Coronel del Ejército de Tierra y Diplomado de Estado Mayor en la reservaPedro Baños: “La geopolítica del Brexit tiene que ver con la reconfiguración del orden mundial” “Aquí se hace lo que dice EEUU, que toca el silbato y los demás vamos detrás”.

José Manuel Mariscal Cifuentes 19/02/2020

Pedro Baños es Coronel del Ejército de Tierra y diplomado de Estado Mayor en la reserva. Ha sido jefe de Contrainteligencia y Seguridad del Cuerpo de Ejército Europeo. Sus labores se centran en la formación de militares al más alto nivel, pero su pasión es didaskálica, al modo de los antiguos griegos, es decir de enseñanza y claridad expositiva como tarea democrática. Ha publicado dos libros sobre geopolítica que están arrasando en las librerías y conduce uno de los pocos programas de debate serio que aún quedan en la televisión comercial. Nos recibe amablemente en una cafetería madrileña, con esa buena educación castrense que combina la amabilidad, el rigor y el compromiso con la palabra.

MUNDO OBRERO: ¿Por qué el empeño didáctico en un asunto como la Geopolítica?
PEDRO BAÑOS:
Es un tema que podría ser tremendamente árido, históricamente ligado a una élite, a los círculos de poder, militares o civiles. Son los que manejan el mundo, y lo que percibimos son tan sólo los flecos de ese dominio. Desde el momento que tuve ocasión de escribir en prensa, hace ya muchos años, intenté hacer una labor de aproximación, sobre todo a aquellos sectores que no han tenido la posibilidad de acceder a la cultura. Me parece una cuestión democrática. En demasiadas ocasiones se hacen ejercicios de soberbia que reducen la posibilidad del debate o la crítica a círculos intelectualmente restringidos. Yo he tenido la oportunidad de formarme procediendo de un entorno muy humilde, y mi deber es trasladar humildemente lo que sé al conjunto de la ciudadanía. Cuando el editor me propuso escribir el primer libro (Así se domina el mundo, Editorial Ariel) lo tuve absolutamente claro, era una gran oportunidad para popularizar y democratizar la geopolítica.

M.O.: Y parece que lo has conseguido, ese libro lleva 13 ediciones y el más reciente (El dominio mundial) va por la 7ª, en una edición por cierto magnífica. ¿A qué se debe que la geopolítica se haya puesto de moda y cuáles son los peligros de que se convierta en una moda?
P.B.:
La geopolítica fue muy denostada tras la II Guerra Mundial, Hitler empleó los conocimientos de un gran geopolítico, Haushofer, para conseguir sus objetivos de ambiciones territoriales. Siempre creí que había que recuperar y actualizar el término. La geopolítica ya no está constreñida a lo geográfico, porque lo que se libra es el geopoder, luchas que se dan en ámbitos más allá del territorial: el ciberespacio, la guerra económica, el lawfare... Corremos el riesgo, efectivamente, de banalizarlo, y así desvirtuarlo. Hasta hace unos años en las facultades de periodismo se desdeñaba colocar en portada noticias de temas internacionales porque no interesaban, hoy vemos que todos lo hacen, sea Palestina, Israel, Siria o Irán, sea el coronavirus, … lo queramos o no, vivimos en un mundo globalizado, todo lo que sucede en él nos repercute, nos afecta, y de una manera universal e instantánea, nadie escapa a ello. Es fundamental, por lo tanto, entender esas claves. A los que os dedicáis a la política os digo que es absolutamente imposible hacer una política de carácter nacional sin entender esas claves. Por más que tengas buena voluntad, por más que prometas, el mundo te va a constreñir, va a limitar tu capacidad de acción, y por tanto es esencial entender, no solo lo que pasa, sino lo que puede pasar, hacer ejercicio de prospectiva, algo que la aceleración del mundo complica, por eso es necesaria una mente muy abierta, y el estudio de la geopolítica la abre.

