Escenarios

Brecht sigue llenando teatros

Iván Alvarado 12/04/2019

Obra: La Bona persona de Sezuan.
Dirección de escena: Oriol Broggi.
Ayudante dirección: Joan Miquel Artigues.
Dramaturgia: Bertolt Brecht.
Elenco: Míriam Alamany, Joan Carreras, Márcia Cisteró, Jordi Figueras, Toni Gomila, Mercé Pons, Albert Prat, Clara de Ramón, Marc Rius, Xavier Ruano, Clara Segura, Ramón Vila.
Música en directo: Joan Garriga, Rambo (Francisco Batista), Mariá Roch y Madjid Fahem.
Música: Joan Garriga.
Idioma: catalán.
Traducción: Feliu Formosa.
Escenografía: Josep Iglesias y Oriol Broggi.
Vestuario: Época.
Iluminación: Pep Barcons.
Producción: Teatre Nacional de Catalunya y La Perla 29.
Función: Teatro Nacional de Cataluña. 31 de enero al 17 de marzo 2019.

No es usual encontrar en el Estado español montajes de Bertolt Brecht, aunque sea el exponente más conocido del teatro de corte marxista. Ver a Erwin Piscator, Heiner Müller o Alfonso Sastre es, salvo raras excepciones, una empresa imposible. Sin embargo, el Teatro Nacional de Catalunya contaba con su aforo de 870 localidades casi lleno.

La producción en cuestión, “La bona persona de Sezuan”, es una apuesta del propio Teatro Nacional de Catalunya y la Perla 29. Nos acerca a uno de los textos más complejos del autor alemán. Desde su propia gestación, que comienza a desarrollarse en 1934 en Dinamarca y no fue estrenada hasta 1943 en Zúrich, deja entrever un proceso de maduración amplio de casi 12 años.

Se puede catalogar la obra de parábola dramática recogiendo varios elementos que la convierten en una de las obras más completas del autor por varios motivos. El primero, es una obra que apuesta por la narración oriental para conseguir mayor efecto de distanciamiento sin perder de vista que no es un elemento ajeno a nuestra sociedad lo que aborda. Por otro lado, reúne uno de los personajes dialécticos mejor tratados por el autor, nuevamente una mujer como en: “La madre”, “Santa Juana de los Mataderos” o “Madre coraje”. En este caso el personaje central “Xen Te” es puramente dialéctico, un personaje que descubre en sus propias palabras: “No sé cómo ocurrió, pero no pude al mismo tiempo ser buena para con los demás y para conmigo”. El tercer elemento, y quizá el más sugerente, es una obra que empieza en lo moral para llegar a la moraleja política desde la duda, al contrario que gran parte del teatro que se autodenomina político actualmente, que quieren mostrar relaciones de poder y caen en el conflicto moral.

La obra compuesta de diez actos que, sumados a un prólogo, un epílogo y los entreactos, termina adquiriendo una estructura apropiada para un teatro de corte épico, nos muestra la historia de Xen Te, un alma buena elegida por los dioses para hacer el bien en la corrompida ciudad de Shezuan. El desarrollo de la historia va mostrando un personaje contradictorio cuya solución dramatúrgica difiere de otros personajes que, como Madre coraje, por ejemplo, muestran la dialéctica desde un solo personaje. El caso de Xen Te es diferente, se recurre a un personaje doble (Xen Te-Xui Ta), a la doble moral, que sólo se muestra como el mismo personaje al final.

Este ambiente oriental al cual se recurre para: “[…] mostrarnos que ese chino o ese otro chino es nuestro vecino o somos nosotros mismos” (CDN, 2006) es potenciado por la apuesta escenográfica, no así por el vestuario que es más ecléctico, que gracias al uso de las luces y de la madera oscura consigue generar una atmósfera sombría que recuerda al estreno de esta obra de la mano de Núria Espert en 1966 tal y como se puede consultar en el número de 84 de ‘Primer acto’.

La apuesta tiene siempre el sello de la dirección de Oriol Broggi que continúa de la mano de Clara Segura y la apuesta musical de Joan Garriga, recordando en algún momento destellos de su dirección de “Bodas de Sangre” en el uso de elementos naturalistas y por la centralidad de un personaje femenino resuelto con la determinación de Segura y por la centralidad también de la música que a momentos es excesiva, restando el efecto pedagógico que de la misma se pretende, siendo casi una banda sonora a momentos.

Son los elementos naturalistas y los musicales (se defiende incluso en el prólogo de Esteve Miralles del texto escrito que se podía adquirir antes de entrar, que es un musical), los que más nos alejan de Brecht. Sin embargo, cuanto más nos acercamos a la sensación de estar en una apuesta naturalista con final feliz, mayor es el efecto de ruptura de dicha ilusión, que se va resquebrajando poco a poco hasta quedar descartado en el acto X.

Pese a estos elementos que a momentos distorsionan y nos alejan de Brecht no se pierde la esencia de una pieza que muestra como pocas la fuerza y el elemento pedagógico que se pretende desde la óptica marxista de Brecht. Un autor que siempre es necesario para encontrar nuevas preguntas y pensar sobre todo nuevas respuestas, un autor que pese a no ser comprendido en el Estado español necesitamos seguir indagando y que siempre es recibido con bastante aceptación por parte de los espectadores y espectadoras.

Publicado en el Nº 325 de la edición impresa de Mundo Obrero abril 2019

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