Clave de sol

Let it be Discursos de odio contra minorías y colectivos desfavorecidos, normalizados por los medios de comunicación, comienzan a formar parte del discurso de amplios sectores de población...y mociones que pretenden criminalizar el comunismo.

Sol Sánchez Maroto 29/01/2020

“La vida es aquello que te va sucediendo mientras tú te empeñas en hacer otros planes” Probablemente esta frase de Lennon recoge si no perfectamente, sí de forma muy aproximada el sentir de muchos y muchas en este momento.

Tendemos a imaginar los contextos y las condiciones en que afrontaremos los retos previstos (e incluso los no previstos) de forma idealista, estática, una imagen mental de una situación parada en el tiempo, una foto fija… pero la realidad permanece en perpetuo movimiento, el suelo se mueve implacablemente bajo nuestros pies, y por rápido que andemos parece que siempre irá más deprisa que nosotros.

Si lo anterior -que vale para casi cualquier cosa en el vertiginoso mundo en que vivimos- va a ser aplicado además a la cosa de la política electoral e institucional, e incluso a la política en general, lo mejor será que metamos el turbo. Hace ya años que los hechos y el imaginario político son tan volátiles e inestables como la nitroglicerina.

Somos muchas las personas que tan solo hace unos meses barajábamos la posibilidad de apoyar una investidura de un gobierno menos malo que uno de la derecha, e ir reorganizando y articulando una alternativa de izquierdas desde fuera del mismo. Así lo planteamos donde tocó ¿Cómo puede ser que poco más de seis meses después y con siete diputados menos no defendamos lo mismo? ¿Acaso no seguimos previendo la misma crisis económica acercándose por el horizonte? ¿De repente Pedro Sánchez y el PSOE nos parecen diferentes a los de abril?

Las dos últimas preguntas se contestan rápidamente con un sincero y simple “no”. La primera requiere una mínima explicación, o un razonamiento muy pegado a la realidad concreta y el momento concreto, o si lo preferís, a esas cosas que han pasado mientras hacíamos otros planes…

Y es que quienes eran tan solo una anécdota hace poco menos de una año, la extrema derecha, los fascistas patrios, ese nacionalcatolicismo de toda la vida, ahora son el tercer grupo del Congreso de los Diputados. Las pintadas y los ataques a centros de atención a mujeres maltratadas o a sedes de partidos de izquierda, ya incluso se producen en Fuenlabrada, población del extrarradio mayoritariamente obrero de lo que antes se conocía como el cinturón rojo de Madrid. Discursos de odio contra minorías y colectivos desfavorecidos, que han sido día a día temerariamente normalizados por los medios de comunicación comienzan a formar parte del discurso de amplios sectores de población. Y nos vamos encontrando mociones e iniciativas que incluso pretenden criminalizar el comunismo... Y esta es la gente que puede entrar en un gobierno si fallamos ahora, o si fallamos después.

Si únicamente fuéramos capaces de derogar la Ley Mordaza, blindar derechos y libertades y amortiguar –ojalá derogar- las leyes que han depauperado a la clase trabajadora durante esta última década, ya merecería la pena el peaje que se tenga que pagar. Porque igual suena muy dramático, pero echando un ojo a lo que está sucediendo a escala mundial, yo no desdeñaría la idea de que lo que hagamos ahora igual le ahorra la cárcel mañana a muchos compañeros y compañeras.

Obviamente hay que gestionar las expectativas de lo que, todo apunta que será con suerte, un gobierno de resistencia dada la correlación de fuerzas y la coyuntura. Un lugar, en el que se habrá de disponer, sin duda, de planes de evacuación ordenada y un botón del pánico. Pero al fin y al cabo “un lugar” desde el que intentarlo.

Vuelvo a Lennon para ir cerrando: “Algunos están dispuestos a cualquier cosa, menos a vivir aquí y ahora” y es que nos guste o no, aquí y ahora son el único tiempo y lugar en el que efectiva y materialmente vamos a vivir. Así que agarrémonos fuerte y no hagamos realidad esa otra máxima de Flaubert (pido disculpas por este exceso de citas de hoy, al que tan poco dada soy normalmente), “El futuro nos tortura, y el pasado nos encadena, he ahí por qué se nos escapa el presente”.

Publicado en el Nº 330 de la edición impresa de Mundo Obrero noviembre 2019

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