M.O.: Hablas de los medios de comunicación, elegir una noticia u otra no es inocente, lo que se llama información aparece muy lejano del conocimiento real de lo que sucede.
P.B.:
El periodismo es un negocio, y hay que pensar en quien lo dirige, y con él la línea editorial. Hay muchas maneras de desinformar. No dar una información, es desinformar; dar una información en la faltan datos, es desinformar; que entrevistes a ciertas personas, y a otras no, es desinformar. No somos capaces de librarnos de esta lacra, por más departamentos a nivel nacional o europeo que se impulsen. Precisamente, lo que he intentado con mis libros es hablar claramente de ello, tratar de romper el cerco, pero también es verdad que en el momento que intentas hacerlo te cuelgan rápidamente el sambenito. Y junto a la dirección del medio hay que pensar en la procedencia de la información. Uno de los efectos de la crisis económica de los medios es que no hay buenos analistas, no los pueden pagar, y a las pocas personas que tienen sobre el terreno, les pagan cantidades por artículo absolutamente ridículas, cuando además se han tenido que pagar el casco, el chaleco o el seguro de repatriación y de vida, la mayoría son “freelances”, sin vinculación contractual permanente con el medio. En consecuencia, los medios se nutren básicamente de noticias de agencia, que además son del mundo anglosajón. El periodista lo que hace son refritos orientados por la línea editorial de quien le paga.

“Si acoges a alguien en tu casa no le pones a dormir en el suelo ni le das las sobras para comer”



M.O.: ¿Y cómo ves a nuestros políticos de puestos en cuestiones mundiales de geopolítica?
P.B.:
No me canso de repetir que lo primero que tienen que tener nuestros políticos, cualquiera que quiera ejercer una política nacional que satisfaga las necesidades de su población, es un amplio conocimiento de lo que sucede en el mundo. Y me da la sensación de que algunos están tremendamente despistados, no todos, por lo que sé de Pablo Iglesias, percibo que es uno de los pocos líderes políticos que de verdad sabe de relaciones internacionales y conoce de qué va el mundo.

M.O.: En el subtítulo de ambos libros utilizas el término “poder”, que no es lo mismo que “gobierno”, y ahí entra el debate sobre la soberanía. ¿No crees que en España se habla poco de esta cuestión?
P.B.:
La capacidad de acción del gobierno, sea de quien sea, está tremendamente condicionada por los acontecimientos internacionales. Lo primero, la deuda de un país, su porcentaje sobre el PIB y a quién se le debe, si el volumen principal de esa deuda está en manos foráneas, foráneos son los intereses que te van a condicionar enormemente. En el caso concreto de España, más del 70% de nuestra deuda está en manos no españolas. Lo segundo, los precios de los hidrocarburos. Un ejemplo, en agosto de 2008 el petróleo estaba en torno a 150 dólares el barril, Hugo Chávez hace unos planes sociales pensando que el petróleo, como decían todos los analistas, se colocaría en torno a los 200 dólares, incluso algunos auguraban 250. Rusia entra en Georgia con la cuestión de Osetia del Sur, se hunde el precio del barril, hasta un valle de poco más de 30 dólares, estabilizándose en torno a los 50-60 dólares, lo que imposibilitó que el gobierno venezolano pudiera cumplir con los planes sociales que había previsto. Es un ejemplo de lo que nos puede pasar hoy o mañana a cualquiera, especialmente a los países importadores, como somos nosotros, si hay un alza de los precios del petróleo. Y luego está la Unión Europea, con la que España cumple. Si hay un país cumplidor con las organizaciones supranacionales ese es España, pero si quieres llevar a cabo una serie de programas sociales, la UE, como ya nos está diciendo, nos va a impedir ampliar el gasto.

