El tren de la memoria

La jornada de '8 horas' La Asociación Internacional de los Trabajadores definió en 1866 la jornada de ocho horas como reivindicación central y condición previa sin la cual fracasaría cualquier otros intento de mejora y la emancipación de la clase obrera.

Mariano Asenjo Pajares 29/01/2020

“Los conflictos sociales son el viento que
puede volver a atizar la llama. Mientras
exista el trabajo, habrá explotación,
existirán intereses contrapuestos.
Existirá una clase trabajadora”.


Alberto Prunetti. Escritor italiano, autor de 'Amianto' (2014), primera novela de su trilogía working class.

En la anterior entrega de ‘El tren de la memoria’ escribíamos sobre la ‘Huelga de la Canadiense’, una movilización que durante 44 días paralizó Barcelona y que dio como resultado que en España se estableciese la jornada laboral de 8 horas. Sin duda aquel fue un gran éxito del movimiento obrero español. No obstante, en el texto de ese artículo referido se aseveraba que “España fue el primer país del mundo en establecer por ley la jornada laboral de 8 horas”, lo cual no es exacto según nos ha señalado un atento y amable lector de Mundo Obrero, quien nos apunta que el primer país habría sido Rusia. Lo veremos a continuación. De cualquier forma le agradecemos su interés.

La Asociación Internacional de los Trabajadores definió como reivindicación central la jornada de ocho horas, a partir de su Congreso de Ginebra en agosto de 1866, declarando que la limitación legal de la jornada de trabajo era una condición previa sin la cual fracasarían todos los otros intentos de mejoras y la emancipación misma de la clase obrera. Esta decisión contribuyó decisivamente a generalizar en el mundo, una lucha que ya era adelantada por los trabajadores de varios países.

Si buscamos el rastro de la jornada de ‘8 horas’ tal y como la conocemos: “8 horas para trabajar, 8 horas de recreo, 8 horas para dormir”, hemos de precisar que ésta hace referencia a la reivindicación del movimiento obrero por la reducción de la jornada laboral y el establecimiento de las ocho horas de trabajo diarias o 48 horas a la semana, también conocido como el movimiento por la jornada reducida, que tuvo su origen en las esclavas condiciones de trabajo de la Revolución Industrial en Gran Bretaña a mediados del siglo XVIII.

En Australia la lucha por las ocho horas se libró ampliamente desde 1855 y la jornada de ocho horas se estableció en el sector de la construcción desde 1858, de forma gradual se fue generalizando con posterioridad.

En América Latina la demanda de la reducción de la jornada laboral fue enarbolada por los trabajadores en numerosas movilizaciones, hasta conseguir durante las primeras décadas del siglo XX la aprobación de leyes laborales que dispusieron la jornada de ocho horas. Así, por ejemplo, la Constitución mexicana de 1917 estableció las 8 horas.

En el año 1915, se aprobó en Uruguay la Ley 5350, denominada Trabajo Obrero, que en su artículo número 1 establece: "El trabajo efectivo de los obreros de fábricas, talleres, astilleros, canteras, empresas de construcción de tierra o en los puertos[...] no durará más de ocho horas".

En 1917, justo después de la Revolución de Octubre en Rusia, el gobierno bolchevique instauró la jornada de ocho horas diarias y la semana de 48 horas.
En 1919, después de la Huelga de ‘La Canadiense’, el gobierno español aceptó las demandas de los trabajadores catalanes que incluían una jornada de ocho horas, el reconocimiento de los sindicatos y el reintegro de los trabajadores despedidos. El Conde de Romanones fue relevado del gobierno en abril de 1919 después de firmar el 3 de abril de 1919 el llamado "Decreto de la jornada de ocho horas". El 3 de abril fue aprobado el decreto y a partir del 1 de octubre de 1919 la jornada máxima total de trabajo fue de 8 horas al día y de 48 a la semana. Así, España es el segundo país europeo en establecer la jornada de ocho horas, tras la Unión Soviética.

El 23 de abril de 1919, a propuesta del gobierno Clemenceau (Francia), temeroso de una huelga general, el Senado ratificó la ley de las ocho horas y declaró el 1º de mayo de 1919 un día festivo. La Organización Internacional del Trabajo, fundada en 1919, se inspiró en esta ley francesa para su convenio nº 1 sobre las horas de trabajo.

Actualmente, la defensa de la jornada de ocho horas para los trabajadores depende de la lucha contra las diferentes formas de disfrazar la relación laboral, mediante contratos de servicios, falsos autónomos, los llamados "precarios digitales", los riders o repartidores de plataformas de comida a domicilio (Deliveroo, Glovo, Uber Eats, etc.). ¡La lucha sigue!, frente a quienes eluden la aplicación de las normas laborales vigentes en casi todos los países y logran de hecho imponer jornadas de trabajo indefinidas.

Publicado en el Nº 330 de la edición impresa de Mundo Obrero noviembre 2019

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