 de la edición impresa de Mundo Obrero dic 2019 - ene 2020

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