M.O.: Hablando de Europa, se está quedando en tierra de nadie, ¿Qué tendría que hacer para reinsertarse en el mundo?
P.B.:
Muy difícil, estamos retrocediendo a pasos agigantados en todos los órdenes. En el año 1900, Europa significaba el 25% de la población mundial, actualmente no llegamos al 7%. Hoy, uno de cada tres habitantes del mundo o es chino o es indio y la economía claramente se está desplazando hacia allí. Además, vemos que tanto por sus procedimientos, por su sistema político o por su propia idiosincrasia, sus economías crecen a un ritmo acelerado que no tiene posibilidad de réplica por absolutamente ningún país del mundo. Mientras, nosotros, la minoría europea de 500 millones de habitantes, aún no se ha enterado de que en el mundo hay otros 7.300 millones de personas, nos hemos considerado los dominadores en todos los órdenes durante siglos, pero eso ha desaparecido completamente, y vamos a ir a mucho menos. O el proyecto europeo se reinventa o el futuro no es especialmente halagüeño.

M.O.: ¿Qué tiene que ver el Brexit con la geopolítica?
P.B.:
Muchísimo. Veo en televisión la opinión de un gibraltareño, o de un español en el Reino Unido, qué opina un británico que vive en España y se nos está olvidando el aspecto geopolítico, que es absolutamente esencial, se está reconfigurando un nuevo mundo, nada más y nada menos. EEUU es plenamente consciente del desplazamiento hacia Oriente del peso demográfico, económico y político, y si no quiere perder el liderazgo absoluto, omnímodo, planetario, que ha tenido desde la desaparición de la Unión Soviética, tiene que intentar reinventar el mundo. La gente no lo percibe así, pero no me canso de decirlo en conferencias y en redes sociales: no es verdad que el Reino Unido se vaya al garete con esta decisión, los que nos vamos al garete somos los demás. Trump puede ser esperpéntico y decir barbaridades, pero habla bastante claro, solamente hay que saber leer entre líneas, o escuchar a Mike Pompeo, el secretario de Estado, que llamaba a estrechar aún más los lazos de hermandad con el Reino Unido, porque se necesitan mutuamente para reconfigurar el orden mundial, si es que los demás les dejan, claro. Las consecuencias geopolíticas que tiene el Brexit son tremendamente profundas y creo que en España no se han abordado con la suficiente seriedad.

“Es imposible hacer una política de carácter nacional sin entender las claves de la Geopolítica”



M.O.: En esa reconfiguración de la que hablas, ¿qué papel juega la OTAN?, pareciera que Trump ya no la quiere...
P.B.:
Al contrario, la OTAN es un juguete en manos de EEUU, el país que más medios y dinero aporta y el que condiciona las operaciones. Si la OTAN fue a Afganistán en una clara operación de venganza, fue porque EEUU había sido atacado, si Noruega hubiera sido la atacada, aunque hubieran destruido la mitad del país, no nos hubiéramos embarcado en semejante operación. Nosotros tuvimos un atentado de características similares, a nuestro nivel, el 11M, y no se nos ocurrió atacar Marruecos, basándonos en el mismo principio. Se atacó Afganistán, un país que estaba completamente fuera de los límites que establece la carta de la OTAN como marco geográfico de actuación. Aquí se hace lo que dice EEUU, que toca el silbato y los demás vamos detrás. No pensemos jamás que EEUU va a prescindir de una OTAN, que además está ampliándose. En 1991 había 16 países miembros, ahora hay 30, y eso a pesar de la promesa que se le hace a Gorbachov de que no se ampliaría, que se iría reduciendo y que tendería a desaparecer, al hacerlo el Pacto de Varsovia. La última incorporación ha exigido incluso cambiar el nombre a un país, Macedonia, que ahora se llama Macedonia del Norte. EEUU está ahora mismo incorporando países, sin ser miembros de pleno derecho, como Colombia, y parece ser que se está en conversaciones para incorporar a Brasil. Es un instrumento geopolítico planetario de primera magnitud al que, evidentemente EEUU no va a renunciar. Otra cosa es que Trump, como hombre de negocios que es, pida que cumplamos con el dinero al que nos hemos comprometido, el 2% del PIB.

