Desde el feminismo añadimos una nueva dimensión en el entendimiento de la economía, la democracia y la justiciaLos retos del movimiento feminista El relato de las olas del feminismo invisibiliza muchas veces la historia del feminismo socialista y de las miradas antirracistas, antiimperialistas y del Sur Global que también han sido rojas.

Nora García Nieves. Área de la Mujer de Izquierda Unida Madrid 03/03/2020

Para reflexionar sobre los retos del movimiento feminista debemos primero aclarar desde dónde miramos el mundo, con un doble objetivo: Seguir construyendo la unidad popular desde el feminismo y construir hegemonía dentro, y no caer en las trampas que nos colocan encima de la mesa.

Nuestra mirada debe partir de una premisa que puede parecer obvia pero no lo es: Los retos del movimiento feminista son los retos que tenemos como sociedad. No es que los retos del feminismo sean unos, los del ecologismo otros y los del socialismo otros, y entonces debatamos cuál hacemos primero o cuál es más importante. Son diferentes miradas críticas que se complementan y se necesitan. O dicho de otra forma, si no defendemos este entendimiento del mundo, no vamos a poder transformarlo. La lucha por la emancipación no se hace desde unas cajitas separadas. Debemos asumir que nadie tiene todas las respuestas y que sólo a través de esa mirada global podemos diseñar la estrategia necesaria para que estemos todas y todos desde nuestras diferentes realidades, en la construcción de un horizonte nuevo.

Como primer paso, debemos reconocer que el neoliberalismo está instaurado en nuestras mentes y así poder luchar contra esa fragmentación y los relatos sesgados. Nuestra mirada debe cuestionar, por tanto, esos marcos para poder crear alternativas.

Incluso como se explica muchas veces, la historia del feminismo condiciona nuestra mirada. El relato de las olas del feminismo invisibiliza muchas veces la historia del feminismo socialista y de las miradas antirracistas, antiimperialistas y del Sur Global que también han sido rojas. Tal vez hemos leído demasiado a Heidi Hartmann y demasiado poco a Lise Vogel. Saber desde dónde entendemos el feminismo, desde dónde nos articulamos como feministas marxistas, podrá ayudarnos a definir mejor cuáles son nuestros retos y poder diseñar nuestro camino.

Este punto es importante porque las mujeres nos vemos repitiendo reclamos, dando batallas que ya fueron dadas, reivindicando derechos que otras reivindicaron antes. Y cada vez, casi todo parece nuevo, porque mucho ha sido escondido y olvidado. Eso explica la trayectoria de las proclamas del feminismo, que parecen tener que resurgir, como el ave fénix, en cada generación, de las cenizas de lo negado por quienes forjan los pactos de poder.

Para aterrizar esta idea, recordemos, por ejemplo, que en el mismo año que Marx y Engels publican el Manifiesto Comunista, al otro lado del Atlántico, las mujeres de la lucha antiesclavista organizan la Conferencia por los Derechos de la Mujer de Seneca Falls. Pero compañeras como Mott y Stanton no estaban solas, 32 hombres firmaron la “Declaración de Sentimientos”. Entre ellos estaba Frederick Douglass que dijo que si no podían votar las mujeres tampoco quería el voto para los negros. Douglass compartió militancia con Sojourner Truth, mujer negra, abolicionista y activista por los derechos de las mujeres, que unos años después, dio su famoso discurso “Ain´t I a woman”. Como pone de manifiesto la historiadora Nell Irvin Painter, "en una época en la que la mayoría de los estadounidenses consideraban a los esclavos como hombres y a las mujeres como blancos, Truth encarnaba un hecho que todavía merece ser repetido: entre los negros hay mujeres; entre las mujeres, hay negros".

