250 aniversario del nacimiento de Georg Wilhelm Friedrich HegelHegel: terror y revolución Esa es la búsqueda hegeliana: la persecución de una salida al escollo de la muerte y de la revolución más allá de la orgía destructiva.

Eduardo Sánchez Iglesias. Director de la Fundación de Investigaciones Marxistas (FIM) 04/02/2020

Se cumplen 250 años del nacimiento de Georg Wilhelm Friedrich Hegel. Para comprender su significado parto del convencimiento de cómo la filosofía solo puede ser, desde Hegel en adelante.

Me sorprende ver cómo en los últimos años, jóvenes estudiantes se aproximan a Hegel en forma de seminarios, trabajos de fin de grado, lecturas personales o trabajos de asignaturas. Partiendo de la realidad, que salvo un estudiante de filosofía, Hegel apenas existe en los programas académicos, tales iniciativas son elogiables.

¿Por qué una nueva generación de jóvenes en Sevilla, Bilbao, Madrid o Salamanca se acercan a la titánica labor de leer la obra del filósofo nacido en Stuttgart? En mi opinión, es la consecuencia directa del acercamiento a Marx de una juventud, en la que recuperan aquella dimensión del socialismo abandonada por la izquierda desde 1989: la dimensión emancipadora de la subjetividad.

Hegel y la revolución

Para Eugenio Trías, Hegel supo implícitamente pensar la modificación que se producía en su propia reflexión “al pensarse el absoluto como Weltgeist, espíritu mundial, en vez de Volksgeist, espíritu del pueblo”. De esta forma, la genialidad hegeliana estriba en entender que un conflicto social transformador, no es un conflicto entre individuos ni lucha local entre dos pueblos, sino un conflicto totalizador, un conflicto absoluto: una revolución.

Así, la revolución tiene la fuerza de movilizar a la totalidad del cuerpo social, de tal manera que cada uno de sus miembros deja de ser y de sentirse como puro sujeto igual a todos los demás sujetos, sin otro contenido sustancial que su propia subjetividad: su voluntad. Una voluntad, que sin embargo, es voluntad general, en la medida en que nada sustancial ata ya a nadie, ni las determinaciones vitales de la familia ni las sustanciales –para Hegel- del poder del Estado. Es en esa experiencia en la que el sujeto ha alcanzado la sensación de libertad.

La ruptura del sujeto al organismo espiritual-sustancial, le hace sentirse libre de toda referencia transcendente. Y esa arremetida general pretende aprehenderse como pura voluntad, pura subjetividad, puro sí mismo. En esa orgía destructiva todo lo finito debe ser descabezado, pasándose por la guillotina cabezas del reinado de lo caduco.

A ese momento del espíritu que retorna a sí mismo, que interioriza en la subjetividad de forma absoluta, que había buscado la exterioridad del poder, de lo útil, lo llama Hegel, con extraordinario rigor: “Libertad absoluta de la Revolución y el Terror”.

Hegel y el terror

Hegel piensa en conceptos del movimiento histórico que dio lugar a la revolución francesa, ontologizando ese movimiento. Así, el sujeto es, para Hegel, sujeto revolucionario y libertad es revolución. Toda su filosofía intenta pensar el ser desde el espíritu, definido como libertad: sujeto que pone desde sí su propio objeto.

Siguiendo con Eugenio Trías, en Hegel “vemos al espíritu desgarrarse y desangrarse, en una pesada atmósfera de cadáveres y sangre, humo de pólvora, heridos y mutilados; pilares sobre el cual se levanta el nuevo edificio espiritual”.

Todo hundimiento en el abismo de la nada es, sin embargo, premisa de alzamiento. La voluntad, entonces, se vuelve libertad absoluta, libertad de un sujeto que solo tiene por sustancia “su propia mismidad”. Es en esa aprehensión cuando alcanza a saber que ese contenido está vacío o está indeterminado, en tanto es solo resultado de la negación de toda exterioridad sustancial. Esa libertad está vacía, carece de otro contenido que el sujeto de voluntad que la constituye. Es soberana, pero de esa soberanía no nace ninguna positividad, no surge acción concreta ni palabra determinada. Esa voluntad, que se reconoce a la vez de todos y de cada uno, pero solo se sabe unión inmediata de esa universalidad y esa singularidad, es cuando manifiesta su soberanía, su poder, que se muestra como negatividad pura, se manifiesta como orgía destructiva.

Cada uno de los infinitos individuos que componen la nación revolucionaria se saben a sí mismo voluntad general soberana. Arremeten cada uno de ellos, en consecuencia, contra todos los demás. La anarquía universal que de esa confrontación resulta solo puede resolverse en una precaria organización de la sustancia social disuelta en las masas, que lejos de reconocer su parcialidad y limitación, creen representar la voluntad de todos, convirtiéndose así en fracción, en lo que hoy llamamos Partido.

Esa fracción representativa de la voluntad general, materializa al sujeto soberano que gobierna, a través de un acto del que fluye la voluntad general soberana. Ese es el momento del terror. Revolución y terror son, pues, para Hegel, momentos necesarios en la constitución del sujeto absolutamente libre.

Pero el espíritu debe mostrar que la libertad es algo más que la pura libertad que el sujeto tiene para ser guillotinado. En el crisol de la muerte absoluta y "el gran terror" se forma el espíritu. Pero ese holocausto es solo el horizonte desde el cual el espíritu llega a las puertas de la salvación. Porque la última palabra de ese espíritu trágico no es negativa, no es muerte, devastación, desolación, apocalipsis, sino negación de ese último no, letal, en el que el espíritu hace la experiencia de su absoluta libertad.

Y en este punto debe buscarse una manera de negar, decir no a ese último no es una afirmación y un sí reconciliador después de la tragedia. Esa es la búsqueda hegeliana: la persecución de una salida al escollo de la muerte y de la revolución más allá de la orgía destructiva.

La conquista de una palabra que llegue a donde no llegan las tendencias suicidas del individuo desesperado; una palabra que solo puede tener la forma de acción material de ejercicio decidido del terror; terror como fuente creadora del nuevo hombre, de la nueva mujer, que solo en la revolución se encuentra. La libertad como la decisión de generalizar sin vacilación, el terror contra el "otro" negador.

A esos jóvenes dedico este artículo, en especial a una antigua estudiante, persona que me impulsó a escribir este artículo.

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