M.O.: Nos gustaría charlar de tantas cosas contigo..., pero hay un continente que, leyendo tus libros, se me antoja clave, pero que desconocemos e ignoramos, a pesar de que está justo ahí abajo, África.
P.B.:
Efectivamente, en África se está librando una gran batalla geopolítica. Es conocido que China ha entrado con mucha fuerza, no tanto como que Rusia también lo está haciendo, de hecho parte de lo que EEUU está haciendo allí es rivalizar, limitar más bien, la expansión de estos dos países en el continente, se están camuflado operaciones como lucha contra el yihadismo cuyo calado real es el control de los recursos. Francia defiende sus intereses en las zonas francófonas, que los tiene y son muy importantes, empezando por la obtención de minerales estratégicos, como el Uranio; EEUU ha encontrado en Marruecos un gran aliado, en marzo van a realizar maniobras conjuntas con el USAFRICOM, cuyo mando está curiosamente en Alemania, ya que todos los países africanos declinaron ser sede de este mando por temor a atentados. Lo que está en juego en África son los recursos, de todo orden. Hay minerales que se encuentran principalmente allí, como el coltán o el cobalto, y cuenta también con prácticamente todos los minerales estratégicos. En muchos casos se aprovechan de estados débiles, de estados corruptos, donde hay una élite que domina todo el país. No entendemos que los movimientos terroristas que surgen allí, como es el caso de Boko Haram, guardan relación con las condiciones sociales, de profunda desigualdad, de un país. En Nigeria, el 90% de su población vive muy por debajo de las condiciones de pobreza extrema, situaciones en las que es muy sencillo que calen ideologías de este tipo, como el yihadismo. Es verdad que hay otros países que están saliendo mejor adelante. Se necesitan líderes comprometidos con los destinos de su población y a su vez un mundo que dejara a esos líderes preocuparse por su población.

M.O.: Una población que sale de su país, y que está planteando crisis migratorias, tengo la impresión de que planteamos con mucha más fuerza el derecho de esas personas a moverse que su derecho a quedarse para construir su país.
P.B.:
Sin duda. Tienen el derecho a quedarse en su país, eso es lo primero, nadie quiere ser emigrante. Si emigran es por pura necesidad, ahora se suma la migración climática, un fenómeno que irá en aumento, a medida que escasee el agua, que se desertifique la tierra. Hay personas que para sobrevivir estarán obligadas a emigrar. La presión demográfica está en constante aumento en África, hay países cuya media de hijos por mujer supera los 7, eso es doblar la población cada 20 años, se han producido avances sanitarios que han disminuido la mortalidad infantil, pero en países que tienen una renta per cápita 40 veces inferior a la nuestra, ¿a dónde va a querer ir la gente? Hay que dejar al margen la ideología y la política, hay que pensar en esos seres humanos que no hacen ni más ni menos que lo que haría cualquiera de nosotros, pero hay que buscar soluciones que beneficien tanto al que viene como al que ya está aquí. Porque si no vienen problemas muy graves, sociales, políticos y económicos.

M.O.: No hay solución fácil, pero es un lugar fácil para la demagogia, ¿no crees?
P.B.:
Hay que hacer un planeamiento serio, estratégico, a largo plazo, una profunda reflexión, saber exactamente qué es lo que puede absorber una sociedad. Si acoges a alguien en tu casa no le pones a dormir en el suelo ni darle las sobras para comer, tú le dejas la misma cama en la que duerme el resto de tu familia y come con tu familia, eso es acoger. Podríamos ser mañana nosotros, lo fuimos ayer y podemos volver a serlo. Pero eso también tiene sus límites, no puedes acoger a un número ilimitado de personas. Se han gastado cantidades ingentes de dinero en gobiernos corruptos, dinero que no ha llegado al pueblo. Nosotros, a pesar de todo, somos unos privilegiados. Hay que hacerlo de una manera racional, y pensar en el bienestar de las personas que quieren venir y en el de las que ya están aquí.

Publicado en el Nº 332 de la edición impresa de Mundo Obrero febrero 2020

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