Y entre las mujeres negras, también hay comunistas. Como Claudia Jones, caribeña, dirigente comunista en EE.UU., feminista, escritora y periodista que fue encarcelada, deportada y que continuó su militancia en las comunidades afrocaribeñas de Inglaterra. Jones, descrita por sus camaradas como más radical que Marx porque ampliaba el análisis de la explotación capitalista, ya nos hablaba de la triple opresión en el texto de 1949 "¡Acabemos con la omisión de los problemas de la mujer negra!". Es decir, ya adelantaba lo que Angela Davis, publicaba en Raza, Clase y Género en 1981. Además, Jones reivindicaba que ellas estaban en el centro de la explotación pero estaban invisibilizadas en la lucha, impulsó programas de formación laboral para sus compañeras, reclamando para ellas también “igual trabajo, igual salario”, luchó para que se regularan los precios de los alimentos y que se destinaran fondos para programas de cuidado infantil.

Esta pequeña muestra de miradas amplias que influyeron en ambos lados del Atlántico demuestra que cualquier revolución está hecha de tejidos. De los hilos rojos, morados y verdes. Y que nuestra participación en la transformación de la realidad tiene que enfocarse en la praxis.

Esta reflexión nos debe ayudar para situarnos en el ahora. Vivimos un momento de ciclos del capital cada vez más cortos y acelerados, de trampas que nos dividen y de polarización entre ricos y pobres, mientras estamos atomizadas en el ahora perpetuo. Nos encontramos en un cruce de caminos para la humanidad y el planeta. Pero nosotras vemos que la historia es un zig zag y no una línea recta, y de nuevo, nos quieren llevar al pasado. Por lo que es fundamental centrarnos en cómo organizar el camino de la lucha, porque ahí es donde están las respuestas. Cómo deben de ser esos cuadros políticos para ser el pegamento y la chispa de las transformaciones que necesitamos. Quiénes están en el centro de la explotación capitalista (los pueblos originarios, las migrantes, las mujeres, el colectivo LGTBI...) y que estén, por tanto, en el centro de nuestra estrategia.

Para ello debemos conectar ciertos conceptos con luchas que reabren lo que entendemos como posible, para crear una posibilidad nueva de pensar el futuro. Ese reto de imaginar, es fundamental. Como dice Verónica Gago, “el deseo tiene potencial cognitivo”: cómo nos implicamos en ciertos procesos desarrolla un método de implicación que nos hace pensar ciertas cosas que si no, no las podríamos pensar. Eso significa que para definir el camino además de organizar la lucha, debemos cuidar el proceso. Un proceso que se adentre en las grietas del sistema con la capacidad de imaginar, reflexionar y poner en práctica. Y las mujeres, en estos últimos años hemos vuelto a ser ejemplo de potencial revolucionario.

Nuestra mirada feminista apunta de lleno a ese enemigo común, por eso estamos viviendo esta reacción patriarcal. Porque desde el feminismo añadimos una nueva dimensión en el entendimiento de la economía, la democracia y la justicia, y eso cuestiona el poder. Ante esta amenaza, unos nos intentan institucionalizar, otros intentan neutralizar nuestro discurso para que sea absorbido por el capitalismo y otros nos quieren destruir con odio y violencia. Mientras, se oyen voces que preguntan si el feminismo es una moda. Ante esto, nosotras decimos, ¿no estaremos construyendo hegemonía? Lo que está claro es que en el sentido común de una sociedad nunca hay un vacío. Si no lo llenamos nosotras, lo harán otros. Y esta contraofensiva neoliberal vuelve a ponerlo en disputa.

Las situaciones a las que nos enfrentamos están en constante movimiento, y nosotras no podemos perder de vista ni al enemigo ni la importancia del proceso. ¿Qué hace avanzar al feminismo? ¿Qué podemos decir todas juntas? Esas deberían ser nuestras preguntas. Esto no significa bajar los brazos con algunos de nuestros planteamientos ideológicos. Significa articular una estrategia propia para ganar posiciones a la vez que impulsamos la unidad popular. Debemos reconocer la situación que vivimos y formar cuadros políticos que a través de la pedagogía y el diálogo nos hagan ser más. No basta tener la razón para transformar la realidad. Al igual que el mensaje que reverbera en el planeta diciendo “El Violador eres Tú” demuestra que el internacionalismo más que una idea, es una práctica política, el feminismo también debe serlo.

Publicado en el Nº 331 de la edición impresa de Mundo Obrero dic

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